Presentación del 1º tomo de las XII Jornadas de Seguridad, Defensa y Cooperación

El 1º tomo del libro de actas se presentó en la Universidad Internacional de Andalucía, patrocinadora de la edición y en Unicaja Banco, organizadora de la jornada de cooperación económica.

Descarga gratuita del libro en el siguiente enlace:

Actas de las XII Jornadas de Seguridad, Defensa y Cooperación. Tomo I

XII Jornadas de Seguridad, Defensa y Cooperación: Geoeconomía. Infraestructuras Críticas

 

El papel de España en el Mundo (Política Exterior)

El horizonte político español se presenta fragmentado y polarizado, como sucede en otras latitudes. La campaña electoral permanente en que se ha convertido la vida pública dificulta un diálogo franco sobre cuestiones esenciales. En el caso del papel de España en el mundo, la ausencia de un debate público de calidad viene de lejos.

Política Exterior sale al paso de esta última omisión. Nuestro objetivo es promover un debate informado sobre asuntos internacionales y un mayor protagonismo de España en esta reflexión. Para ello hemos preguntado a los líderes políticos españoles sobre los retos exteriores del país, con las elecciones generales y europeas a la vista. Editorial

Política exterior comprometida con España, Pedro Sánchez

Europa ante un momento decisivo, Pablo Casado

Justicia social para revolucionar Europa, María Eugenia Rodríguez Palop

El invierno se acerca, José Antonio Sabadell

¿Quién gobernará la fragmentación europea?, Carme Colomina

Israel-Palestina, una realidad distópica, Itxaso Domínguez de Olazábal

¿Se retira EEUU de Oriente Próximo?, Mariano Aguirre

Los siete pilares que sostienen Jordania, Laila M. Rey

EEUU, China, Europa y el orden mundial, Eugenio Bregolat

Latidos de Tiananmen, Xulio Ríos

Advertencias desde Versalles, Margaret MacMillan

Exilio republicano: hay futuro en este pasado, Mari Paz Balibrea

Museo del Prado: más allá de España, Miguel Falomir

Trump: ¿de la exoneración a la reelección?, Jaime de Ojeda

Japón y su ‘tennô’: de la era Meiji a la Reiwa, Salvador Rodríguez Artacho

LIBROS: Repensar la identidad, Berta Barbet

Russian intelligence operations shifting tactics not goals (NATO Review Magazine de 26.04.2019)

Russia’s intelligence services – well-funded, aggressive and politically protected – remain at the heart of Moscow’s wider political war against the West, intended to disrupt, distract, and demoralise. Although many different instruments are used, from disinformation and corruption to diplomacy to economic pressure, the intelligence services are committed to not just gathering information but active operations, and thus they play a crucial role in their use. The lesson for NATO is not just of the need for continued vigilance but also that the solidarity embodied by the Alliance is as important in dealing with non-military as military threats.

A year of living dangerously

There was no let-up in Russia’s aggressive intelligence campaign against the West in 2018. In March, an attempt was made to kill Sergei Skripal – a former officer of Russia’s military foreign intelligence service (GRU) turned British agent – with a rare nerve agent, Novichok. Skripal, his daughter and a first responder survived but a passer-by, who later discovered the vial in which the poison was carried, died.

Greece threw out two Russian diplomats and banned two others in July 2018, citing attempts to interfere with the historic vote in (what is now formally known as) the Republic of North Macedonia over changing the country’s name.

26.04.2019 NATO Review

 

Atentado en Sri Lanka: desestabilización en la zona enfrentando a las distintas confesiones religiosas. ¿El resurgir del estado islámico? ¿DAESH o Al-Qaeda?

