Libros de las Jornadas de Seguridad, Defensa y Cooperación

 

V Jornadas: Repercusión de la crisis económica mundial en el Mediterráneo

Estrategia Española de Seguridad y su incidencia en el área mediterránea

Incidencia de la situación del Sahel en el Mediterráneo

Un nueva conciencia de Defensa: Seguridad económica, diplomática, cultural y militar

España y la Seguridad Compartida para el Mediterráneo (Análisis jurídico y conceptual)

España y la Seguridad Compartida para el Mediterráneo

Málaga y Cervantes: La espada y la pluma. Tomo I. Ciclo de conferencias y edición de publicaciones

Málaga y Cervantes: La espada y la pluma. Tomo II. La OTAN ante el terrorismo

Málaga y Cervantes: La espada y la pluma. Tomo III. El fenómeno terrorista y su incidencia en el Mediterráneo (similitudes entre dos épocas históricas)

Málaga y Cervantes: La espada y la pluma. Tomo IV. Fondos documentales y Exposición itinerante

Actas de las XI Jornadas de Seguridad, Defensa y Cooperación. “El nuevo orden mundial”

 

 

 

Revista Ejército, nº. 931 de noviembre de 2018

DOCUMENTO: El Servicio de Psicología del Ejército de Tierra

  • “Posverdad. La nueva estrategia bélica” del Tcol. López Jiménez.
  • “Los intereses de Rusia: los conflictos de Osetia y Abjasia” del Sr. Peña Ramos.
  • Mission Command. Una necesidad adaptada a su tiempo” del Tcol. Cuesta Vallina.
  • “Iskander” del Cap. Manrique Montojo.
  • “Año 718, nacimiento del Reino de Asturias y de la epopeya española” del Cor. Suevos Barrero.
  • “147 años de historia del Centro Cultural de los Ejércitos” del Cor. Aneiros Gallardo.
  • “Tratado de Versalles, la paz que no supo evitar la II Guerra Mundial” del Sr. Yuste Arija.
  • “Guinea Ecuatorial, año 1969. Un final inesperado” del Cor. Quijano Junquera y el Sr. Sevillano Queipo de Llano.

“50 años del reglamento del Servicio de Investigación Operativa” del Tcol. Bargueño Díaz-Villarejo

Revista Ejército número 931 de noviembre de 2018

Decadencia. Vida y Muerte de Occidente, por Michel Onfray

Ética para un Occidente ‘poscristiano’, reseña del libro por LUIS ESTEBAN GONZÁLEZ MANRIQUE

  • Autor: Michel Onfray
  • Editorial: Paidós
  • Fecha: 2018
  • Páginas: 492 págs.
  • Ciudad: Barcelona

“La verdad es norma de sí misma y de lo falso, al modo como la luz se revela a sí misma y revela las tinieblas”.

Baruj Spinoza, Ética (1677)

Durante casi 600 años los frailes dominicos de Florencia habían habitado el convento de San Marcos, uno de los centros espirituales y culturales de la ciudad de Leonardo y los Medici, célebre por sus frescos de Fra Angelico y porque allí fue detenido Girolamo Savonarola el 9 de abril de 1498 para ser ejecutado pocos días después.

En septiembre, el superior de la orden en Italia cerró sus puertas. En el convento solo quedaban cuatro frailes ancianos. La orden fundada por Domingo de Guzmán en Toulouse en 1216, durante la cruzada albigense, es la última víctima de la sequía de vocaciones clericales en el catolicismo.

El crepúsculo de la Iglesia

Aunque a escala global la población católica ha duplicado su tamaño desde 1970, el número de clérigos es el mismo de entonces, según datos del Vaticano. Cuando Juan Pablo II visitó Irlanda en 1979, casi un millón de personas, la tercera parte de la población, asistió a la misa papal en el Phoenix Park de Dublín. En esos años el 90% de los irlandeses era practicante. El divorcio y los anticonceptivos estaban prohibidos y las leyes civiles consideraban la homosexualidad como un delito. La doctrina de la Iglesia era de enseñanza obligatoria en las escuelas públicas.

Este verano, pocos meses después de que un referéndum aprobara el aborto, el papa Francisco solo congregó en ese mismo parque a la décima parte de fieles. En 2015, Irlanda fue el primer país del mundo en aprobar el matrimonio homosexual en una consulta popular, lo que permitió al actual primer ministro, Leo Varadkar, casarse con su novio de toda la vida.

En su discurso de bienvenida al Papa, Varadkar denunció los “crímenes [pedofilia] de miembros del clero protegidos por la Iglesia a expensas de víctimas inocentes”. Francisco le escuchó contrito y pidió perdón.

En Polonia, la película más vista este año ha sido Kler (nombre despectivo de curas y monjas), la historia de tres sacerdotes y un obispo que se emborrachan, roban fondos de sus diócesis y encubren a pederastas, de los que ellos mismos fueron víctimas cuando niños en orfanatos católicos.

