Turismo y seguridad. Turistificación y marca territorio

 

El Programa de Canal Sur, Tesis, ha dedicado un programa a este tema, desarrollado por la Universidad Internacional de Andalucía en colaboración con el Foro para la Paz en el Mediterráneo, durante el mes de julio de 2018 en Málaga.

El curso se desarrolló en la sede de la Fundación Bancaria Unicaja y con el patrocinio de Unicaja Banco

Canal Sur TV. Programa Tesis. Visualizar a partir del minuto 12

Lehman Brothers y la crisis financiera: cuando la vida nos da una segunda oportunidad

(Publicado en iAhorro el 2 de octubre de 2018)

“If we do not learn from history, we are unlikely to fully recover from it” (“Final Report of the National Commission on the Causes of the Financial and Economic Crisis in the United States”, 2011)

Es célebre el desencuentro entre Karl Popper y Ludwig Wittgenstein acaecido en una fecha tan lejana como el 25 de octubre de 1946 en el Club de Ciencia Moral de la Universidad de Cambridge, presidido por el segundo, en un debate sobre filosofía ante la mirada atónita de una treintena de espectadores.

En un momento de la acalorada discusión, Wittgenstein cogió el atizador de la chimenea y, al parecer, amenazó a Popper. Mario Vargas Llosa cita en “La llamada de la tribu” (Alfaguara, 2018), en relación con este episodio, el libro “Wittgenstein´s poker” (“El atizador de Wittgenstein”), de David Edmonds y John Eidinow. Estos periodistas culturales de la BBC, tras un concienzudo estudio, llegaron a la conclusión de que nunca se sabrá con certeza qué ocurrió durante aquellos diez minutos en el King´s College; es más, no es que los testimonios de los supervivientes entrevistados no coincidieran, es que a veces eran contradictorios. Todo esto lleva a Vargas Llosa (pág. 158) a destacar un problema más general: “que el componente ficticio —imaginario o literario— en la historia es tan inevitable como necesario”.

Lehman Brothers se ha convertido en “el símbolo de una crisis que afectó a todos” (Adam Tooze, «Conmemoremos el “día de Lehman”», El País, 9 de septiembre de 2018). Si es arduo saber qué realidad se esconde tras una discusión entre dos pensadores ante 30 personas, es imposible pretender conocer cuál es la verdad histórica de un fenómeno eminentemente financiero y global como el hundimiento de Lehman, cuyos efectos se han mitificado en buena medida (Hyun Song Shin, “Reflections on the Lehman collapse, 10 years later”, BIS, 15 September 2018). Con buen criterio, José Mª Roldán (“Tropezar dos veces en la misma piedra”, Expansión, 21 de septiembre de 2018), ha indicado que “incluso entre los que vivimos la crisis en primera línea parece no existir una visión clara de lo que nos ha llevado a esta situación”.

Nos encontramos con Lehman, en efecto, ante un símbolo, y atribuir significado directo a un símbolo sin tratar de desentrañar lo que de veras late tras él puede llevar a que se alcancen conclusiones y enseñanzas equivocadas, que aceleren la siguiente crisis o que, para su resolución, simplemente no valgan. Además, los grandes pánicos, como ha señalado Robert J. Shiller, aunque recurrentes, son difíciles de ser anticipados, pues se relacionan con la psicología, que, como se sabe, no es una ciencia exacta (“Roundtable: The West´s Decade of Despair”, Project Syndicate, 28 September 2018).

Con frecuencia escuchamos o leemos que el origen de la crisis se puede encontrar en las hipotecas basura, en la quiebra de Lehman Brothers y en la codicia de los banqueros, con preterición de las propias culpas y responsabilidades, individuales y colectivas. Con la parte de verdad que puede haber en aquellos tópicos, la realidad es mucho más compleja y se reflexiona poco, por ejemplo, sobre una globalización de la que todos nos beneficiamos (incluidos, con frecuencia, los detractores de la globalización), que posibilitó que un mundo interconectado no dispusiera de compartimentos estancos aptos para detener el tsunami que se nos venía encima, que arrasó particularmente a los países occidentales.

Este primer impulso de la crisis sirvió para poner de relieve las carencias de cada país. En el caso de España, los problemas de liquidez en los mercados iniciados en 2007, a los que se dio una importancia menor por nuestros representantes políticos, reventaron con virulencia, en 2008, la burbuja inmobiliaria que se formó con la participación, directa o indirecta, activa o pasiva, voluntaria o involuntaria, de una parte sustancial de las instituciones, de las autoridades y de la población.