 

Objetivos previstos con los atentados:

  1. El National Thowheed Jama’ath, principal sospechoso del ataque terrorista apoyado por una red terrorista internacional para provocar un conflicto interreligioso para despertar la influencia islamista en un país budista y en un área estratégica
  2. Grupo terrorista local actuó contra la comunidad cristiana para despertar el conflicto étnico-religioso, silenciado desde 2009, para dañar el proceso sociopolítico del país, afectado por los movimientos violentos de los grupos radicales y la recesión económica.
  3. La red terrorista internacional preparó y ejecutó el ataque para desestabilizar el país (afectando a su principal fuente económica: el turismo y su principal identidad emblemática) para generar un cambio de influencia y un discurso sociopolítico.
  4. Un grupo islamista internacional preparó el ataque apoyado por un grupo musulmán local para impactar en la comunidad musulmana (atrayendo la ideología wahabí) y en la comunidad cristiana y la presencia extranjera en el país (influencia occidental).

22.04.2019. GIASP Intelligence & Strategy S.L.

Atentado en Sri Lanka: al menos 158 muertos en siete ataques contra iglesias y hoteles de Sri Lanka

23.04.2019 El País Internacional.

Fernando Reinares es director del Programa sobre Radicalización Violenta y Terrorismo Global en el Real Instituto Elcano y catedrático en la Universidad Rey Juan Carlos.

Tras la serie concatenada y coordinada de atentados altamente cruentos que han tenido lugar en Sri Lanka podría decirse, sin más, que ilustran cómo el extremismo islamista está hoy más extendido que nunca en el mundo. Igualmente cabría, sin más, aducir que ponen de manifiesto la medida en que los actos de terrorismo relacionados con el yihadismo global acontecen también allí donde menos se esperan, es decir, fuera de las sociedades mayoritariamente musulmanas en las cuales los yihadistas sitúan a su enemigo cercano o de las occidentales que corresponderían a lo que definen como su enemigo lejano. Pero, si bien lo primero es cierto, esto segundo eludiría la consideración de algunos factores clave para comprender lo sucedido en Colombo y en otras localidades del país surasiático.

La amenaza del yihadismo global en Sri Lanka, que acaba de manifestarse en la forma de un brutal terrorismo justificado como obligación religiosa por quienes lo instigan y para quienes lo perpetran, no emana de la nada. Por una parte, es producto de la creciente influencia y articulación que una determinada forma fundamentalista y excluyente de entender el credo islámico —es decir, el salafismo— ha ido adquiriendo en el seno de la minoría musulmana de la isla, explotando las diferencias y tensiones existentes entre esta y la mayoría budista u otras minorías. Por otra parte, deriva de la extraordinaria movilización internacional suscitada por la propaganda y las actividades de organizaciones yihadistas —principalmente, aunque no solo, de Estado Islámico— activas en Siria e Irak desde 2012.

En las últimas décadas, una porción significativa de los musulmanes de Sri Lanka ha estado expuesta, en lugares de culto y en madrazas, a influencias salafistas, procedentes sobre todo del Golfo, que han transformado tanto su concepción previa y mayoritaria del islam como sus prácticas y estilos de vida. Estas influencias, unidas a otras con origen en el subcontinente indio, han hecho posible que, a lo largo del pasado decenio, pese a la resistencia que ha encontrado entre la población musulmana del país y sus principales autoridades religiosas de referencia, haya adquirido relevancia y notoriedad la organización Thawheed Jamaat. Esta entidad salafista ha proporcionado espacios favorables a la radicalización y servido como plataforma para el reclutamiento por parte de organizaciones yihadistas.

Así, en los últimos cinco o seis años, algunos individuos con nacionalidad de Sri Lanka han participado en la planificación y preparación de atentados que Al Qaeda, en colaboración con una o más de sus organizaciones paquistaníes asociadas, ha querido llevar a cabo en, por ejemplo, territorio de India. Varias decenas de otros, radicalizados en el salafismo yihadista dentro o fuera de Sri Lanka, se desplazaron a Siria e Irak como combatientes terroristas extranjeros, por lo que es verosímil que hubiese retornados. Sri Lanka ha sido, además, tránsito hacia zonas de conflicto de yihadistas radicalizados en Maldivas. En suma, hace ya tiempo que, con la presencia en el país de individuos vinculados a Estado Islámico y otras organizaciones yihadistas, el islamismo violento es una amenaza terrorista para Sri Lanka.