Durante la guerra fría, la Iglesia polaca fue la guardiana de valores –nacionales, culturales, morales…– alternativos al del régimen comunista. Hoy el apoyo de la jerarquía episcopal es vital para el gobierno ultraconservador que lidera desde las sombras Jaroslaw Kaczynski, que ha recompensado generosamente a los obispos por su respaldo político.

En España, la exhumación, aprobada por el Congreso, de los restos del dictador Francisco Franco del Valle de los Caídos y su probable traslado a la cripta de la catedral madrileña de la Almudena, ha resucitado los fantasmas del pasado cesaropapista del antiguo régimen. En abril de 1939, Pío XII proclamó urbi et orbi  que España había dado a “los prosélitos del ateísmo la prueba más excelente de que por encima de todo están los valores eternos de la religión”. El nacionalcatolicismo franquista concedió a la Iglesia inmunidad legal, exenciones fiscales y tranquilidad, pero en lugar de restaurar la “cristiandad”, el clericalismo del régimen agravó la “apostasía de las masas”.

Cuando Jacques Maritain, el filósofo católico cuya obra inspiró al concilio Vaticano II, advirtió a los clérigos filofascistas que su sola existencia contradecía las enseñanzas evangélicas, era ya demasiado tarde. Hoy en España la práctica religiosa es tan baja como en los demás países europeos.

No es casual. Hasta 1962 rigieron los dogmas del Concilio Vaticano I de 1870 que condenó el materialismo, el darwinismo, el ateísmo, el protestantismo, el panteísmo, el deísmo, el racionalismo, el comunismo, el laicismo y la masonería, es decir, todos los “ismos” asociados con la modernidad.

 La deserción de la grey

La deserción de la grey católica se debe en gran parte a los escándalos de pedofilia atribuidos a miembros del clero. El Decamerón de Giovanni Bocaccio, una de las obras cumbre del Medioevo, ya hablaba de la doble moral sexual católica. Según el historiador Michael Mullet, Lutero acusó a León X, el papa Medici que enfrentó la Reforma protestante, de vetar la restricción del número de efebos que los cardenales tenían para sus placeres eróticos.

En 1761, Denis Diderot escribió La Religieuse, una novela basada libremente en la vida de su hermana Angelique, que fue forzada a entrar en un convento. El encierro la sumió en la angustia y la desesperación. Con apariencias de una novela erótica, era en realidad una obra moralista y una denuncia de la inútil virtud del celibato, de las pasiones reprimidas por el dogma católico y de la dureza de la vida femenina en sociedades patriarcales y misóginas.

Pero la creciente irreligiosidad en Occidente no solo es cosa del mundo católico. Aunque en EEUU el 70% dice creer en Dios, un reciente estudio del Barna Group, que investiga el papel de la religión en la vida pública, mostró que el 75% de los creyentes o practicantes ha dejado de mantener conversaciones de naturaleza espiritual o religiosa.

Una búsqueda del corpus digital del Google Ngram –que recoge textos de millones de libros, diarios, paginas webs y discursos publicados entre 1500 y 2008–, muestra, por la frecuencia del uso de ciertos términos, que el empleo de palabras religiosas vienen cayendo de modo sostenido en el mundo anglosajón desde principios del siglo XX. No es extraño. A la mayoría de la gente le disgusta lo mucho que esas palabras han perdido sentido por el uso y el abuso.

El trono y el altar

En la Edad Media Tomás de Aquino sostuvo que la Iglesia era el sol y la Corona la luna. Así, el poder temporal refleja la luz del poder espiritual, fuente de toda energía política. El problema es que el control estatal de las estructuras eclesiásticas conduce a la teocracia, inviable en las sociedades occidentales.

Según Ralph Burhoe, director del Zygon Journal of Science and Religion, la ciencia moderna ha hecho insostenibles los antiguos mitos religiosos, que solo se podrían regenerar en términos modernos creíbles.

Este cambio ontológico en la weltanschaung occidental es el asunto medular de Decadencia: Vida y muerte de Occidente, el segundo tomo de la trilogía Breve enciclopedia del mundo en la que Michel Onfray explica su filosofía de la historia tras exponer en Cosmos su filosofía de la naturaleza. En la tercera entrega, Sabiduría, formulará una filosofía práctica.

Onfray parte de una idea categórica: la potencia de una civilización se mide por la potencia de la religión que la legitima. Cuando una religión está en fase ascendente, la civilización participa de su apogeo, pero cuando decae, la acompaña en su ocaso. Y cuando la muere, fallece con ella. Así como generó ruinas, la Iglesia ha terminado siendo una de ellas, como Stonehenge, Carnac o Palmira.

Una secta exitosa

Según Onfray, una religión es solo una secta que ha tenido éxito. Y según él las ideas de la secta mesiánica judía fundada a partir de las enseñanzas y la vida de un Rab (maestro de la ley) galileo en la época de la dinastía Julio-Claudia y del segundo Templo judío son hoy insostenibles.