Después vendrían los masivos impagos hipotecarios, la desaparición del modelo de las cajas de ahorros, los ataques especulativos contra la deuda pública española e italiana, la “reforma exprés” de nuestra Constitución, la amenaza de desintegración del euro, la creación de la Unión Bancaria, el auge de los populismos, el “Brexit”, el riesgo geopolítico…

Volviendo a Lehman, la cuestión principal que debieron resolver las autoridades reguladoras y supervisoras de los Estados Unidos fue si rescataban a esta entidad o la dejaban caer. Optaron por no intervenir y por someter a este banco a las reglas ordinarias de la quiebra, a diferencia de lo actuado, en ambas orillas del Atlántico, con la práctica totalidad de las instituciones financieras con problemas. La parte más sustancial de los rescates se acometió con dinero público, de los contribuyentes, y se hizo buena la máxima de que los grandes bancos son globales en vida pero nacionales en su rescate, liquidación y “muerte”.

No es de extrañar, por tanto, en un terreno propicio para la confusión entre las causas y los efectos, que la deuda de los gobiernos, las corporaciones no financieras y las familias haya crecido conjuntamente entre 2007 y 2017 en 72 billones de dólares [McKinsey Global Institute, “A decade after the global financial crisis: what has (and hasn´t) changed?”, September 2018, pág. 2].

No obstante, desde el punto de vista de la deuda pública, al coste de los rescates bancarios habría que añadir para justificar este  extraordinario incremento, que nos deja prácticamente inermes ante la siguiente crisis, la menor recaudación fiscal, los mayores desembolsos para cubrir prestaciones de desempleo, el inexorable proceso de envejecimiento de la población occidental y el aumento de las cantidades destinadas a las pensiones y sanidad…

El sistema financiero mundial, bajo los auspicios del G-20, se ha transformado en esta década. Los bancos se han recapitalizado, aunque, en general, no han recuperado el nivel de rentabilidad necesario en un escenario de tipos de interés cercanos a cero o negativos, de transformación digital y de aparición de nuevos competidores mucho más livianos y con mejor reputación entre los potenciales clientes. Se han reforzado la regulación y la supervisión, aunque viene al caso recordar que la transformación digital como aceleradora de la innovación financiera ofrece efectos positivos al mismo tiempo que potencialmente negativos, pues, como nos recordó Timothy F. Geithner (“Stress Test. Reflections on financial crises”, Random House Business Books, 2014, pág. 512), la regulación financiera siempre irá por detrás de la innovación financiera (“Financial regulation will never keep up with financial innovation, but regulators should regard it as a constant challenge, and keep at it”).

La Presidenta del Mecanismo Único de Supervisión del Banco Central Europeo refirió en fecha reciente que los bancos europeos deben aprovechar la época de estabilidad o bonanza para llegar a la siguiente crisis (porque antes o después indefectiblemente habrá otra) liberados de la carga de la crisis anterior (“Interview with Danièle Nouy, Chair of the Supervisory Board of the ECB, conducted by Inguna Ukenabele”, 5 September 2018).

¿Dónde se encuentran los riesgos que pueden desatar la siguiente crisis? Las opiniones son variadas: en el exceso de deuda pública y privada, en el mercado inmobiliario, en la banca en la sombra…

¿Qué pueden hacer los particulares para tratar de llegar bien posicionados a este momento? Reducir su deuda y disponer de dinero suficiente para pagar la hipoteca y no tener que vender las acciones y bonos cuando estén a su precio más bajo, es la fórmula propuesta por Teresa Ghilarducci (“Roundtable: The West´s Decade of Despair”, Project Syndicate, 28 September 2018), que, en general, nos parece acertada, y deja entrever los mecanismos psicológicos apuntados por Shiller.

Entretanto, sin necesidad de saber qué ocurrió exactamente hace diez años en aquellos estremecedores días de septiembre, celebremos que, a veces, la vida da una segunda oportunidad, y que las profecías no siempre terminan cumpliéndose.