Es inverosímil que las autoridades de Sri Lanka desconociesen la creciente importancia de esta amenaza terrorista de naturaleza internacional —cuya reciente plasmación, tanto por la modalidad de ejecución de los atentados como por los blancos seleccionados, sugiere que está dotada de liderazgo, organización y estrategia—, incluso cuando la rivalidad entre Al Qaeda y Estado Islámico se dirime asimismo en el sur de Asia, pero resulta en cualquier caso evidente que no reaccionaron como debían a la información urgente sobre la misma compartida por las de otro país en buena posición para obtenerla. Las estructuras antiterroristas de Sri Lanka, avezadas en combatir un terrorismo de cariz etnonacionalista, no han estado a la altura del desafío yihadista. ¿Inesperado lo ocurrido? No tanto. ¿Sin previo aviso? No.

23.04.2019. El País Internacional. Fernando Reinares

23.04.2019. Europa Press. El Estado Islámico reivindica los atentados de Sri Lanka

23.04.2019. Europa Press. Marruecas desmantela un célula del Estado Islámico de seis personas

Yama’at al-Tawhid wal-Yihad 

21.04.2019. ABC

Entre los muertos hay 9 extranjeros. La iglesias estaban repletas de fieles celebrando el domingo de Resurrección.

21.04.2019. COPE

Al menos 185 personas han muerto y 469 han resultado heridas en siete explosiones en al menos cuatro hoteles de lujo y tres iglesias en Sri Lanka mientras los fieles celebraban el Domingo de Resurrección.

21.04.2019. El Mundo

Matanza de cristianos en Sri Lanka a causa de una serie de atentados contra varias iglesias

21.04.2019. Outono.net

Cadena de atentados contra iglesias y hoteles en Sri Lanka: al menos 185 muertos y casi 500 heridos

21.04.2019. Religión en Libertad

21.04.2019 La Vanguardia.  8 detenidos por los atentados en Sri Lanka con más de 200 muertos

 

 

 

 

Los países árabes que no vivieron la primavera árabe ¿la viven ahora?: Sudán

La primavera de 2019 rejuveneció de golpe. Se le puso cara de 2011. En apenas diez días, cayeron dos líderes de países del Norte de África. Dos regímenes autoritarios que todos los expertos daban por bien pertrechados. Como entonces a Ben Alí y Mubarak, en Túnez y Egipto respectivamente, la presión popular en las calles se ha llevado por delante ahora en Sudán y Argelia a Omar al Bashir y Adelaziz Buteflika, que sumaban entre ambos medio siglo al frente de sus países.

La presión popular, traducida en movilizaciones pacíficas sostenidas durante meses, ha surtido efecto. En Argelia, el catalizador del levantamiento parece haber sido la decisión del régimen de imponer a Buteflika para un quinto mandato pese a que el ya expresidente, de 82 años y en el cargo desde 1999, llevaba más de un lustro sin hablar públicamente. Tras arreciar las protestas, Buteflika cedió primero a medias, anunciando que no se presentaría a la reelección. Pero esa victoria parcial si acaso insufló entusiasmo a la población volcada en las calles, que reclamó su dimisión inmediata hasta lograrla. El 11 de abril, el presidente provisional Abdelkader Bensalá anunció elecciones para julio, esta vez sin el concurso de Buteflika. Pero queda mucha tela que cortar: el nombramiento de Bensalá fue recibido con multitudinarias protestas estudiantiles. Se sospecha de las lealtades del presidente interino, que lideró el Senado durante 17 años y al que no se presume demasiado interés en atajar las redes de poder clientelar que dominaban el país bajo el mandato de Buteflika.