Reconvertida en una religión de Estado por Constantino, el cristianismo hizo de los textos bíblicos la fuente insuperable de toda ontología, ciencia, filosofía, historia, política , astronomía, geología y moral. El problema para Onfray es que todo esa estructura ideológica se construyó sobre la vida de un hombre, que cree que ni siquiera existió, hecha de alegorías, fábulas y mitos reciclados de ficciones místicas y milenaristas orientales, ritos paganos e ideas gnósticas y neoplatónicas.

Esculpido por siglos de teología escolástica, el ascetismo cristiano invita a vivir sin todo lo que hace corporal la vida humana porque está basado en el culto de un cuerpo incorpóreo. En el siglo IX, Juan Escoto Erígena sostuvo que en la resurrección el sexo sería abolido porque la naturaleza humana se reunificaría –en forma masculina– como si nunca hubiera pecado. Según su interpretación del Génesis, Adán era la verdadera imagen de Dios y Eva solo una pálida imitación y la culpable de que el hombre perdiera la inmortalidad y su dominio sobre la naturaleza: la caída.

El Jesús histórico

Las investigaciones del llamado “Jesús histórico” solo han conducido a un puñado de certezas. Alrededor del año 5, nació un niño judío en la aldea galilea de Nazareth, que se encontraba a escasa distancia de Seforis, una próspera villa romana de lengua griega de unos 40.000 habitantes que contaba con una acrópolis, un banco y una actividad comercial importante con toda la ecúmene mediterránea.

En las enseñanzas de Jesús se encuentran rasgos de las principales corrientes de pensamiento judío de la época, sobre todo esenias y de la escuela farisea del Rab Hillel. Era un tsadik, un justo, que no predicaba guerras ni conquistas sino arrepentimiento y buenas obras.

En una época en la que se ungían mesías con insistente regularidad, los saduceos (sacerdotes del Templo) y los fariseos, antecesores de los rabinos, le consideraron un transgresor de la halajá (la ley judía), por lo que terminaron denunciándolo ante las autoridades romanas. Para un brutal pretor de Judea como Pilatos, cualquier judío que se considerara mesías o rey era un traidor del imperio, un crimen para el que la Lex juliana solo conocía un castigo: la muerte.

Según Joseph Klausner (Valkininkai, Lituania 1874-Jerusalén, 1958), director de la Encyclopedia Hebraicay tío abuelo del escritor israelí Amos Oz, Jesús murió como un judío devoto, lo que descarta que se considerara de naturaleza divina.

En su libro Jesús de Nazaret (1946), el primer ensayo importante escrito por un erudito judío moderno sobre su figura, Klausner sostiene que todo lo demás son leyendas provenientes de siglos posteriores, cuando gran cantidad de gentiles habían abrazado un cristianismo ya helenizado.

Pablo de Tarso vio con claridad que el futuro de la nueva religión dependía de ellos y no de los judíos, que permanecieron inmutables en su incredulidad. A medida que pasó el tiempo, su imagen espiritual fue cada vez más y más exaltada hasta que, finalmente, alcanzó la medida de lo divino.

El Sol Invictus

En su libro Constantine the emperor (2013), David Potter escribe que en una carta al obispo de Arles, el sucesor de Diocleciano le aseguró que el Sol Invictus, del que él era sumo sacerdote, era también el dios de los cristianos y el dios de la creación y también el de las batallas y del Estado.

Según Onfray, Constantino fue un pagano hasta que comprendió que convertirse en cristiano tenía un interés político: con ello terminaban las persecuciones de los cristianos, que podrían convertirse en ciudadanos plenos. Para un político práctico como él, las divisiones eclesiales por especulaciones metafísicas eran absurdas, por lo que impuso al concilio de Nicea su propia versión del nuevo credo ortodoxo, redactado probablemente por Hermógenes, un monje capadocio. Ese texto contiene las palabras más conocidas atribuidas a un emperador romano: el credo niceno.

Hasta entonces, los obispos no habían creído necesario un credo universal, pero sí lo era para un administrador imperial que conocía la utilidad de un código normativo y de una teología política que sostenía que “todo poder viene de Dios”. El Derecho es en ese sentido lo que está en conformidad con la voluntad divina. Y puesto que Dios y el rey son el padre y sus súbditos son sus hijos, toda rebelión o repudio de la sujeción es inaceptable.

Según Potter, el credo niceno no emergió de un proceso de debates teológicos sino de una decisión legislativa y política del emperador. Onfray sostiene que el cristianismo es por ello una transfiguración del antiguo culto romano al Sol Invictus tras su asimilación de creencias, símbolos y rituales semíticos , lo que creó una religión híbrida a la que Roma imprimió organización racional y grandeur imperial.

