¿Es un problema el aumento de la población mundial?

 

14.07.2020. CNN. La población mundial probablemente disminuirá después de 50 años Por Amy Woodyatt, CNN
Unos 23 países, incluidos Japón , Tailandia, Italia y España, verán que las poblaciones se reducen en más del 50%, dijeron los investigadores.
Sin embargo, la población del África subsahariana podría triplicarse, lo que permitiría que menos de la mitad de la población mundial fuera africana para fines de siglo.

África. Su seguridad, paz y normalidad: una necesidad para la Unión Europea

 

25.06.2020. Archivo de África. Archivo de África Un análisis y evaluación quincenal del movimiento salafista yihadista en África y las dinámicas políticas y de seguridad relacionadas. Cada edición comienza «De un vistazo». Siguen las actualizaciones específicas del país

África ante el COVID-19 y sus relaciones con China

TITULARES PRINCIPALES: ÁFRICA OCCIDENTAL

29.04.2020. El Diario.es África no se va a librar del coronavirus: los casos se disparan en una semana y se temen 10 millones de contagios

17.04.2020. Consejo de la UE. Situación en África por el COVID-19

15.04.2020. La Vanguardia. China teje una telaraña sobre el África negra La República Popular ejerce de potencia global en un continente lleno de oportunidades, por ALEXIS RODRÍGUEZ-RATA

14.04.2020. McDonald’s China se disculpa por prohibir a las personas negras de una tienda Por Jordan Valinsky , CNN Business

13.04.2020. La Vanguardia. Varios países africanos protestan por el trato de China a sus ciudadanos, por ISMAEL ARANA, HONG KONG. CORRESPONSAL

13.04.2020. CNN. Beijing enfrenta una crisis diplomática luego de que informes de maltrato a africanos en China causen indignación

13.04.2020. Noticias de Israel. China está censurando la publicación de estudios sobre el origen del coronavirus

La oportunidad africana, por Josep Borrell, ministro de AA.EE. y Cooperación

El primer europeo que avistó las fuentes del Nilo azul en 1618 fue un jesuita español, Pedro Páez. Sin embargo, hubo que esperar más de dos siglos para que se escribieran en Europa novelas sobre la búsqueda de esas fuentes, cuando exploradores británicos como David Livingstone o Sir Richard Francis Burton emprendieron esa exploración. Creo que los propios españoles ignoramos los vínculos que, desde hace siglos, nos unen a África.

España es el único país de la Unión Europea que tiene una frontera terrestre con África. Más de dos millones de españoles viven en las Islas Canarias, una parte de España que ha entendido como nadie que su situación geográfica frente a las costas africanas se puede transformar en un valioso activo para impulsar el crecimiento económico y el bienestar de sus habitantes.

Económicamente, África crece hoy por encima de la media mundial. Seis de los países del mundo que más crecerán en 2019 son africanos, y con ese crecimiento se amplía la clase media y se reduce la pobreza. Su población pasará de los 1.200 millones actuales a 2.500 millones en el año 2050. Evidentemente este crecimiento plantea un reto importante, pero también encierra una gran oportunidad, ante todo y sobre todo para los africanos, pero también para España y nuestros ciudadanos.

Por eso hemos elaborado el III Plan África. El Plan hace un análisis ambicioso pero realista de dónde podemos tener un impacto que genere un arrastre de las inversiones en África. No podemos concentrarnos únicamente en los recursos públicos: sólo la inversión privada tiene el músculo suficiente como para enfrentar este desafío. El Banco Mundial cifra en 902 millones el número de puestos de trabajo que el continente debe crear en los próximos 30 años. No es una tarea a la que puedan hacer frente los Gobiernos solos. Pero el Gobierno tiene que abrir el camino. Tenemos Embajadas en 28 de los 54 países de África, lo que nos convierte en uno de los países europeos con mejor implantación en África.