STEVEN PINKER, EL DEFENSOR DE LA ILUSTRACIÓN

Después de dos siglos y medio, la Ilustración ha demostrado que funciona, posibilitando que, a través del conocimiento, se haya favorecido el florecimiento humano

Me atrevería a decir que ‘En defensa de la Ilustración’ está llamada a ser una obra sumamente relevante en el ámbito del conocimiento económico, pese a no estar escrita por un economista, sino por un especialista en ciencia cognitiva, Steven Pinker, profesor de la Universidad de Harvard. También aventuraría el pronóstico de que no gozará del entusiasmo dispensado a otros textos, aparecidos en los últimos años, centrados en la crítica a las deficiencias observadas en los sistemas económicos imperantes en los países occidentales desarrollados. No cabe esperar un gran respaldo de una comunidad como la de los intelectuales, a la que no se dirigen precisamente grandes halagos: «los intelectuales que se llaman a sí mismos ‘progresistas’ en realidad odian el progreso. No es que odien los frutos del progreso [de los que disfrutan]… Lo que exaspera a los intelectualoides es la idea de progreso: la creencia ilustrada en que nuestra comprensión del mundo puede mejorar la condición humana».

A diferencia de tales evaluaciones demoledoras y, en algunos casos, apocalípticas, el propósito declarado de la obra del profesor Pinker es desmontar la ‘oscura visión’ de que vivimos en un mundo lúgubre. Esa visión es, según él, no simplemente errónea, sino completamente errónea.

La Ilustración, identificada con los ideales de la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso, halló pronto en su camino la oposición de corrientes contrarias. Para Pinker parece una locura que, en pleno siglo XXI, los ideales anti-Ilustración sigan encontrándose presentes en una inusitada gama de movimientos culturales e intelectuales de las élites, además de en sectores como los del fundamentalismo religioso, el nacionalismo, el populismo, y las ideologías políticas de izquierda y de derecha, convertidas en religiones seculares.

La civilización moderna, según algunas tesis influyentes, está en un proceso de declive y camina hacia el colapso. El grueso del libro va dedicado a refutar ese dictamen, sin limitarse a una línea argumental en un plano meramente dialéctico. Su autor parte de exponer algunas de las causas que llevan a alimentar las visiones más pesimistas, entre las que señala la naturaleza de las informaciones que se difunden (las noticias conciernen a las cosas que ocurren, no a las que no ocurren).

Pinker se pregunta qué es el progreso y plantea una serie de dimensiones para su identificación, sobre la base de considerar que la vida es preferible a la muerte; la salud, a la enfermedad; el sustento, a la penuria; la abundancia, a la pobreza; la paz, a la guerra; la seguridad, al peligro; la libertad, a la tiranía; la igualdad de derechos, a la discriminación; la alfabetización, al analfabetismo; el conocimiento, a la ignorancia; la inteligencia, a la torpeza; la felicidad, al sufrimiento; las oportunidades de disfrutar de la familia, los amigos, la cultura y la naturaleza, al trabajo penoso y la monotonía. Dado que todos estos aspectos pueden ser objeto de medición, si se pudiese demostrar que los atributos preferidos han aumentado o mejorado a lo largo del tiempo, habría que concluir que ha habido progreso.

Su defensa de los logros y resultados de la Ilustración se basa, pues, en datos. Apoyándose en una amplia batería de indicadores socioeconómicos nos ilustra documentadamente acerca de cómo han evolucionado los principales elementos que definen el bienestar de las personas. Éstas son algunas de las conclusiones obtenidas:

I. Sea cual sea la edad de una persona, tiene por delante muchos más años de vida, y en mejores condiciones de salud, que las personas de la misma edad en décadas y siglos anteriores.

II. Más de 5.000 millones de vidas han sido salvadas, históricamente, gracias a los descubrimientos científicos.

III. De los 70 millones de personas que murieron en las mayores hambrunas del siglo XX, el 80% fueron víctimas de colectivizaciones forzadas de regímenes comunistas, de confiscaciones punitivas, y de la planificación central totalitaria.

IV. En 1800, un 95% de la población mundial vivía en una situación de extrema pobreza; hoy, la cifra es de un 10%.

V. La desigualdad económica ha aumentado en los últimos años (dentro de los países), pero todo el mundo (en promedio) es hoy más rico. Un aumento de la desigualdad no es necesariamente malo, ni una disminución necesariamente buena.

VI. Los problemas medioambientales tienen solución, a partir de un conocimiento adecuado y de las medidas apropiadas. No se han cumplido algunas profecías catastrofistas, pero existe un problema primordial asociado a las emisiones de CO2.