Constantino regaló a los obispos de Roma el palacio Laterano, que pertenecía a su mujer, como residencia, y construyó basílicas imperiales lujosamente ornamentadas con mosaicos y objetos litúrgicos de oro.  Fiestas paganas que celebraban solsticios y equinoccios y el movimiento de los planetas por el cielo, se convirtieron en la Navidad, la epifanía, la pascua, la resurrección… El domingo, dies solis, se transformó en el dies Domine por orden de Constantino el 3 de julio de 321.

En la teología patrística Cristo mismo es el sol: Sol justiciae. Los obispos de Roma se proclamaron Pontifex maximus, uno de los títulos de los emperadores. La loba fue devorada por el cordero.

En Sacred trust: the medieval church as an economic firm, Robert Tollison y Robert Ekelun sostienen que hacia el siglo XV la Iglesia controlaba el 40% de las tierras agrícolas más ricas de Europa.

Al final, el abuso de sus poderes hizo perder a Roma Europa del norte, que al desembarazarse de la teocracia papista hizo de la política un asunto sujeto a reglas de juego terrenales.

Epicureismo trascendental

Para Onfray, la alternativa a la superstición no es la religión new age, el ecologismo neopagano y panteísta o las espiritualidades neochamánicas, sino el regreso de Occidente a sus raíces estoicas. Como Diderot y D’Holbach antes que él, Onfray reivindica al poeta epicúreo Lucrecio (Titus Lucretius Carus, que vivió en Italia en la primera mitad del siglo I), que formuló una cosmología materialista y una ética sin supuestos sobrenaturales que aspira a la ataraxia y la serenidad como ideales de vida.

En su poema Rerum natura, Lucrecio elogió a Epicuro por liberar a los hombres de las cadenas de la religión. El epicureísmo trascendental de Onfray consiste, por ello, en una ética puramente utilitaria. “No era, fui, no soy, no tiene importancia”, rezaba un epitafio estoico: Nil igitur mors est ad nos, concluía Lucrecio.

Si esa ética será suficiente para insuflar nueva vida espiritual y un sistema moral coherente a la exhausta civilización de Occidente ante un islam en plena forma demográfica y unos europeos entregados al individualismo consumista, Onfray lo deja en el aire: “La nada es un destino cierto”, concluye.

Política Exterior. Libro de la semana

LIDERAZGO ESTRATÉGICO. UNA APROXIMACIÓN INTERDISCIPLINAR

Ministerio de Defensa. Servicio de Publicaciones. Liderazgo Estratégico

PRÓLOGO

Luis Alejandre Sintes

No es fácil presentar un trabajo, realmente interdisciplinar, que recoja reflexiones, pensamientos, análisis críticos e incluso actitudes, de un grupo de profesores universitarios, historiadores, sociólogos y militares procedentes de diferentes centros españoles y europeos, que han llegado a formar una rica malla de pensamiento crítico en la que no faltan junto a apoyos y felicitaciones, cariñosas discusiones que hacen buena la máxima aristotélica: «el ignorante afirma; el sabio duda y reflexiona». El profesor Agustín Guimerá que no solo ha sido el coordinador de la obra, sino su «líder espiritual», define al grupo como «Brigada Ligera siempre dispues-ta a desenvainar la palabra». Y en palabras dichas y escritas se basa este ensayo, trabajo verdadera-mente de equipo. Equipo, que una vez comprometido e ilusionado en lo que se presen-taba como fascinante proyecto común, se concentró en el castillo de Klingenthal, en plena Alsacia, bajo los auspicios de la Fundación Johann Wolfgang Goethe de la mano de una persona entrañable como es Marie Paule Stinzi, que ya nos había acogido en encuentros anteriores. Aquel encierro espiritual en un ambiente relajado y cálido-exteriormente, nieve navideña fuera, invitaba a la aproximación de ideas, al respeto de otras opiniones, a poder hablar del liderazgo de Nelson o de Napoleón sin los condicionantes de algunos enraizados sentimientos históricos nacionales. Al empuje de un «núcleo duro» procedente del Instituto Español de Estu-dios Estratégicos (IEEE) —Federico Aznar, Andrés González Martín, Jesús Martínez Paricio— se han unido en el trabajo excepcionales expertos en historia naval —Agustín Rodríguez, Andrew Lambert, Jonathan Gosling, Stephanie Jones, Carlos Alfaro— e historiadores como Adolfo Morales o Rafael Gónzalez Fernández, que desarrollan además incursiones en personas y casos concretos como los citados Nelson y Napoleón, más los particulares liderazgos del general Rojo, el almirante Ferrándiz o el es­tadista Canalejas, con una reflexión muy interesante de Vianney Martin sobre el liderazgo de nuestro actual Rey, Felipe VI.

Por supuesto, junto al carácter carismático del líder y del momento his­tórico en que se desenvuelve, aparecen los costes humanos —físicos y morales— que muchas veces conlleva el liderazgo como fue el caso de Mandela, que refiere acertadamente como ejemplo el profesor Guimerá en la presentación de este ensayo, o los particulares de Canalejas o el propio almirante Ferrándiz.