En Sudán, Omar al Bashir probó todos los trucos del manual del tirano en su batalla por mantener el poder durante el casi medio año de protestas: impuso un estado de emergencia, nombró a oficiales de seguridad como gobernadores de varias provincias, prometió diálogo nacional mientras sus tropas disparaban y apaleaban a los manifestantes, que pedían el fin de su mandato de treinta años. Pero el pueblo le echó un pulso definitivo en forma de acampada masiva en torno a su residencia en Jartum que duró cinco días, hasta que el Ejército dijo basta. Para el miércoles, Al Bashir dormía en la cárcel y su sucesor, un alto cargo del Ejército y cabecilla del golpe contra él, había dimitido también.

Con sus diferencias –Sudán es un país con un pie en el África subsahariana y otro en el mundo árabe, del que Argelia es bandera–, las crisis de ambos países comparten un sustrato económico y unas degeneraciones políticas que hacen pensar en un efecto contagio similar al que tuvo lugar hace apenas siete años, cuando las ansias de libertad corrieron como la pólvora por la región.

El poder en la sombra

Lejos de resultar suficiente, la marcha de Buteflika bien podría ser un punto de inflexión para los cambios mucho más profundos que ansía el pueblo argelino, que no ha abandonado las calles desde finales de febrero: así lo cuentan en Le Monde Diplomatique Akram Belkaïd y Lakhdar Benchiba, quienes ponen el acento en las críticas al entorno de Buteflika, en especial sus hermanos, Said y Nacer. Los manifestantes, cuentan, exigen en fin del régimen de Buteflika en su conjunto, y el establecimiento de una Segunda República. Muchos demandan una Asamblea Constituyente. Ante todo, ponen encima de la mesa una pregunta: ¿quién corta el bacalao en Argel?

“El movimiento no tiene precedentes. Desde la independencia, en julio de 1962, Argelia no veía protestas como estas, pacíficas y extendidas por todo el país, incluidas las ciudades del sur”, escriben los periodistas argelinos, en un texto que aúna la crónica sobre el terreno con el análisis político de altos vuelos. “Cada viernes, al arrancar el fin de semana, cientos de miles de personas marchan por las calles, al grito de ‘Silmiya’ (pacífico). Las protestas aúnan a gente de todas las edades, especialmente jóvenes, que hasta ahora habían mostrado poco interés en la política. Otros días, se mantiene la iniciativa mediante sentadas y marchas con abogados, investigadores, académicos, periodistas y funcionarios jubilados”.

Para los autores, los argelinos llevan años preguntándose quién les gobierna de verdad, ante un Buteflika enfermo y desaparecido de la vida pública. “Todo termina redundando en la identidad de los décideurs (los que toman las decisiones), un término utilizado por primera vez por Mohamed Boudiaf, cofundador del FLN (Frente de Liberación Nacional), a su regreso del exilio en enero de 1992”. El exlíder opositor utilizó el término para justificar su pacto con el diablo en forma del régimen que había vilipendiado durante años, y aceptar así un cargo gubernamental en un momento clave, sin revelar quiénes se lo habían pedido, y que siguen haciendo y deshaciendo en el país magrebí.

“Nadie sabe a ciencia cierta quiénes son, ni cómo, o después de qué negociaciones, los ‘Eneristas’ decidieron ponerle fin a la Primavera Argelina –la transición democrática que arrancó después de las revueltas de octubre de 1988, cuando las tropas dispararon sobre cientos de jóvenes manifestantes (la cifra no oficial de muertos fue de 600)”–, señalan. “El Gobierno había presentado varias reformas, incluida la autorización de un sistema de partidos y la liberalización de los medios. La crisis de hoy es igualmente opaca, aunque las circunstancias sean diferentes. Una pancarta portada por un manifestante en Argel en marzo rezaba: ‘¿Quién mueve los hilos de la marioneta Buteflika?’. Otra se preguntaba: ‘¿Por qué deciden los décideurs?’. Estas preguntas no son nuevas. Para encontrarles respuesta, es útil recordar cómo consolidó Buteflika su poder personal en el corazón del régimen”. Los periodistas apuntan a una serie de empresarios cercanos al hermano del expresidente, Said Buteflika, incluyendo algunos cuyas empresas eran modestas en los 2000, pero han crecido gracias a contratos adjudicados por un Estado que ha redistribuido los ingresos del petróleo para alimentar “el capitalismo de connivencia”. Los décideurs, así, serían oligarcas que quitan y ponen primeros ministros y reclaman programas de privatizaciones, incluido en el sector de la energía. Son, huelga decirlo, los primeros interesados en minimizar los cambios, también tras la caída de Buteflika.