VII. Pese a los conflictos bélicos subsistentes, el número de víctimas ha disminuido notoriamente, y ha cambiado la percepción social de la guerra.

VIII. Se constata una disminución de las personas fallecidas como consecuencia de distintos eventos relacionados con la seguridad.

IX. Aun cuando sus efectos son menores en comparación con otros riesgos, el terrorismo logra crear un clima de pánico, amplificado por su alcance mediático. La graduación de la reacción ante este fenómeno es clave.

X. En 1971 existían en el mundo 31 países democráticos; en 2015, 103. No obstante, desarrollos recientes muestran la fragilidad de algunos esquemas democráticos.

XI. Los derechos de las mujeres y de la minorías continúan avanzando.

XII. La alfabetización sigue progresando en el mundo.

XIII. La combinación de una semana laboral más corta, un mayor tiempo de ocio retribuido y un retiro más prolongado hace que la fracción de la vida de una persona dedicada al trabajo haya caído un 25% desde 1960.

XIV. El análisis estadístico revela una asociación positiva entre el nivel de riqueza de un país y el grado de felicidad de sus habitantes.

XV. De las amenazas existenciales que angustian a la humanidad, aunque algunas son infundadas, otras son perceptibles, en particular la de la guerra nuclear, lo que exige la adopción de medidas.

Después de dos siglos y medio, la Ilustración ha demostrado que funciona, posibilitando que, a través del conocimiento, se haya favorecido el florecimiento humano. Subsiste un amplio elenco de problemas, pero el progreso no es una utopía y existe margen para continuarlo. Para Pinker, es momento de defender las ideas de la Ilustración frente a nutridas huestes de enemigos, algunos de ellos sorprendentes. Su obra no es sólo una instructiva apología de la razón y del saber, sino también una impresionante fuente de conocimiento.

26.09.2018. Diario Sur de Málaga

 

En defensa de la Ilustración. Índice

Un difícil conyuntura (económica)

Pasado ya el habitual relajamiento veraniego y con nuevos datos y opiniones de los expertos, la situación de la coyuntura económica española presenta para la mayoría de los analistas cinco rasgos básicos:

1.º La continuidad en el crecimiento positivo del PIB. Un crecimiento que, para el conjunto de 2018 y 2019, superará a la media de los países de la UEM según todas las previsiones.

2.º Sin embargo, la mayoría de los analistas apuesta por una cierta desaceleración del ritmo de crecimiento del PIB en este y en los próximos años algo más severa ahora que en las estimaciones anteriores.

3.º Una correlativa pérdida de intensidad en la reducción del paro y en la creación de empleo. Los datos de paro registrado y de afiliación a la Seguridad Social correspondientes al mes de agosto son muy expresivos

El paro registrado ha aumentado en 47.047 trabajadores y la afiliación a la Seguridad Social en agosto se ha reducido en 202.996 personas respecto al mes de julio.

4.º Los precios, dentro de una línea de relativa estabilidad, van iniciando un crecimiento moderado, independientemente de la elevación imputable al incremento del precio del petróleo. Así, entre agosto de 2016 y agosto de 2018 el crecimiento del índice de inflación subyacente ha sido de un 2% frente al 0,8% que se registró entre agosto de 2013 y el mismo mes de 2015.

5.º Finalmente cabe destacar un comportamiento sorprendente del sector exterior. Las exportaciones están reduciendo sustancialmente su ritmo de crecimiento y las importaciones –aunque mantienen su positiva trayectoria– han crecido con más intensidad de lo previsto.

Con ese marco de referencia, el tema que ensombrece el panorama es la prevista desaceleración del crecimiento. ¿Qué razones explican esa pérdida de dinamismo? En el corto plazo estos serían los factores clave: el renacimiento del proteccionismo propiciado por el presidente Trump; el bajo crecimiento de los países europeos y la pérdida de intensidad de la evolución de los países emergentes; la elevación de los precios del petróleo; la tendencia de la política monetaria hacia la suave elevación de los tipos de interés; el fuerte endeudamiento nacional y particularmente público que dificulta cualquier acción compensadora de la política presupuestaria, y la pérdida de intensidad en el consumo de los hogares, una vez pasado el aumento compulsivo que suele seguir a los periodos de crisis, entre otros.

Adicionalmente España tiene unos compromisos por su pertenencia a la UEM, que le obligan en los próximos años a eliminar el déficit público estructural.