Si el liderazgo constituye un verdadero test de creatividad, el liderazgo estratégico se extiende en el espacio y en el tiempo a toda nuestra vida. Hemos pagado faltas anteriores y estaremos condenados a repetirlas si no definimos claro el rumbo de nuestra historia. Ya nos lo enseñó el clási­co: «no hay viento favorable para quien no conoce exactamente el rumbo de su destino». Federico Aznar define acertadamente al líder como «con­ductor y profeta» al mismo tiempo. Tiempo que Napoleón comparaba y priorizaba respecto al espacio, al definir la estrategia: «puedo ser más indulgente con el espacio porque puede recuperarse; con el tiempo per­dido, no».

Bismark también nos diría que el buen estratega es aquel «capaz de pe­gar la oreja a la hierba, para advertir a tiempo el sentido del galope de los caballos de la Historia»; lo que en lenguaje más de la Segunda Guerra Mundial Liddel Hart definiría como «el saber ver al otro lado de la colina».

Con este objetivo y estas intenciones, sigue este «buen trabajo de un buen equipo», al que felicito sinceramente.

Mahón abril 2018.

 

 

INTRODUCCIÓN Agustín Guimerá Ravina [i]

Nelson Mandela tuvo momentos estelares como líder estratégico a lo lar-go de su vida política, pero hay uno que destaca sobremanera. En 1985, cuando ya habían trascurrido veintidós años de su reclusión, el Gobierno sudafricano, sometido a una fuerte presión internacional, inició un acerca-miento a Mandela, considerado como una figura clave de la resistencia al apartheid. Lo trasladó a una celda separada de sus cuatro compañeros, y el ministro de Justicia le manifestó su deseo de entablar conversaciones. Tras décadas de opresión, el conflicto en Sudáfrica estaba tomando un nuevo cariz, coincidiendo con el final de la Guerra Fría. Las sanciones internacionales al gobierno de la minoría blanca estaban haciendo mella en el país, que sufría una gran inestabilidad política. La lucha armada del Congreso Nacional Africano (CNA) y la violencia esgrimida por el otro bando presidían el panorama. Como directivo del partido, Mandela siempre había tenido clara la estra-tegia a seguir: la conquista del poder por la mayoría negra sudafricana. El camino jurídico-político era innegociable: la supresión del apartheid, la legalización de los partidos y la puesta en marcha de un foro de discu-sión múltiple. A corto plazo, este foro debía conseguir la formación de un Gobierno interino, la aprobación de un borrador constitucional y la celebración de unas elecciones libres y democráticas, para nombrar los representantes de una asamblea nacional. Durante su largo encarcelamiento Mandela había reflexionado mucho so-bre los medios para lograr estos objetivos estratégicos. El joven luchador por la libertad se había transformado en un maduro estadista. Era obvio que la lucha armada no iba a traer la victoria final. En 1985 la actitud de Mandela, ante la inaudita disposición del gobierno de Botha a iniciar con­versaciones privadas, fue de este modo visionaria:

«Había llegado a la conclusión de que aquel era el momento en que la lucha podía avanzar a través de las negociaciones… Mi situación de aislamiento me daba la libertad precisa para hacerlo y me garanti­zaba, al menos durante un tiempo, la confidencialidad de mis esfuer­zos… Decidí no contarle a nadie lo que estaba a punto de hacer… Hay momentos en los que un líder debe adelantarse a su rebaño, lanzarse en una nueva dirección, confiado en que está guiando a su pueblo en el camino correcto2».[ii]

Aquello constituía una apuesta arriesgada, pues podría ser acusado de traidor por sus compañeros de partido. Pero el líder estaba convencido de que aquel paso podría ser una salida al conflicto en Sudáfrica. El mun­do había cambiado. Sin perjuicio de continuar la lucha armada, la movili­zación de masas y las sanciones internacionales, había llegado la hora de conversar con el enemigo y desbloquear la situación. Así, durante más de un año, estuvo negociando con el Gobierno sudafricano sobre los medios que se requerían para alcanzar la normalización política del país. Tenía como meta preferente una futura reunión entre el Comité Ejecutivo de su partido y el Gobierno. En 1987 consideró la negociación suficiente madura para informar a sus cuatro compañeros de prisión y al presidente del partido en exilio, Oliver Tambo, con el fin de obtener su aprobación, antes de seguir adelante. Una vez obtenido el permiso —con reticen­cias—, sus conversaciones privadas con el Gobierno continuaron, alternando momentos de frustración y esperanza, en medio de un ambiente político dominado por la violencia.

