LIDERAZGO ESTRATÉGICO. UNA APROXIMACIÓN INTERDISCIPLINAR

Ministerio de Defensa. Servicio de Publicaciones. Liderazgo Estratégico

PRÓLOGO

Luis Alejandre Sintes

No es fácil presentar un trabajo, realmente interdisciplinar, que recoja reflexiones, pensamientos, análisis críticos e incluso actitudes, de un grupo de profesores universitarios, historiadores, sociólogos y militares procedentes de diferentes centros españoles y europeos, que han llegado a formar una rica malla de pensamiento crítico en la que no faltan junto a apoyos y felicitaciones, cariñosas discusiones que hacen buena la máxima aristotélica: «el ignorante afirma; el sabio duda y reflexiona». El profesor Agustín Guimerá que no solo ha sido el coordinador de la obra, sino su «líder espiritual», define al grupo como «Brigada Ligera siempre dispues-ta a desenvainar la palabra». Y en palabras dichas y escritas se basa este ensayo, trabajo verdadera-mente de equipo. Equipo, que una vez comprometido e ilusionado en lo que se presen-taba como fascinante proyecto común, se concentró en el castillo de Klingenthal, en plena Alsacia, bajo los auspicios de la Fundación Johann Wolfgang Goethe de la mano de una persona entrañable como es Marie Paule Stinzi, que ya nos había acogido en encuentros anteriores. Aquel encierro espiritual en un ambiente relajado y cálido-exteriormente, nieve navideña fuera, invitaba a la aproximación de ideas, al respeto de otras opiniones, a poder hablar del liderazgo de Nelson o de Napoleón sin los condicionantes de algunos enraizados sentimientos históricos nacionales. Al empuje de un «núcleo duro» procedente del Instituto Español de Estu-dios Estratégicos (IEEE) —Federico Aznar, Andrés González Martín, Jesús Martínez Paricio— se han unido en el trabajo excepcionales expertos en historia naval —Agustín Rodríguez, Andrew Lambert, Jonathan Gosling, Stephanie Jones, Carlos Alfaro— e historiadores como Adolfo Morales o Rafael Gónzalez Fernández, que desarrollan además incursiones en personas y casos concretos como los citados Nelson y Napoleón, más los particulares liderazgos del general Rojo, el almirante Ferrándiz o el es­tadista Canalejas, con una reflexión muy interesante de Vianney Martin sobre el liderazgo de nuestro actual Rey, Felipe VI.

Por supuesto, junto al carácter carismático del líder y del momento his­tórico en que se desenvuelve, aparecen los costes humanos —físicos y morales— que muchas veces conlleva el liderazgo como fue el caso de Mandela, que refiere acertadamente como ejemplo el profesor Guimerá en la presentación de este ensayo, o los particulares de Canalejas o el propio almirante Ferrándiz.

Si el liderazgo constituye un verdadero test de creatividad, el liderazgo estratégico se extiende en el espacio y en el tiempo a toda nuestra vida. Hemos pagado faltas anteriores y estaremos condenados a repetirlas si no definimos claro el rumbo de nuestra historia. Ya nos lo enseñó el clási­co: «no hay viento favorable para quien no conoce exactamente el rumbo de su destino». Federico Aznar define acertadamente al líder como «con­ductor y profeta» al mismo tiempo. Tiempo que Napoleón comparaba y priorizaba respecto al espacio, al definir la estrategia: «puedo ser más indulgente con el espacio porque puede recuperarse; con el tiempo per­dido, no».

Bismark también nos diría que el buen estratega es aquel «capaz de pe­gar la oreja a la hierba, para advertir a tiempo el sentido del galope de los caballos de la Historia»; lo que en lenguaje más de la Segunda Guerra Mundial Liddel Hart definiría como «el saber ver al otro lado de la colina».

Con este objetivo y estas intenciones, sigue este «buen trabajo de un buen equipo», al que felicito sinceramente.

Mahón abril 2018.