Pero existe otra razón para la ralentización del crecimiento que, en mi opinión, es más preocupante y que está pasando un tanto desapercibida seguramente porque exige una visión menos cortoplacista de lo que suele ser habitual. Me refiero al hecho de que el intenso crecimiento desde 2014 ha ido conduciendo a nuestra economía real hacia los límites del crecimiento potencial.

Mientras el PIB efectivo es menor que el potencial, el crecimiento económico puede acentuarse impulsando la demanda global, como ha venido ocurriendo en España en el último quinquenio. Una vez alcanzado el potencial el crecimiento del PIB efectivo, dada la lenta evolución de los factores, exige aumentos de la productividad. Según todos los indicios, la producción real de España debe de estar muy cerca de su valor potencial (según Eurostat ya se alcanzó esa igualdad en 2017).

Sin embargo, el acoplamiento del PIB efectivo al potencial no se produce de forma automática, hay un periodo de adaptación en el que el PIB efectivo puede ‘superar’ al potencial aunque rompiendo con el principio de estabilidad y tolerando cierto nivel de inflación

A la vista de esas características de nuestra coyuntura, la pregunta tan lógica como difícil de responder es: ¿hacia dónde va la economía española?

En mi opinión hay dos trayectorias con mayor probabilidad. La primera de ellas, que podemos denominar ‘trayectoria Solow’, en honor de Robert Solow, premio Nobel de Economía en 1987, se manifestaría en una inicial posición del PIB efectivo superior al PIB potencial, acompañada de una inflación creciente, que se va ajustando paulatinamente a la evolución del PIB potencial.

La segunda trayectoria, que denominaré ‘trayectoria Keynes’ en recuerdo del gran economista John Maynard Keynes, consistiría en una reducción más o menos rápida de la demanda global como consecuencia de la ‘malignización’ de algunos de los factores antes mencionados que irían situando a la economía en una fase decreciente de un nuevo ciclo que, hoy por hoy, no se vislumbra en absoluto tan intenso como el que sucedió entre 2008 y 2014.

Ante estos dos escenarios, ¿qué cabe hacer? Yo creo que existen un par de aspectos en los que debe centrarse la política económica de los próximos años:

1.–Aprovechar el periodo 2019-2021 para sanear el sector público. La eliminación del déficit, el establecimiento de un plan de reducción de la tasa de endeudamiento público y la revisión del sistema impositivo son medidas necesarias que permitan disponer de un sector público más saneado que pueda ejercer una política presupuestaria adecuada.

2.–A medio plazo es necesario avanzar en el cambio de modelo de crecimiento. El potencial productivo de la economía española debe crecer basándose en un aumento de la productividad global de los factores. Lo que implica una política seria de capitalización física, humana y tecnológica. Un simple ajuste de la evolución del PIB efectivo a su trayectoria potencial (con un crecimiento en torno al 1,5% según los estudios disponibles) es demasiado débil como para permitir un aumento sensible de la ocupación y una adecuada generación de bienes y servicios.

En suma, como se ve, pese a las apariencias, el futuro económico de España depende de la voluntad que se ponga en resolver sus problemas de fondo, nada asegura que, si no se hace nada, el crecimiento vaya a seguir discurriendo a las elevadas tasas de estos últimos años.

19.09.2018. Diario Sur. Tribuna

 

Solidaridad del Foro para la Paz en el Mediterráneo (Fundación Unicaja

 

Acnur escolarizará a jóvenes refugiados con la ayuda de la Fundación Unicaja

06.09.2018. Diario Sur. ACNUR y Fundación Unicaja

El proyecto se denomina ‘Mind the Gap’ y se enmarca dentro del interés «por promover iniciativas sociales y educativas que favorezcan la formación integral de los menores»

Acnur, la Agencia de la ONU para los Refugiados, impulsará la escolarización de más de 88.000 menores refugiados con la ayuda de la Fundación Unicaja, que colaborará con el objetivo de reducir la brecha escolar entre estas personas para que aspiren «a un futuro mejor».

El proyecto se denomina ‘Mind the Gap’ y se enmarca dentro del interés de Acnur y Fundación Unicaja «por promover iniciativas sociales y educativas que favorezcan la formación integral de los menores», en este caso, la acción se centra en los niños y jóvenes refugiados que han huido de sus países de origen.

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