El resto es historia bien conocida. En octubre de 1989 fueron liberados ocho dirigentes del partido, los compañeros de prisión de Mandela durante más de dos décadas. Ahora podrían hablar al mundo en nombre del CNA. En febrero de 1990, el nuevo presidente Klerk dio un paso decisivo, con la legalización del partido y otras organizaciones políticas. Esta actuación iba acompañada de diversas medidas gubernamentales para desmantelar el sistema del apartheid y la instauración de la democracia en Sudáfrica. «Nuestro mundo había cambiado de la noche a la mañana» [iii]. Pocos días más tarde, concretamente el 11 de febrero, Mandela alcanzó la libertad, tras veintisiete años de cárcel. Las difíciles conversaciones secretas que, en nombre del partido, había llevado a cabo con el Gobierno habían dado fi­nalmente sus frutos. La negociación había sido una victoria a fin de cuentas:

«Para firmar la paz con un enemigo es necesario trabajar con él. A par­tir de ese momento, el enemigo de ayer se convierte en compañero» [iv].

Al mes siguiente dio comienzo una ronda de conversaciones entre el par­tido de Mandela y el Gobierno. Tras su elección como presidente del CNA en 1991 y la obtención del Premio Nobel de la Paz junto con el presidente Klerk en 1993, Mandela obtuvo la presidencia de Sudáfrica en abril de 1994, tras su gran victoria en las primeras elecciones libres y democráticas de su país. A lo largo de su mandato Mandela llevó a cabo grandes esfuerzos para alcanzar la reconciliación nacional, olvidar el pasa­do, cicatrizar las viejas heridas y construir una nueva Sudáfrica, en donde los negros, los mestizos y los blancos pudiesen convivir en paz, bajo los colores del arcoíris de una sola bandera.

El liderazgo estratégico de Mandela tiene así una relación íntima con este libro. Siguiendo a Ortega y Gasset, se habían salvado él y su circunstancia de forma recíproca.

El origen de esta obra se remonta al año 2016, cuando un grupo de histo­riadores, sociólogos y expertos militares decidimos aunar esfuerzos para explorar un territorio ignoto en el mundo académico español: el lideraz­go estratégico en nuestro país. Disponíamos de una multitud ingente de libros sobre liderazgo y estrategia actuales en Occidente. Contábamos también con algunas aproximaciones históricas a la estrategia española, así como con destacadas biografías de ilustres políticos y militares de nuestro pasado. Pero nos parecía que no se había intentado integrar am­bos conceptos —liderazgo y estrategia— en un solo discurso científico, desde una perspectiva de larga duración, interdisciplinar e internacional.

Nos interesaba, por un lado, señalar los principales rasgos de un fecun­do pensamiento estratégico hispano y sus líderes, remontándonos al reinado de los Reyes Católicos, momento en que se inició la construcción del Estado moderno en España, del cual somos herederos. Por otro, de­seábamos indagar en el momento actual que vive Occidente, donde el líder estratégico parece diluirse en grandes instituciones supranaciona­les, en complejas estructuras burocratizadas, un liderazgo sin líderes, el gobierno de nadie en unas sociedades democráticas. Incluso hay autores que defienden la inexistencia de tal liderazgo estratégico. Pretendíamos, pues, contribuir con nuestras reflexiones al mejor entendimiento de los retos y las oportunidades del mismo en nuestro entorno actual.

Para alcanzar estos objetivos, debíamos también asomarnos al mundo, tratando de comparar el caso hispano con lo sucedido, al menos, en otros países europeos y norteamericanos, donde ya existen abundantes traba­jos de reflexión. Debíamos iniciar un diálogo con expertos internacionales sobre esta materia5.

Nuestra andadura de estos dos años nos ha permitido avanzar en la bús­queda de un marco conceptual donde la diversidad disciplinar no estuvie­se reñida con un acuerdo sobre los principales rasgos que puedan definir a un líder estratégico en España, desde el siglo xv al siglo xxi, un mínimo consenso entre nuestras visiones particulares. Hemos ampliado además el número de colaboradores en los campos de la historia, la defensa y se­guridad, junto con la empresa privada. Finalmente, hemos podido contar con expertos internacionales del tema.

El libro que tiene el lector en sus manos es el primer resultado de esta in­dagación. Constituye las actas del seminario internacional «The evolution of European strategy and its readers in a long-term, multidisciplinary and international perspective», que tuvo lugar en el Château de Klinghen­thal, Francia, del 30 de noviembre al 1 de diciembre de 2017, bajo los auspicios de la Fondation Johann Wolfgang von Goethe. Se presentaron allí trabajos de expertos españoles, británicos y alemanes sobre aquellas disciplinas.

El volumen se divide en dos grandes apartados: uno está dedicado al liderazgo estratégico en la actualidad; el otro se refiere al estudio de casos históricos, desde Nelson y Napoleón hasta los gobernantes de la Segunda República española. En la primera parte Aznar Fernández-Montesinos y Martínez Paricio nos presentan un amplio marco teórico sobre el tema, desde una perspectiva fundamentalmente militar y sociológi­ca, muy realista y provocadora, donde el liderazgo estratégico se mueve en un entorno occidental muy cambiante, una «sociedad líquida». En la misma línea se inscribe el estudio de González Martín, con referencias a la historia española. Rosenberger nos presenta la dimensión ética del liderazgo estratégico, estudiando la autopercepción de los militares ale­manes después de la Segunda Guerra Mundial, el nuevo concepto de las Fuerzas Armadas en la Alemania de hoy en día.

