Estudios de Política Exterior de 04.03.2015

 “La negociación entre el nuevo gobierno griego y el Eurogrupo ha mostrado con crudeza que la crisis en el interior de la Unión Europea no se ha resuelto. Dentro de cuatro meses veremos a los europeos librar otro pulso. Mientras tanto, lo que sucede en las fronteras de la UE no es un pulso, sino dos conflictos abiertos, de naturaleza distinta pero que cuestionan el papel estabilizador de los europeos en su entorno”. Editorial

Libros

“El país de la provisionalidad tiene en su ADN el miedo al desmoronamiento. Packer ha escrito una crónica periodística, una novela sin ficción, un ensayo para entender la Gran Recesión. El libro es también un mural al estilo de los años treinta, con relatos y retratos de pequeñas vidas arrastradas por la corriente ciega de la historia”. Marc Bassets reseña el El desmoronamiento, de George Packer.

#PolExt164, marzo-abril 2015

El enfrentamiento Ucrania-Rusia y el avance del Estado Islámico muestran los errores y las divisiones de la política exterior europea. Ambos conflictos están conectados por el hecho de que la UE, pero también Estados Unidos y la OTAN, necesita a Moscú para plantar cara a la amenaza yihadista. #PolExt164 se mete a fondo en las causas de la expansión del EI; entre ellas, la guerra civil en Siria con los desequilibrios regionales y las mutaciones sectarias que está provocando.

La gran recesión deja una economía mundial llena de incertidumbres, riesgos y promesas incumplidas sobre una nueva gobernanza económica. El dinamismo de EE UU contrasta con el estancamiento de Europa y las dudas sobre los emergentes. Esto y mucho más en Política Exterior.

El interminable conflicto musulmán

– La crisis del mundo islámico, William Pfaff

– ‘Califato del terror’ a las puertas de Europa, Jean-Pierre Filiu

– Guerra de agotamiento en Siria, Ignacio Álvarez-Ossorio

– El nuevo mapa suní libanés, Natalia Sancha

– Pakistán-Arabia Saudí, más que aliados, Ana Ballesteros

– La incierta revolución libia, Diederik Vandewalle

Economía: después de la crisis

– Otro año de incertidumbre económica, Federico Steinberg y Miguel Otero-Iglesias

– La salida indecisa de Europa de la crisis, Antoine Quero

– Estados Unidos vuelve a asombrar, Fernando Barciela

– Los BRICS y la gobernanza económica, Alicia González

Ucrania-Rusia

– Lecciones aprendidas, opciones de futuro, Javier Morales

– Impresiones de un viaje a Rusia, Jochen Thies

Y además

– Grecia: la dificultad de un acuerdo, Irene Martín

– Transporte inteligente y ciudades digitales, Eduardo Bonet

– La inestable estabilidad de Europa, Marcos Suárez Sipmann

– Carta de Europa: Seguridad vs estrategia, Susi Dennison

– Carta de América: Dos años más, Jaime de Ojeda

– Carta de China: efectos de Ucrania, Eugenio Bregolat

Boletín de Novedades del IEEE de 04.03.2015

Más allá de una solución militar

Francisco J Carrillo. Diplomático: Vicepresidente de la Academia Europea
Francisco J Carrillo. Diplomático: Vicepresidente de la Academia Europea