Pero no lo van a tener fácil. “Desde el 22 de febrero, fecha de la primera gran manifestación, se hizo evidente que Argelia está gobernada por una regencia”, apuntan Belkaïd y Benchiba. “El movimiento demanda ahora un cambio de régimen que vaya mucho más allá de la retirada del clan del presidente. El eslogan ’Yatnahaw ga’ (que se vayan todos) está por todas partes”. La resiliencia de las manifestaciones ha demostrado, concluyen, “que los partidos de la alianza presidencial, los oligarcas y las organizaciones de masas serviles al régimen no pueden impedirle al pueblo que tome las calles, ni siquiera pagando a matones para que alteren el orden en las marchas. La cantinela de la ‘desestabilización’ exterior no ha convencido al pueblo argelino, habitualmente sensible a cuestiones de soberanía. Es hora de que el Ejército termine el viraje dejando de lado la política”.

La revolución no será violenta

El pueblo sudanés es tozudo. Una y otra vez, se empeña en demostrar que es posible derrocar a un régimen opresor sin recurrir a la violencia. En The New Yorker, el escritor ganés Anakwa Dwamena relataba la extraordinaria historia de Sudán, un país que, desde su independencia en 1959, ha logrado tumbar a sendos gobiernos autoritarios, en octubre de 1964 y abril de 1985. El texto, escrito semanas antes de la caída de al-Bashir, ofrece una mirada larga a los antecedentes de la revuelta contra el presidente, que llegó al poder en 1989 aupado por un golpe que dio inicio a la Revolución Islámica en su país, que hoy ocupa el puesto 167 de 189 en el ranking de desarrollo de las Naciones Unidas, y se ha visto superado por una crisis en torno a la subida en el precio de los alimentos, medicinas, combustibles y transporte.

Dwamena acude a uno de los líderes de la revuelta del 64, el ahora profesor emérito de la Universidad de Missouri Abdullahi Ibrahim, para analizar la fortaleza de la rebelión que terminó por tumbar a Al Bashir. “Esta gente lleva en el gobierno treinta años y nunca se habían enfrentado a una amenaza como esta”, declara Ibrahim, que señala orgulloso que el legado de su revolución de los sesenta está a buen recaudo entre los jóvenes que hoy ponen en solfa al régimen sudanés. “‘Ni siquiera es comparable a la de los rebeldes de las montañas de Darfur”, añade, en referencia a la región en la que se llevó a cabo una campaña de asesinatos y violaciones masivas contra civiles entre 2003 y 2008, por la que la Corte Penal Internacional de la Haya tiene en busca y captura a Al Bashir.