El análisis histórico ocupa la segunda parte del libro. En estas reflexiones se pueden distinguir algunos indicadores comunes, a las que me referiré a continuación, sin ánimo de exhaustividad. Se refieren al líder, el contex­to, los fines, métodos y resultados.

Los autores estamos satisfechos de traer nuevamente al individuo a nues­tras discusiones académicas. Es evidente que el liderazgo estratégico es una actividad excepcional, desplegada por un personaje excepcional, una personalidad excéntrica en una situación asimismo excepcional. Su actuación constituye todo un «arte», que trasciende a la mayoría social. En consecuencia, los líderes estratégicos no abundan mucho, máxime en una época y un espacio como el mundo occidental del siglo xxi, ca­racterizado por la desaparición del modelo clásico de liderazgo. De vez en cuando surge alguien como Mandela, que es capaz de combinar una visión a largo plazo y la habilidad para lograr resultados en un tiempo razonable. Pero no es un caso frecuente.

El profesor Lambert indaga en los rasgos intangibles de un líder estraté­gico como el almirante Nelson y su impacto en la pintura naval británica, la naturaleza del genio en el contexto de la guerra, el arte de lo «sublime» en el ejercicio del liderazgo. Los profesores Gosling y Jones exploran las tácticas de un líder como Napoleón para alcanzar el poder en la Francia posrevolucionaria y mantenerlo. La crisis de 1898, con la pérdida de las últimas colonias ultramarinas, fue un revulsivo para la sociedad española. Y en aquella coyuntura excepcional de inicios del siglo xx surgen políticos como el primer ministro Canalejas, o marinos como el almirante Ferrán­diz, analizados por González Fernández y Rodríguez González. Ambos lí­deres, dotados de una gran energía y profesionalidad, sentaron las bases de un resurgimiento español en el terreno diplomático, naval y militar, o defendieron hábilmente los intereses nacionales en su política exterior.

Todo ello se relaciona íntimamente con el contexto histórico, el binomio espacio-tiempo. En el caso de Nelson y Bonaparte, la guerra total que sacude a Europa en el periodo de la Revolución francesa y el Imperio napoleónico exige nuevas respuestas a sus líderes estratégicos. Lo mismo sucede en el contexto político y social español tras la derrota de 1898, coincidiendo con una época de gran rivalidad de los imperios europeos que amenazaba las fronteras marítimas hispanas. El escenario nacional e internacional de la Segunda República española es estudiado por Mo­rales Trueba. El periodo convulso de la Europa de entreguerras incidió directamente en aquellos factores —ideológicos, políticos y estratégicos— que condicionaron el liderazgo naval republicano y sus prioridades. Finalmente, Martínez Paricio nos apunta una investigación futura sobre el fracaso del liderazgo estratégico del general Vicente Rojo, en el contexto de la Guerra Civil española y el régimen de Franco.

En cuanto a los fines, a la luz de lo dicho anteriormente se detecta un rasgo común en la doctrina estratégica de aquellos líderes españoles du­rante el primer tercio del siglo xx: la defensa del eje marítimo que unía Baleares, el estrecho de Gibraltar y Canarias, con sus ramificaciones en el norte de África. La finalidad de sus actuaciones era conseguir la estabi­lidad en esta frontera marítimo-terrestre, que estaba siendo sometida a una fuerte presión internacional. Para ello hicieron uso de todos los ins­trumentos al alcance de una pequeña potencia como la española, en un contexto de gran rivalidad entre las naciones europeas. Como es sabido, el liderazgo estratégico constituye un verdadero test de creatividad.

Los métodos empleados son también objeto de análisis en este libro. Llama particularmente la atención el trabajo de Gosling y Jones, que po­nen en relación las tácticas de poder utilizadas por Napoleón y las que se practican hoy en las grandes empresas. La similitud de actitudes del líder que se deduce de esta comparación entre siglos producirá seguramente una cierta incomodidad en el lector. El realismo implacable de Maquiavelo parece flotar en el ambiente. Pero en otros estudios domina la impresión de una gran profesionalidad y fortaleza de espíritu, una apuesta ética, ya se tratase del almirante Ferrándiz —un «cirujano de hierro» de la Marina española—, o del político Canalejas, con su pedagogía parlamentaria.

Estas figuras históricas pagaron el coste de su liderazgo estratégico. Es el caso de Ferrándiz, que fue atacado por sus pares, aquellos jefes navales que se sentían amenazados en sus zonas de confort, a causa de las refor­mas implantadas por aquel. La resistencia tenaz de estos jefes provocó el aislamiento final del marino, que renunció explícitamente a honores y recompensas. El ejemplo de Canalejas es más dramático, pues pagó con su vida los grandes servicios que había rendido a su nación.