La inversión privada -africana y extranjera- puede crear los empleos necesarios pero los gobiernos podemos contribuir a que esa inversión y ese empleo resulten en sociedades más cohesionadas y equitativas, en línea con la Agenda 2030. La Cooperación española trabaja en África en sectores cruciales como la gobernabilidad democrática; la salud y el desarrollo rural, la modernización de la agricultura y la seguridad alimentaria. Damos prioridad a las mujeres con programas de promoción de la igualdad y a los jóvenes, con programas de formación y empleo.

Cuando hablamos de África la primera imagen que viene a la cabeza es la del reto migratorio. Aunque el Plan África no tiene un enfoque prioritariamente migratorio, la consecución de sus objetivos contribuiría enormemente a aliviar la presión migratoria.

Hay que tener presente que cuatro de cada cinco migrantes africanos se dirigen a otros países africanos. Existen hoy países, como Costa de Marfil, Nigeria, Sudáfrica y Etiopía, que son polos de crecimiento y atraen por ello flujos de trabajadores de la región. Deberíamos priorizar la consolidación de estos países como exportadores de prosperidad y estabilidad hacia sus países vecinos.

Porque la única forma de aliviar la presión migratoria es crear oportunidades para los jóvenes hombres y mujeres de África en su propio continente, y eso es lo que pretende el Plan África. Somos conscientes de nuevas amenazas, como los efectos del cambio climático. Nos preocupa especialmente el avance de la desertificación, pues la pérdida de terreno cultivable y la presión por recursos menguantes, incluyendo el agua, es quizá el mayor desafío de África y fuente de cada vez más conflictos. La democracia está echando raíces profundas en el continente. Hace sólo unos días vimos elecciones democráticas en Senegal y en el mayor país del continente, Nigeria. Pero la democracia y los derechos humanos no han llegado aún a todos los rincones de África y debemos seguir luchando para que lo hagan. También hay cada vez menos conflictos violentos, pero subsisten amenazas a la paz. España ha demostrado su compromiso con la paz en el continente: más de 1.000 soldados españoles trabajan cada día para apoyar el objetivo de la Unión Africana de silenciar las armas para el año 2020. La promoción de la paz y la seguridad es el primero de los cuatro objetivos estratégicos del III Plan África: sin paz y seguridad no puede venir todo lo demás.

Hay una nueva África que empieza a nacer y que está cargada de esperanza, para los africanos y para los que demuestren desde el principio que desean ser sus socios. Por eso he viajado a Gambia y a Etiopía. Ambos países son ejemplo de esa nueva África. Gambia está realizando una ejemplar transición a la democracia tras 22 años de dictadura, derribada en las urnas. Etiopía ha encontrado el camino a la paz tras una larga guerra con Eritrea. Paz y democracia abren excitantes posibilidades, y España debe participar de ellas.

2019: Tensiones y pasiones

No es arriesgado predecir las grandes coordenadas de 2019 pues se han ido diseñando con fuerza durante 2018. Oriente Medio, una de las puertas del Mediterráneo compartido: el presidente Trump ha decidido la retirada de las fuerzas armadas de los Estados Unidos de Iraq y de Siria, dejando el campo libre, una vez más, a Rusia. No hay que olvidar que el denominado Estado Islámico y Al Qaeda siguen ocupando territorio y mentalidades en esos dos estados fallidos. La ONU estima que África será el gran granero poblacional a finales del siglo XXI con la mitad de la población mundial. China tomó ventaja con una importantísima presencia económico-financiera en dicho continente. En Europa se habla, en estos días, de una inversión de 40.000 millones de euros para contribuir al desarrollo africano, crear puestos de trabajo, contener la emigración y potenciar la educación endógena. Puede que estemos en los preliminares del debatido y no menos urgente ‘Plan África’ al estilo ‘Plan Marshall’ que benefició enormemente a Europa (España no fue beneficiaria) tras la II Gran Guerra. En el Mar de China se están dando hechos de alta tensión entre EE UU, China, Rusia y Japón a causa de reivindicaciones de fronteras con islas en debate incluidas e imposiciones de reglas comerciales. Las grandes tensiones tienen un trasfondo de guerra comercial: Trump optó por el unilateralismo (America first) y China se desvela por el multilateralismo y la defensa a ultranza de la Organización Internacional de Comercio (OIC). Rusia prosigue su expansión y presencia ‘imperial’ en Oriente Medio (sobre todo, tras la anunciada retirada de EE UU), con la mirada fija en las naciones fronterizas del antiguo Pacto de Varsovia (Ucrania-Crimea como referencia, pero hay más con un proyecto de base militar en Venezuela). A Europa desunida regresó una inquietante ola o más bien tsunami de nacionalismos centrífugos, con el ‘Brexit’ a título de ejemplo, en donde los populismos extremos, de derecha e izquierda, están promoviendo una ‘realidad alternativa’ con la confusión entre la verdad y la mentira, que es lo que hoy calificamos ‘posverdad’, en donde se incluyen desde los negacionismos (como las cámaras de gas de Hitler) hasta un relativismo radical que todo invierte o retrotrae. Irrumpe la ‘moral de situación’ y los aparentes nuevos valores éticos quedan diluidos en el voto de los populismos. Se distorsionan las escalas de valores de la tradición y se adultera la historia del tiempo de los pueblos. No me cabe la menor duda que situaciones semejantes, sin la globalización, se dieron en el pasado (baste recordar los años 30 en Alemania que sentó las bases del nazismo y el III Reich). América latina y el Caribe vuelve a convertirse en un laboratorio en donde democracia y dictadura se enfrentan por abrirse paso hacia la hegemonía regional.