Las protestas se han minimizado en los medios como ‘revueltas por el pan’ o un coletazo de la primavera árabe”, escribe Dwamena, que detalla a través de una de sus víctimas la feroz respuesta del régimen de Al Bashir a las protestas que arrancaron en diciembre de 2018. “Pero ambas descripciones suponen una lectura errónea de la situación en Jartum. Sudán tiene una larga historia de desobediencia civil pacífica (…). Para mucha gente en Sudán, el gobierno actual, que llegó al poder tras un golpe que anuló los avances de las protestas civiles de 1985, siempre ha sido un error a corregir”. Según el escritor, lo que subyace tras las protestas es una concatenación de factores, entre los que priman los económicos. “En los años del boom petrolero, entre finales de los 90 y los 2000, había un contrato implícito entre el gobierno y las clases altas: al gobierno se le dejaba en paz a cambio de que mantuviera grandes subsidios a la producción de petróleo, el pan y la protección de la violencia”, señala. “Una economía tambaleante ha hecho de cada vez más sudaneses, no sólo las clases bajas, víctimas de la economía de Estado militar. Casi la mitad de la población vive por debajo del nivel de la pobreza, de acuerdo con las últimas estimaciones, y la inflación ha subido un 30% en relación con el año pasado. Con la respuesta de mano dura del gobierno a las protestas, más gente ha caído víctima de la violencia del Estado”.

Sin puertas al campo

En ese contexto, resulta casi milagroso que los manifestantes hayan logrado desembarazarse del cabecilla de la deposición de Al Bashir, el exministro de defensa Awad Ibn Auf, practicante del cambio estilo Gattopardo. Ibn Auf se había erigido en un principio en líder de un gobierno militar “de transición” que iba a durar la friolera de dos años.

Como cuenta la BBC, los manifestantes siguieron en las calles durante cuatro días tensos y sangrientos tras el derrocamiento de al-Bashir, acampando a las puertas del cuartel general del ejército de Jartum hasta forzar la salida de Ibn Auf. “Los manifestantes celebraron su salida abrupta”, informaba la cadena británica, “pero la Asociación Profesional Sudanesa, que ha estado liderando las protestas, anunció que las sentadas continuarían: ‘Exigimos a las fuerzas armadas que aseguren el traspaso inmediato de poder a un gobierno de transición civil’, proclamaron en un comunicado en Facebook. “Además, reclamaron la abolición de ‘decisiones arbitrarias por parte de líderes que no representan al pueblo’, y la suspensión del uso ‘de todos los símbolos del antiguo régimen, que protagonizó crímenes contra su pueblo. Hasta que no se cumplan por completo estas demandas, debemos continuar con nuestra sentada en el Comando General de las Fuerzas Armadas’”.

El redactor jefe para África de la cadena, Fergal Keane, concluye: “El régimen avanza a trompicones desde que arrancó esta fase de las protestas. Los viejos modos de la coerción no han funcionado, y se enfrentan a una sociedad civil bien organizada y disciplinada. Este es un paso atrás y lo más probable es que no sea el último. Estamos en un momento apasionante: hay que tener en cuenta el papel fundamental de las mujeres, las redes sociales y la sociedad civil en todo esto. Sucede en Sudán, pero lo significativo de estas fuerzas trabajando pacíficamente por el cambio es universal. Sí, es algo muy precario, pero también está lleno de posibilidades”.

El partido se juega en casa, y fuera

Conviene no subestimar la precariedad de la coyuntura. Las fuerzas contrarrevolucionarias son variopintas, y no todas endógenas. En una entrada del blog de política internacional Informed Comment, el periodista británico especialista en la región Jonathan Fenton-Harvey señala al Golfo Pérsico para encontrar a los probables aguafiestas, tanto para Sudán como para Argelia. “Tanto Arabia Saudí como los Emiratos Árabes Unidos bien podrían intentar interferir con fuerza en la transición política del país y detener su progreso”, escribe Fenton-Harvey. “Esto podría asegurar su propio dominio regional y aplastar cualquier transición democrática positiva que pueda ser vista como inspiración por fuerzas reformistas en sus propios países; y socavar una presencia islamista más fuerte después del golpe”. La clave podría estar, una vez más, en la historia: en 2013, Arabia Saudí y los Emiratos apoyaron la toma del poder de los militares en Egipto, propiciando el ascenso del general Abdelfatá al Sisi, y aniquilando por completo la Revolución de la Plaza de Tahrir. Lo hicieron para acabar con el gobierno de los Hermanos Musulmanes, aliado del rival de ambas potencias del golfo, Qatar, y limitar de paso todo asomo de democratización en el mundo árabe.