 

 

INTRODUCCIÓN Agustín Guimerá Ravina [i]

Nelson Mandela tuvo momentos estelares como líder estratégico a lo lar-go de su vida política, pero hay uno que destaca sobremanera. En 1985, cuando ya habían trascurrido veintidós años de su reclusión, el Gobierno sudafricano, sometido a una fuerte presión internacional, inició un acerca-miento a Mandela, considerado como una figura clave de la resistencia al apartheid. Lo trasladó a una celda separada de sus cuatro compañeros, y el ministro de Justicia le manifestó su deseo de entablar conversaciones. Tras décadas de opresión, el conflicto en Sudáfrica estaba tomando un nuevo cariz, coincidiendo con el final de la Guerra Fría. Las sanciones internacionales al gobierno de la minoría blanca estaban haciendo mella en el país, que sufría una gran inestabilidad política. La lucha armada del Congreso Nacional Africano (CNA) y la violencia esgrimida por el otro bando presidían el panorama. Como directivo del partido, Mandela siempre había tenido clara la estra-tegia a seguir: la conquista del poder por la mayoría negra sudafricana. El camino jurídico-político era innegociable: la supresión del apartheid, la legalización de los partidos y la puesta en marcha de un foro de discu-sión múltiple. A corto plazo, este foro debía conseguir la formación de un Gobierno interino, la aprobación de un borrador constitucional y la celebración de unas elecciones libres y democráticas, para nombrar los representantes de una asamblea nacional. Durante su largo encarcelamiento Mandela había reflexionado mucho so-bre los medios para lograr estos objetivos estratégicos. El joven luchador por la libertad se había transformado en un maduro estadista. Era obvio que la lucha armada no iba a traer la victoria final. En 1985 la actitud de Mandela, ante la inaudita disposición del gobierno de Botha a iniciar con­versaciones privadas, fue de este modo visionaria:

«Había llegado a la conclusión de que aquel era el momento en que la lucha podía avanzar a través de las negociaciones… Mi situación de aislamiento me daba la libertad precisa para hacerlo y me garanti­zaba, al menos durante un tiempo, la confidencialidad de mis esfuer­zos… Decidí no contarle a nadie lo que estaba a punto de hacer… Hay momentos en los que un líder debe adelantarse a su rebaño, lanzarse en una nueva dirección, confiado en que está guiando a su pueblo en el camino correcto2».[ii]

Aquello constituía una apuesta arriesgada, pues podría ser acusado de traidor por sus compañeros de partido. Pero el líder estaba convencido de que aquel paso podría ser una salida al conflicto en Sudáfrica. El mun­do había cambiado. Sin perjuicio de continuar la lucha armada, la movili­zación de masas y las sanciones internacionales, había llegado la hora de conversar con el enemigo y desbloquear la situación. Así, durante más de un año, estuvo negociando con el Gobierno sudafricano sobre los medios que se requerían para alcanzar la normalización política del país. Tenía como meta preferente una futura reunión entre el Comité Ejecutivo de su partido y el Gobierno. En 1987 consideró la negociación suficiente madura para informar a sus cuatro compañeros de prisión y al presidente del partido en exilio, Oliver Tambo, con el fin de obtener su aprobación, antes de seguir adelante. Una vez obtenido el permiso —con reticen­cias—, sus conversaciones privadas con el Gobierno continuaron, alternando momentos de frustración y esperanza, en medio de un ambiente político dominado por la violencia.

El resto es historia bien conocida. En octubre de 1989 fueron liberados ocho dirigentes del partido, los compañeros de prisión de Mandela durante más de dos décadas. Ahora podrían hablar al mundo en nombre del CNA. En febrero de 1990, el nuevo presidente Klerk dio un paso decisivo, con la legalización del partido y otras organizaciones políticas. Esta actuación iba acompañada de diversas medidas gubernamentales para desmantelar el sistema del apartheid y la instauración de la democracia en Sudáfrica. «Nuestro mundo había cambiado de la noche a la mañana» [iii]. Pocos días más tarde, concretamente el 11 de febrero, Mandela alcanzó la libertad, tras veintisiete años de cárcel. Las difíciles conversaciones secretas que, en nombre del partido, había llevado a cabo con el Gobierno habían dado fi­nalmente sus frutos. La negociación había sido una victoria a fin de cuentas:

«Para firmar la paz con un enemigo es necesario trabajar con él. A par­tir de ese momento, el enemigo de ayer se convierte en compañero» [iv].

