La Geoeconomía y las guerras comerciales

 

En mayo de 2018, el IEEE publicó un Cuaderno de Estrategia dedicado a la Geoeconomía, tratando ampliamente el tema de las guerras comerciales o económicas:

Cuaderno de Estrategia del IEEE sobre Geoeconmía

En Estudios de Política Exterior: Política Exterior de 08.06.2018 trata el tema de las guerras comerciales, citando como la “penúltima”, la que se está produciendo en la actualidad:

El 1 de junio entró en vigor el aumento de los aranceles a las importaciones a EEUU de acero en un 25% y de un 10% en el aluminio de México, Canadá y la Unión Europea. Según Donald Trump, la disposición obedece a “razones de seguridad nacional”. Necesaria ya que la industria metalúrgica estadounidense había sufrido por las “injustas” políticas de importación.

Lo menos que se puede afirmar de los EEUU de Trump es que han actuado con precipitación y falta de inteligencia. La Casa Blanca ni debe ni puede resolver disputas comerciales, acuerdos de propiedad intelectual, inversión extranjera y otros con acciones unilaterales irresponsables. Para ello está el marco que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Washington ha liderado: un régimen comercial multilateral basado en reglas que buscan impedir que se repita la situación de los años 30. Comenzaron a firmarse acuerdos de libre comercio en ese contexto y se estableció la Organización Mundial del Comercio (OMC) para garantizar los acuerdos y resolver disputas. La OMC, lejos de ser perfecta, es la tribuna multilateral creada para estas reclamaciones.

Los iniciadores de estas guerras suelen negarse a ver que las consecuencias son normalmente negativas. Podemos distinguir tres tipos. El resultado más directo es el incremento de los precios. Si una empresa tiene que pagar aranceles más elevados para la importación de un producto, tiene dos posibilidades. O asumir el costo –improbable– o subirlo para que lo pague el comprador. Lo mismo sucede con los exportadores. Son los consumidores quienes tendrán que pagar más por el mismo producto.

La otra consecuencia de estas disputas es que conducen a la interrupción del comercio global y de las cadenas globales de productividad y suministro. Pero lo peor es que la simple amenaza de una guerra comercial tiene ya su impacto negativo en el mercado de valores. Los inversoras en las bolsas lo consideran como un síntoma de inseguridad. Caen así los valores y con ellos la confianza del consumidor y de los usuarios.

Trump estima que estas guerras son “buenas y fáciles de ganar”. El mandatario considera que pueden llevar a una consolidación de las industrias nacionales y a la generación de empleo. Pretende garantizar una mayor paridad en los intercambios comerciales y reducir los déficit. Quiere que las fábricas vuelvan a casa. Sigue pensando que el futuro de EEUU está en su pasado. Y esa es la dirección equivocada.

Por ello en las XII Jornadas de Seguridad, Defensa y Cooperación del Foro para la Paz en el Mediterráneo, se pretende tratar lo más extensamente posible este tema.