Estos hechos preocupantes que anuncia el Año Nuevo 2019 tienen un telón de fondo: estamos en plena Guerra Fría, sin que acaso seamos conscientes de ello. Han saltado por los aires importantes tratados de desnuclearización y se ha dado luz verde a una desabrida carrera armamentística, abanderada por Trump y con consiguientes repercusiones en la producción y armamento nuclear en China, Rusia, Reino Unido, Francia, India, Paquistán, Israel (y probablemente Corea del Norte e Irán), detentores del arma atómica. Esta euforia atómica ha contaminado a los países emergente y a los del Golfo petrolero a pretender adquirir llave en mano plantas nucleares (con fines civiles, dicen).

Tras esta esquemática presentación de hechos reales (que no ‘alternativos’) resulta harto difícil extraer conclusiones ante realidad tan zozobrante. ¿Nos preparamos para la guerra o nos rearmamos para la paz? Es extremadamente complejo predecir el futuro. Centrémonos en Europa: ante las tendencias anti-unionistas y ante el resurgir de la propensión al repliegue de la soberanía a los Estados-nación, Macron y Merkel proponen la creación de un Ejército Europeo que, en el fondo, piensan sería una garantía para afianzar la unión política. Incluso Macron decidió una reimplantación en Francia del servicio militar obligatorio con contenido ‘social’. Un Ejército unitario ante el fracaso de unas Fuerzas Armadas integradas por los ejércitos nacionales, (cuya contribución puntual a misiones de paz de la Unión Europea, como en Mali –(en donde la modernizada fuerza de intervención de La Legión fue y es de gran eficacia en la lucha contra el terrorismo)–, es de signo positivo.

Ante la ‘realidad alternativa’ de los populismos (en donde no todo es negativo, aunque sus estrategias sí que lo son), hay que ir fabricando un nuevo concepto de ‘sociedad del bienestar’, basado indudablemente en el reparto y en la solidaridad, lo que de por sí reinstalaría valores imprescindibles de convivencia cimentada en el trabajo productivo y en el socialmente útil, en la educación y en la sanidad generalizadas y gratuitas, así como en el derecho a una vivienda digna para todo ciudadano. Para ello, sigue siendo válida, en España, la Constitución de 1978 y su desarrollo legislativo aún pendiente (como el derecho de huelga).

La solidez de una sociedad (y de un Estado o de la Unión Europea) se basa en el binomio tradición-modernidad. Se basa también en un Estado de Justicia enraizado en su propio ordenamiento jurídico-democrático y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que devuelva al ciudadano la motivación que sólo puede asentarse en el bien común y en principios distributivos y de solidaridad activa. Sin ello, el futuro será guerrero.

05.01.2019. Diario Sur de Málaga. La Tribuna