Al mes siguiente dio comienzo una ronda de conversaciones entre el par­tido de Mandela y el Gobierno. Tras su elección como presidente del CNA en 1991 y la obtención del Premio Nobel de la Paz junto con el presidente Klerk en 1993, Mandela obtuvo la presidencia de Sudáfrica en abril de 1994, tras su gran victoria en las primeras elecciones libres y democráticas de su país. A lo largo de su mandato Mandela llevó a cabo grandes esfuerzos para alcanzar la reconciliación nacional, olvidar el pasa­do, cicatrizar las viejas heridas y construir una nueva Sudáfrica, en donde los negros, los mestizos y los blancos pudiesen convivir en paz, bajo los colores del arcoíris de una sola bandera.

El liderazgo estratégico de Mandela tiene así una relación íntima con este libro. Siguiendo a Ortega y Gasset, se habían salvado él y su circunstancia de forma recíproca.

El origen de esta obra se remonta al año 2016, cuando un grupo de histo­riadores, sociólogos y expertos militares decidimos aunar esfuerzos para explorar un territorio ignoto en el mundo académico español: el lideraz­go estratégico en nuestro país. Disponíamos de una multitud ingente de libros sobre liderazgo y estrategia actuales en Occidente. Contábamos también con algunas aproximaciones históricas a la estrategia española, así como con destacadas biografías de ilustres políticos y militares de nuestro pasado. Pero nos parecía que no se había intentado integrar am­bos conceptos —liderazgo y estrategia— en un solo discurso científico, desde una perspectiva de larga duración, interdisciplinar e internacional.

Nos interesaba, por un lado, señalar los principales rasgos de un fecun­do pensamiento estratégico hispano y sus líderes, remontándonos al reinado de los Reyes Católicos, momento en que se inició la construcción del Estado moderno en España, del cual somos herederos. Por otro, de­seábamos indagar en el momento actual que vive Occidente, donde el líder estratégico parece diluirse en grandes instituciones supranaciona­les, en complejas estructuras burocratizadas, un liderazgo sin líderes, el gobierno de nadie en unas sociedades democráticas. Incluso hay autores que defienden la inexistencia de tal liderazgo estratégico. Pretendíamos, pues, contribuir con nuestras reflexiones al mejor entendimiento de los retos y las oportunidades del mismo en nuestro entorno actual.

Para alcanzar estos objetivos, debíamos también asomarnos al mundo, tratando de comparar el caso hispano con lo sucedido, al menos, en otros países europeos y norteamericanos, donde ya existen abundantes traba­jos de reflexión. Debíamos iniciar un diálogo con expertos internacionales sobre esta materia5.

Nuestra andadura de estos dos años nos ha permitido avanzar en la bús­queda de un marco conceptual donde la diversidad disciplinar no estuvie­se reñida con un acuerdo sobre los principales rasgos que puedan definir a un líder estratégico en España, desde el siglo xv al siglo xxi, un mínimo consenso entre nuestras visiones particulares. Hemos ampliado además el número de colaboradores en los campos de la historia, la defensa y se­guridad, junto con la empresa privada. Finalmente, hemos podido contar con expertos internacionales del tema.

El libro que tiene el lector en sus manos es el primer resultado de esta in­dagación. Constituye las actas del seminario internacional «The evolution of European strategy and its readers in a long-term, multidisciplinary and international perspective», que tuvo lugar en el Château de Klinghen­thal, Francia, del 30 de noviembre al 1 de diciembre de 2017, bajo los auspicios de la Fondation Johann Wolfgang von Goethe. Se presentaron allí trabajos de expertos españoles, británicos y alemanes sobre aquellas disciplinas.