La guerra en Iraq, Siria, Líbano, Yemen… ha traído como consecuencia, dejando a un lado los miles de muertos y la barbarie, la desintegración de los Estados-nación. En el Próximo y Medio Oriente prevaleció durante la definición artificial de nuevos países tras la descolonización, las “opciones nacionalistas” basadas en clanes, en tribus, en sociedades pre-estatales; basadas incluso en “opciones nacionalistas religiosas”. El caso más evidente es el Líbano, país en donde la “distribución” del poder, por acuerdos previamente establecidos, viene condicionada por la pertenencia a las grandes corrientes religiosas: el presidente de la República ha de ser de extracción cristiana; el jefe del Gobierno, de extracción musulmana-sunita; el presidente de la Asamblea Nacional, de extracción musulmana-chiíta, que a veces ha alternado con uno de extracción druza. Este aparentemente extraño “equilibrio” se refleja igualmente en el comportamiento electoral para elegir a los diputados y en la composición del gobierno. Sobre todos ellos sobrevuela un “supra-espíritu libanés”, un “supra-nacionalismo” integrado por la diversidad de nacionalismos político-religiosos, cada uno con sus intereses particulares y sus propias alternativas. Esta configuración “constitucional” del Estado libanés es de gran fragilidad, sometida a presiones e influencias regionales e internacionales que inciden irremediablemente en la política nacional: Irán, a través de los chiítas libaneses y de las milicias de Hizbolá; Arabia Saudita y Catar, a través de los sunitas libaneses; y Siria, que sigue manteniendo de forma latente la “Gran Siria” en donde incluiría a Líbano. Los impactos de la guerra en Iraq también inciden en la desestabilización de toda la región. En Líbano, el Patriarca maronita, de obediencia a la Santa Sede, ha representado, hasta ahora, la “mayoría política” del país, ya que así lo es (quizás el nuevo censo traería sorpresas y constataría que ya los cristianos maronitas no son la mayoría), apoyando a la “nación libanesa” y no a la creación de un “Estado maronita”.
En Iraq, antes de la guerra, se estimaba en 1.200.000 los iraquís cristianos. Ahora solamente existen 300.000, resultado de persecuciones, acciones genocidas y exilio voluntario por miedo a ser sacrificados. El vacío de poder en Estados desintegrados ha facilitado la reorganización de parte de la población en torno a la alternativa terrorista-yihadista de Daech (el llamado Estado Islámico de Iraq y Siria, por nadie reconocido y contra el que hay una importante ofensiva política y militar internacional). Algún especialista ha llegado a afirmar que la actual persecución contra los cristianos (sean iraquís, sirios, egipcios en Libia, etc.) es mayor que las persecuciones en la época romana. Parecería paradójico, pero no lo es: a pesar de las discrepancias históricas y las numerosas presiones (sobre todo, contra los palestinos cristianos), la población de origen cristiano se siente más protegida en Israel.
A veces, en el llamado Occidente, se tiene la impresión que los cristianos que habitan en Iraq, Siria, Irán, Líbano, Turquía, Egipto, Libia… son un manojo de misioneros o de miembros de ONG, lo que es un grave error de apreciación. Son, más bien, nacionales de esos países, son árabe-cristianos o, incluso, israelíes-cristianos que conviven con sus compatriotas árabes-musulmanes o israelíes-judíos. Muchos de estos cristianos viven en la región (como también es el caso de Etiopía) desde hace dos mil años, ante de la existencia del Islam. Otros habitan esas tierras desde los siglos X y XI; algunos se quedaron tras la descolonización.
El “nacionalismo terrorista” de Daech (el llamado Estado Islámico) es radicalmente excluyente de todo lo que tenga connotación cristiana, llegando incluso al exterminio con métodos que nos parecían ya desaparecidos de la historia: degüello, crucifixión, muerte en hogueras, torturas interminables. Para Daech todo lo que sea “Occidente” hay que aniquilarlo y borrarlo del mapa porque su objetivo es la “conquista de Occidente” y la islamización radical. Pero los de Daech también consideran enemigos del “verdadero Islam” a los chiítas; por ello, los combaten sin miramientos. Y a los Estados sunitas, corruptos según ellos.
La realidad a la que nos referimos no es aceptada por la mayoría de musulmanes del mundo. Y los Estados árabes y la Liga Árabe han decidido combatirla, junto a países llamados “aliados de Occidente”. Pero con la aniquilación de Daech se resolvería un gran problema pero no todos los problemas. Siria es uno de ellos. Libia, también. No basta con la “solución militar”. Los pueblos de la región tienen que poder acceder a sus propias estructuras democráticas y compartir inevitablemente los valores y los derechos universales, comunes a toda la humanidad. Hay demasiados “nacionalismo excluyentes”, todos ellos en lucha por el poder y por la hegemonía regional. Es uno de los aspectos a modificar, que requerirá muchos esfuerzos “pedagógicos”, educativos y de elevación del nivel cultural.
Hay que ir, como objetivo, más allá de los nacionalismos excluyentes. Recuperar el concepto de unidad nacional basado en unos principios de convivencia y de intercambios, reconociendo en el vecino a nuestra propia personal. Recuperar la libertad pública que va estrechamente unida a la libertad religiosa y de creencias. Y pensar más en términos de “ciudadanía unitaria”, a nivel de aldeas, pueblos, ciudades, regiones para cimentar un nuevo concepto de unidad nacional. El cristiano iraquí, el cristiano libanés, el cristiano copto, el cristiano sirio, turco, iraní, palestino… es, ante todo, miembro de pleno derecho de esa “ciudadanía unitaria”. Mientras tanto, hay que protegerlo de la muerte y de la exclusión por todos los medios a nuestro alcance. Que no quede clasificado como “minoría excluida”, futuro objeto de estudio de antropólogos y de excavadores de enterramientos colectivos.