Algo parecido podría suceder en Sudán, donde el ejército sigue esforzándose por asegurarse el poder después de la revolución que depuso a Al Bashir y forzó la dimisión de su sucesor. La participación militar de Sudán en la guerra de Arabia Saudí y los Emiratos en Yemen hace que estos vean al Ejército sudanés como un importante aliado.

Tanto Arabia Saudí como los Emiratos, escribe Fenton-Harvey, “se están esforzando por mantener a Sudán de su lado, en gran parte para alejarlo de la órbita de Qatar y Turquía. No es sólo que Sudán fuera receptor de ayuda militar de ambos, sino que el apoyo del régimen saudí y el de los Emiratos aumentó en especial durante las protestas, al tiempo que Jartum se alejaba de Qatar, según se cuenta para mejorar su seguridad política y económica. De momento, el golpe es especialmente favorable a los Emiratos Árabes Unidos, ya que el ejército ha arrestado a varias figuras de los Hermanos Musulmanes ligados al régimen sudanés. Abu Dabi es hostil al islam político, en especial a los Hermanos Musulmanes… y ambos regímenes han reprimido a la organización y otras islamistas que tratan de expandir su hegemonía regional. Por eso, apoyar al Ejército sudanés les puede seguir resultando beneficioso”.

El periodista concluye con una voz de alarma: “Salvo que desde dentro de Sudán se tomen medidas para salvaguardar el proceso revolucionario de la injerencia de fuerzas externas, la historia se podría repetir y la transición podría serle útil a las ambiciones geopolíticas de Arabia Saudí y los Emiratos, en lugar a los deseos del pueblo sudanés”.

No hace falta remontarse a la primavera egipcia para encontrar las manos ensangrentadas del régimen saudí injiriéndose en la región. Hace una semana, The Wall Street Journal relataba cómo Riad untó con decenas de millones de dólares al señor de la guerra libio Jalifa Hafter, que despliega a sus mercenarios para tratar de tomar el control de Trípoli en una ofensiva desde el Este del país. La ofensiva, que amenaza con hacer saltar por los aires al gobierno reconocido por las Naciones Unidas y desatar otra guerra civil, ha desplazado ya a 6.000 personas de sus casas, y se ha saldado hasta la fecha con al menos 58 muertos y 275 heridos.

Es la economía, estúpido

La indignación popular que prendió en Túnez a finales de 2010 y se extendió por el mundo árabe sigue viva y coleando, a pesar de los pesares. Así lo cuenta en el Financial Times el corresponsal para Oriente Medio, Andrew England. “Muchos vieron la llamada Primavera Árabe como un fracaso”, apunta. “Estallaron conflictos en Libia, Siria y Yemen que siguen infligiendo miseria a millones de personas hoy en día, al tiempo que muchos gobiernos árabes reaccionaron volviéndose todavía más opresivos en su afán de ahogar el mínimo soplo de disensión. Los gobernantes también han usado los ejemplos de Libia y Siria para agitar el miedo entre su gente y advertir contra la movilización. Pero Sudán y Argelia demuestran que a las poblaciones indignadas no siempre se les logra acobardar”.

England encuentra patrones comunes en ambas crisis de régimen, perfectamente extensibles a la región. “Los expertos llevan tiempo advirtiendo de que las causas de raíz de los levantamientos de 2011 no se han abordado. En lugar de hacerlo, se ha mantenido tapada precariamente una olla que hervía a fuego lento. Durante años, los déspotas del mundo árabe se servían de sus contratos sociales para mantener la estabilidad, de hecho utilizando mordidas estatales financiadas por petrodólares como contrapartida a las libertades políticas limitadas. Pero ahora que los gobiernos de la región se enfrentan a una creciente deuda, los déficits en aumento y la explosión demográfica de unas poblaciones cada vez más jóvenes, esos contratos se están deshilachando”. Sudán, sin ir más lejos vio cómo crecía un sesenta por ciento la inflación en 2018, después de reiteradas devaluaciones monetarias y recortes impuestos bajo la presión del FMI.