El volumen se divide en dos grandes apartados: uno está dedicado al liderazgo estratégico en la actualidad; el otro se refiere al estudio de casos históricos, desde Nelson y Napoleón hasta los gobernantes de la Segunda República española. En la primera parte Aznar Fernández-Montesinos y Martínez Paricio nos presentan un amplio marco teórico sobre el tema, desde una perspectiva fundamentalmente militar y sociológi­ca, muy realista y provocadora, donde el liderazgo estratégico se mueve en un entorno occidental muy cambiante, una «sociedad líquida». En la misma línea se inscribe el estudio de González Martín, con referencias a la historia española. Rosenberger nos presenta la dimensión ética del liderazgo estratégico, estudiando la autopercepción de los militares ale­manes después de la Segunda Guerra Mundial, el nuevo concepto de las Fuerzas Armadas en la Alemania de hoy en día.

El análisis histórico ocupa la segunda parte del libro. En estas reflexiones se pueden distinguir algunos indicadores comunes, a las que me referiré a continuación, sin ánimo de exhaustividad. Se refieren al líder, el contex­to, los fines, métodos y resultados.

Los autores estamos satisfechos de traer nuevamente al individuo a nues­tras discusiones académicas. Es evidente que el liderazgo estratégico es una actividad excepcional, desplegada por un personaje excepcional, una personalidad excéntrica en una situación asimismo excepcional. Su actuación constituye todo un «arte», que trasciende a la mayoría social. En consecuencia, los líderes estratégicos no abundan mucho, máxime en una época y un espacio como el mundo occidental del siglo xxi, ca­racterizado por la desaparición del modelo clásico de liderazgo. De vez en cuando surge alguien como Mandela, que es capaz de combinar una visión a largo plazo y la habilidad para lograr resultados en un tiempo razonable. Pero no es un caso frecuente.

El profesor Lambert indaga en los rasgos intangibles de un líder estraté­gico como el almirante Nelson y su impacto en la pintura naval británica, la naturaleza del genio en el contexto de la guerra, el arte de lo «sublime» en el ejercicio del liderazgo. Los profesores Gosling y Jones exploran las tácticas de un líder como Napoleón para alcanzar el poder en la Francia posrevolucionaria y mantenerlo. La crisis de 1898, con la pérdida de las últimas colonias ultramarinas, fue un revulsivo para la sociedad española. Y en aquella coyuntura excepcional de inicios del siglo xx surgen políticos como el primer ministro Canalejas, o marinos como el almirante Ferrán­diz, analizados por González Fernández y Rodríguez González. Ambos lí­deres, dotados de una gran energía y profesionalidad, sentaron las bases de un resurgimiento español en el terreno diplomático, naval y militar, o defendieron hábilmente los intereses nacionales en su política exterior.

Todo ello se relaciona íntimamente con el contexto histórico, el binomio espacio-tiempo. En el caso de Nelson y Bonaparte, la guerra total que sacude a Europa en el periodo de la Revolución francesa y el Imperio napoleónico exige nuevas respuestas a sus líderes estratégicos. Lo mismo sucede en el contexto político y social español tras la derrota de 1898, coincidiendo con una época de gran rivalidad de los imperios europeos que amenazaba las fronteras marítimas hispanas. El escenario nacional e internacional de la Segunda República española es estudiado por Mo­rales Trueba. El periodo convulso de la Europa de entreguerras incidió directamente en aquellos factores —ideológicos, políticos y estratégicos— que condicionaron el liderazgo naval republicano y sus prioridades. Finalmente, Martínez Paricio nos apunta una investigación futura sobre el fracaso del liderazgo estratégico del general Vicente Rojo, en el contexto de la Guerra Civil española y el régimen de Franco.

En cuanto a los fines, a la luz de lo dicho anteriormente se detecta un rasgo común en la doctrina estratégica de aquellos líderes españoles du­rante el primer tercio del siglo xx: la defensa del eje marítimo que unía Baleares, el estrecho de Gibraltar y Canarias, con sus ramificaciones en el norte de África. La finalidad de sus actuaciones era conseguir la estabi­lidad en esta frontera marítimo-terrestre, que estaba siendo sometida a una fuerte presión internacional. Para ello hicieron uso de todos los ins­trumentos al alcance de una pequeña potencia como la española, en un contexto de gran rivalidad entre las naciones europeas. Como es sabido, el liderazgo estratégico constituye un verdadero test de creatividad.