LA TRIBUNA DEL Diario SUR, edición de 25.02.2015

Las ofensivas de China contra Occidente

China ya es casi omnipresente en el mundo. Dispone del mayor porcentaje de deuda Norteamericana, domina parte de las economías de África y América del Sur y ahora quiere invadir Europa a través de Grecia.
Nuestros problemas caseros: político, económicos, morales, etc., impide a los españoles observar y analizar sus amenazas.

Buen artículo de Luis E. González Manrique: China Venezuela
¿Hasta cuándo sostendrá China a Venezuela?
Madrid, 24 febrero 2015
Por Luis Esteban G. Manrique
.- Desde 2005, China ha dirigido unos 100.000 millones de dólares hacia América Latina y el Caribe (AL-C), fundamentalmente en préstamos e inversiones en proyectos de infraestructuras. En la reciente cumbre China-Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (Celac) en Pekín, el presidente chino, Xi Jinping, anunció que en 2020 el comercio bilateral alcanzará los 500.000 millones de dólares anuales con inversiones que superarán los 250.000 millones de dólares.
En los últimos años, esa relación se ha inclinado hacia Argentina y al ‘bloque bolivariano’: Venezuela, Ecuador y Nicaragua, sobre todo. El canal interoceánico que acaba de comenzar a construir la empresa china HKND en el país centroamericano, absorberá inversiones por valor de 50.000 millones de dólares de aquí a 2019.
Según Fred Hochberg, presidente del Export-Import Bank (EIB) de EEUU, las instituciones estatales chinas han repartido alrededor del mundo unos 670.000 millones de dólares en los dos últimos años, más que el EIB en sus 80 años de existencia. Para países como Argentina y Venezuela, con un escaso –o nulo– acceso a los mercados de capitales internacionales, se trata de un regalo del cielo: una “alternativa Sur-Sur” a la estricta condicionalidad impuesta por el FMI y el Banco Mundial a sus créditos.
China es ya el segundo mayor socio comercial de Argentina después de Brasil, con un intercambio bilateral de 17.500 millones de dólares en 2012. Desde 2007, China ha prestado a Argentina 14.000 millones de dólares. En su reciente visita a Pekín, la presidenta Cristina Fernández cerró acuerdos por valor de 6.800 millones de dólares para financiar la construcción de dos represas hidroeléctricas y una vía férrea.
Según Cui Shoujun, profesor de relaciones internacionales de la Universidad Renmin de Pekín, todo ello forma parte de una estrategia a largo plazo para establecer alianzas multilaterales globales y “reconstruir un orden mundial”. “Los beneficios o pérdidas a corto plazo son secundarias”, asegura.
Pero ese plan no está exento de riesgos para China, que pronto tendrá que decidir hasta qué punto está dispuesta a mantener a flote algunas de las economías más ineficientes y peor gestionadas del continente en medio de la caída de los precios de sus principales exportaciones.
Los créditos chinos a cambio de futuras entregas de materias primas –sobre todo petróleo– suponen casi la mitad del dinero que Pekín ha canalizado hacia la región. Según cifras oficiales venezolanas, los préstamos chinos suman más de 46.000 millones de dólares e incluyen un crédito de 10.000 millones garantizado por suministros futuros de crudo. Venezuela, por ello, va a ser la prueba de fuego de China en la región.
Cuenta atrás en Caracas
Con el precio del crudo venezolano en torno a los 40 dólares el barril, Standard & Poor’s ha degradado la calificación de crédito del país a CCC con perspectiva negativa, dado que estima que existe un 50% de riesgo de “default selectivo” en una economía cuyos ingresos dependen en un 95% de la renta petrolera.
Durante la década del boom petrolero, Hugo Chávez cuadruplicó el volumen de la deuda externa para financiar el consumo interno. En 2012, cuando el barril rondó los 103 dólares, el déficit fiscal se disparó al 17,5% del PIB. Con una inflación que podría llegar al 100% este año, una contracción prevista del PIB del 7% y una moneda que va seguir sobrevaluada pese a los cambios introducidos en el sistema de cambios, los acreedores chinos del gobierno de Caracas solo pueden esperar malas noticias en 2015.
El Parlamento venezolano no ha autorizado las deudas contraídas debido a que el gobierno las considera una “financiación” que debe ser pagada en petróleo y no en dólares.
Si Nicolás Maduro, cuya popularidad no supera el 20%, se ve en la necesidad de elegir entre pagar la deuda y mantener el abastecimiento de alimentos a la población, pocos analistas dudan que por instinto de supervivencia política, su gobierno declarará una moratoria selectiva (credit event) e incluso la interrupción de los envíos de petróleo a China para vender el crudo en el mercado spot.
Otra víctima potencial del agravamiento de la crisis es el programa Petrocaribe, que subsidia las importaciones de unos 200.000 barriles diarios de crudo venezolano a 13 países caribeños y centroamericanos –la mitad de ellos a Cuba– por valor de unos 7.000 millones de dólares anuales.
La consultora venezolana Ecoanalítica calcula que una vez que se descuentan los 500.000 barriles diarios del consumo interno, virtualmente gratuito en Venezuela, los envíos a Petrocaribe y los que se dirigen a China –otros 540.000 barriles diarios para pagar préstamos ya otorgados–, Venezuela solo cuenta con 1,3 millones de barriles diarios para vender en el mercado abierto y por los que obtendrá este año unos 20.000 millones de dólares.
El servicio de la deuda externa absorberá 11.000 millones. Las importaciones de 2012 sumaron unos 77.000 millones y las de 2014 36.000 millones.