“Se han recortado los subsidios de alimentos, energía y combustibles en toda la región, lo que ha hecho que aumenten los costos de la vida mientras se disparaba el desempleo. El mundo árabe tiene la tasa de paro juvenil más alta del mundo, con en torno a 30% de los jóvenes entre 15 y 24 años sin trabajo. El resultado es que se le está exigiendo a los hogares que hagan sacrificios cada vez mayores con libertades políticas mínimas”.

El cóctel explosivo no ha cambiado: lo forman la desigualdad creciente, el autoritarismo sordo y la humillación regional perpetrada por regímenes militares y dinásticos que esquilman a sociedades ricas en recursos y capital humano. En Jartum y Argel vuelve a resonar el cántico de “ash-shab yurid isqat an-nizam,” (el pueblo quiere derrocar al régimen), himno de aquel 2011 electrizante. Aquello terminó en tragedia en casi todas partes, con Libia y Siria como testamentos lúgubres de lo que pudo haber sido. La mecha ha vuelto a prender. ¿Se podrá derrotar esta vez a la contrarrevolución?

19.04.2019. El País. Álvaro Guzmán. Sudán y Argelia: ¿rebrotes de la ‘primavera árabe’? Un análisis de la actualidad internacional a través de artículos publicados en medios globales seleccionados y comentados por la revista ‘CTXT’

La Fiscalía de Sudán ordena investigar al ex presidente depuesto Omar Al Bachir por blanqueo de dinero

La Fiscalía sudanesa ordenó hoy abrir una investigación por blanqueo de dinero y posesión de grandes cantidades de moneda extranjera sobre el ex presidente Omar al Bachir tras encontrar en su residencia más de 6 millones de euros, por lo que podría ser condenado hasta a 10 años de prisión.

Miembros del Ejército y la Inteligencia sudanesas entraron en su residencia y hallaron más de 6 millones de euros, 351.000 dólares y 5 millones de libras sudanesas, lo que equivale a 105.000 dólares al cambio actual, dijo el fiscal anticorrupción, Moatasem Abdulán Mahmud, en un comunicado.

20.04.2019. El Mundo

Sudán pasa a estar bajo control de ‎Arabia Saudita

Finalmente, el presidente sudanés Omar el-Bechir no fue derrocado por el general Ahmed Awad ‎Ibn Auf, como escribíamos recientemente [1]. Todo fue sólo ‎una farsa bien montada.‎

El general Ahmed Awad Ibn Auf está casado con una hermana del ex presidente Omar el-Bechir y ‎nadie ha visto a este último en la cárcel. Al parecer, el-Bechir y toda su familia fueron sacados del ‎país, probablemente hacia a Uganda, bajo la protección de Estados Unidos –que oficialmente ‎lo acusa de genocidio pero que en realidad siempre lo ha apoyado.‎

Por su parte, el general Abdel Fattah Abdelrahmane al-Burhan (ver foto) –a quien la familia de ‎Omar el-Bechir entregó el poder pacíficamente– no está entre los principales líderes militares ‎sudaneses, pero fue jefe de las fuerzas sudanesas que luchan junto a Arabia Saudita en Yemen. ‎

Eso indica que Sudán, país que vivía del apoyo económico de Qatar, pasa ahora a estar ‎bajo control de Arabia Saudita. Se trata por consiguiente de una nueva pérdida para la ‎Hermandad Musulmana y para Turquía, que cuenta con una base militar en la isla sudanesa de ‎Suakin. ‎

Ahmed Awad ‎Ibn Auf

«El derrocamiento de Omar el-Bechir‎», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 16 de abril de 2019.

20.04.2019. Red Voltaire.