Los métodos empleados son también objeto de análisis en este libro. Llama particularmente la atención el trabajo de Gosling y Jones, que po­nen en relación las tácticas de poder utilizadas por Napoleón y las que se practican hoy en las grandes empresas. La similitud de actitudes del líder que se deduce de esta comparación entre siglos producirá seguramente una cierta incomodidad en el lector. El realismo implacable de Maquiavelo parece flotar en el ambiente. Pero en otros estudios domina la impresión de una gran profesionalidad y fortaleza de espíritu, una apuesta ética, ya se tratase del almirante Ferrándiz —un «cirujano de hierro» de la Marina española—, o del político Canalejas, con su pedagogía parlamentaria.

Estas figuras históricas pagaron el coste de su liderazgo estratégico. Es el caso de Ferrándiz, que fue atacado por sus pares, aquellos jefes navales que se sentían amenazados en sus zonas de confort, a causa de las refor­mas implantadas por aquel. La resistencia tenaz de estos jefes provocó el aislamiento final del marino, que renunció explícitamente a honores y recompensas. El ejemplo de Canalejas es más dramático, pues pagó con su vida los grandes servicios que había rendido a su nación.

El legado de estos líderes estratégicos es patente en el libro, como es la citada defensa y seguridad de aquel eje marítimo que vinculaba mares y archipiélagos, del Mediterráneo al Atlántico. Otro fruto fue la regenera­ción de la Marina española. Obviamente, los europeos debemos mucho al genio naval de Nelson y, sobre todo, a la nueva cultura política inaugu­rada por Napoleón. Pero los resultados de un liderazgo estratégico los estamos viviendo también en la España de hoy. Los penosos aconteci­mientos de Cataluña están sacudiendo a la ciudadanía, pero han tenido desde un principio una respuesta digna por el rey Felipe VI en defensa de la Constitución y el Estatuto de Autonomía, del imperio de la ley y la convivencia necesaria entre los españoles, convencidos europeístas. Es­tos hechos actuales han dado pie a una reflexión de Vianney Martin sobre la utilización de los símbolos nacionales —monarquía, bandera, escudo e himno— en la construcción de una España democrática, un «patriotismo constitucional», una sociedad civil.

Solo resta agradecer al Instituto Español de Estudios Estratégicos, del CESEDEN (Ministerio de Defensa), por habernos brindado su pales­tra para dar a conocer estos resultados científicos. Asimismo estamos muy agradecidos a la profesora Marie Paule Stinzi, directora de la Fon­dation Johann Wolfgang von Goethe, por su magnífica hospitalidad en Klinghenthal durante la celebración de nuestro seminario. Vaya también nuestra gratitud al general Patrice Mompeyssin, por sus buenos oficios como embajador del proyecto en dicha fundación internacional. Por últi­mo, agradecemos al general Luis Alejandre Síntes su amabilidad al acep­tar prologar este libro, que solo representa un primer paso de un análisis más amplio del liderazgo estratégico. La aventura científica continúa.

[i] Investigador científico del Instituto de Historia, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Madrid, España. Es autor de numerosos trabajos de historia marítima y naval, fundamentalmente del siglo xviii. Ha estudiado en particular el liderazgo y la estrategia en la Armada borbónica.

[ii] Mandela, Nelson. El largo camino hacia la libertad. La autobiografía de Nelson Man­dela. Madrid: Aguilar 2010, pp. 543-544. Véase también Stengel, Richard. El legado de Mandela. Quince enseñanzas sobre la vida, el amor y el valor. Madrid: Ediciones Temas de Hoy 2010, pp. 62-70.

[iii] Mandela. Op. cit., p. 575.

[iv] Ibídem, p. 634.