Los límites de la generosidad china
China ya está dando señales de que su generosidad tiene límites. De hecho, los créditos concedidos por el China Development Bank (CDB) han dejado de crecer al 50% anual como ocurrió entre 2009-11. Desde 2013 solo lo han hecho al 10% y están cada vez más ligados a financiar proyectos específicos.
En su último viaje a Pekín, Maduro se tuvo que contentar con una vaga promesa de financiamiento de proyectos a largo plazo por valor de 20.000 millones de dólares en lugar del préstamo de emergencia de 16.000 millones de dólares que solicitó para atenuar el desequilibrio en la balanza de pagos.
A cambio de ese dinero, Maduro ofreció mayores suministros de petróleo y la futura producción de oro, aluminio y hierro de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG). Pero el gobierno chino no se mostró interesado… a menos que CVG quedara bajo su control, una mínima prevención ante los numerosos casos de corrupción que han afectado algunas de sus operaciones anteriores.
Orlando Ochoa, profesor de Economía de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas, cree que los chinos “le dieron algo, para que no quedara en ridículo”, pero muchos de los proyectos que mencionó Maduro están en el limbo. En Venezuela hay firmados proyectos de inversión por más de 150.000 millones de dólares que no se han ejecutado, especialmente en la faja del Orinoco. Según Antonio De La Cruz, director de la consultora InterAmerican Trends, para Maduro fue un “mensaje devastador” el hecho de que China no le brindara la ayuda que le pidió.
Lo que hace inusual la política crediticia de China en la región no solo son las cantidades de dinero que está dispuesta a prestar sino el modo en que lo hace. Pekín ha elegido un método bilateral especialmente opaco: casi nunca se sabe con certeza los términos de los préstamos ni el uso que se le dará al dinero.
El Parlamento venezolano no ha autorizado las deudas contraídas debido a que el gobierno las considera una “financiación” que debe ser pagada en petróleo y no en dólares. Gracias a ese dudoso argumento, ese dinero no ingresa a las partidas oficiales del presupuesto, con lo que escapa a todo tipo de control público. En 2013 ocho venezolanos fueron detenidos por apropiarse de 84 millones de dólares de un fondo conjunto sino-venezolano.
Para cubrir el déficit, la petrolera estatal PDVSA ha tenido que recurrir a préstamos del banco central por el equivalente a decenas de miles de millones de dólares, lo que ha agravado la inflación. Según el economista venezolano Ricardo Hausmann, director del Center for International Development de la Universidad de Harvard, Pekín está pagando el precio de su inexperiencia como financista en los países emergentes: “China ha ignorado la razón principal por la que los países prestamistas delegan en el FMI la evaluación macroeconómica de sus prestatarios: prestar dinero para mantener políticas insostenibles solo retrasa el día del ajuste de cuentas”.

Boletín de Novedades del IEEE

25.02.2015