El legado de estos líderes estratégicos es patente en el libro, como es la citada defensa y seguridad de aquel eje marítimo que vinculaba mares y archipiélagos, del Mediterráneo al Atlántico. Otro fruto fue la regenera­ción de la Marina española. Obviamente, los europeos debemos mucho al genio naval de Nelson y, sobre todo, a la nueva cultura política inaugu­rada por Napoleón. Pero los resultados de un liderazgo estratégico los estamos viviendo también en la España de hoy. Los penosos aconteci­mientos de Cataluña están sacudiendo a la ciudadanía, pero han tenido desde un principio una respuesta digna por el rey Felipe VI en defensa de la Constitución y el Estatuto de Autonomía, del imperio de la ley y la convivencia necesaria entre los españoles, convencidos europeístas. Es­tos hechos actuales han dado pie a una reflexión de Vianney Martin sobre la utilización de los símbolos nacionales —monarquía, bandera, escudo e himno— en la construcción de una España democrática, un «patriotismo constitucional», una sociedad civil.

Solo resta agradecer al Instituto Español de Estudios Estratégicos, del CESEDEN (Ministerio de Defensa), por habernos brindado su pales­tra para dar a conocer estos resultados científicos. Asimismo estamos muy agradecidos a la profesora Marie Paule Stinzi, directora de la Fon­dation Johann Wolfgang von Goethe, por su magnífica hospitalidad en Klinghenthal durante la celebración de nuestro seminario. Vaya también nuestra gratitud al general Patrice Mompeyssin, por sus buenos oficios como embajador del proyecto en dicha fundación internacional. Por últi­mo, agradecemos al general Luis Alejandre Síntes su amabilidad al acep­tar prologar este libro, que solo representa un primer paso de un análisis más amplio del liderazgo estratégico. La aventura científica continúa.

[i] Investigador científico del Instituto de Historia, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Madrid, España. Es autor de numerosos trabajos de historia marítima y naval, fundamentalmente del siglo xviii. Ha estudiado en particular el liderazgo y la estrategia en la Armada borbónica.

[ii] Mandela, Nelson. El largo camino hacia la libertad. La autobiografía de Nelson Man­dela. Madrid: Aguilar 2010, pp. 543-544. Véase también Stengel, Richard. El legado de Mandela. Quince enseñanzas sobre la vida, el amor y el valor. Madrid: Ediciones Temas de Hoy 2010, pp. 62-70.

[iii] Mandela. Op. cit., p. 575.

[iv] Ibídem, p. 634.

Educación en seguridad y defensa desde el punto de vista de los colegios de defensa iberoamericanos

 

ÍNDICE

7 PRÓLOGO

11 EDUCACIÓN EN SEGURIDAD Y DEFENSA Estados Unidos Mexicanos

37 CULTURA, EDUCACIÓN, FUERZAS ARMADAS Y EL I PLAN GENERAL DE CULTURA Y CONCIENCIA DE LA DEFENSA 2018-2022 Reino de España

77 EDUCACIÓN PARA LA DEFENSA ¿PARA QUÉ? República Argentina

107 LA ACADEMIA NACIONAL DE ESTUDIOS POLÍTICOS Y ESTRATÉGICOS Y SU VISIÓN EDUCATIVA PARA EL FUTURO República de Chile

157 TRANSFORMACIÓN DEL EJÉRCITO NACIONAL DE COLOMBIA: GÉNESIS Y ESTRUCTURA DE LA DOCTRINA DAMASCO República de Colombia

179 RETOS Y DESAFÍOS EN LA FORMACIÓN DEL NIVEL DEL POSTGRADO EN DEFENSA NACIONAL: «UNA PROPUESTA ESTRATÉGICA PARA EDUCACIÓN SUPERIOR EN EL SALVADOR» República de El Salvador

203 EDUCACIÓN EN SEGURIDAD Y DEFENSA República de Honduras

265 SERVICIO MILITAR Y EDUCACIÓN PARA EL DESARROLLO República del Perú

275 EDUCACIÓN MILITAR DOMINICANA PARA LA DEMOCRACIA: UNA REVOLUCIÓN SILENCIOSA República Dominicana

295 EDUCAÇÃO PARA SEGURANÇA E DEFESA República Federativa do Brasil

327 EL CENTRO DE ALTOS ESTUDIOS NACIONALES DE URUGUAY Y SU CONTRIBUCIÓN ACADÉMICA A LA SEGURIDAD Y DEFENSA NACIONAL

341 EDUCAÇÃO PARA A CIDADANIA: A SEGURANÇA, A DEFESA E A PAZ NO SISTEMA EDUCATIVO NACIONAL Portugal

359 LA EDUCACIÓN MILITAR, EN LA DEFENSA Y SEGURIDAD. República del Ecuador

Ministerio de Defensa. CESEDEN. XIX Conferencia de Directores de Colegios de Defensa Iberoamericanos. Edición 2018