Los países árabes que no vivieron la primavera árabe ¿la viven ahora?: Sudán

La primavera de 2019 rejuveneció de golpe. Se le puso cara de 2011. En apenas diez días, cayeron dos líderes de países del Norte de África. Dos regímenes autoritarios que todos los expertos daban por bien pertrechados. Como entonces a Ben Alí y Mubarak, en Túnez y Egipto respectivamente, la presión popular en las calles se ha llevado por delante ahora en Sudán y Argelia a Omar al Bashir y Adelaziz Buteflika, que sumaban entre ambos medio siglo al frente de sus países.

La presión popular, traducida en movilizaciones pacíficas sostenidas durante meses, ha surtido efecto. En Argelia, el catalizador del levantamiento parece haber sido la decisión del régimen de imponer a Buteflika para un quinto mandato pese a que el ya expresidente, de 82 años y en el cargo desde 1999, llevaba más de un lustro sin hablar públicamente. Tras arreciar las protestas, Buteflika cedió primero a medias, anunciando que no se presentaría a la reelección. Pero esa victoria parcial si acaso insufló entusiasmo a la población volcada en las calles, que reclamó su dimisión inmediata hasta lograrla. El 11 de abril, el presidente provisional Abdelkader Bensalá anunció elecciones para julio, esta vez sin el concurso de Buteflika. Pero queda mucha tela que cortar: el nombramiento de Bensalá fue recibido con multitudinarias protestas estudiantiles. Se sospecha de las lealtades del presidente interino, que lideró el Senado durante 17 años y al que no se presume demasiado interés en atajar las redes de poder clientelar que dominaban el país bajo el mandato de Buteflika.

En Sudán, Omar al Bashir probó todos los trucos del manual del tirano en su batalla por mantener el poder durante el casi medio año de protestas: impuso un estado de emergencia, nombró a oficiales de seguridad como gobernadores de varias provincias, prometió diálogo nacional mientras sus tropas disparaban y apaleaban a los manifestantes, que pedían el fin de su mandato de treinta años. Pero el pueblo le echó un pulso definitivo en forma de acampada masiva en torno a su residencia en Jartum que duró cinco días, hasta que el Ejército dijo basta. Para el miércoles, Al Bashir dormía en la cárcel y su sucesor, un alto cargo del Ejército y cabecilla del golpe contra él, había dimitido también.

Con sus diferencias –Sudán es un país con un pie en el África subsahariana y otro en el mundo árabe, del que Argelia es bandera–, las crisis de ambos países comparten un sustrato económico y unas degeneraciones políticas que hacen pensar en un efecto contagio similar al que tuvo lugar hace apenas siete años, cuando las ansias de libertad corrieron como la pólvora por la región.

El poder en la sombra

Lejos de resultar suficiente, la marcha de Buteflika bien podría ser un punto de inflexión para los cambios mucho más profundos que ansía el pueblo argelino, que no ha abandonado las calles desde finales de febrero: así lo cuentan en Le Monde Diplomatique Akram Belkaïd y Lakhdar Benchiba, quienes ponen el acento en las críticas al entorno de Buteflika, en especial sus hermanos, Said y Nacer. Los manifestantes, cuentan, exigen en fin del régimen de Buteflika en su conjunto, y el establecimiento de una Segunda República. Muchos demandan una Asamblea Constituyente. Ante todo, ponen encima de la mesa una pregunta: ¿quién corta el bacalao en Argel?

“El movimiento no tiene precedentes. Desde la independencia, en julio de 1962, Argelia no veía protestas como estas, pacíficas y extendidas por todo el país, incluidas las ciudades del sur”, escriben los periodistas argelinos, en un texto que aúna la crónica sobre el terreno con el análisis político de altos vuelos. “Cada viernes, al arrancar el fin de semana, cientos de miles de personas marchan por las calles, al grito de ‘Silmiya’ (pacífico). Las protestas aúnan a gente de todas las edades, especialmente jóvenes, que hasta ahora habían mostrado poco interés en la política. Otros días, se mantiene la iniciativa mediante sentadas y marchas con abogados, investigadores, académicos, periodistas y funcionarios jubilados”.

Para los autores, los argelinos llevan años preguntándose quién les gobierna de verdad, ante un Buteflika enfermo y desaparecido de la vida pública. “Todo termina redundando en la identidad de los décideurs (los que toman las decisiones), un término utilizado por primera vez por Mohamed Boudiaf, cofundador del FLN (Frente de Liberación Nacional), a su regreso del exilio en enero de 1992”. El exlíder opositor utilizó el término para justificar su pacto con el diablo en forma del régimen que había vilipendiado durante años, y aceptar así un cargo gubernamental en un momento clave, sin revelar quiénes se lo habían pedido, y que siguen haciendo y deshaciendo en el país magrebí.

“Nadie sabe a ciencia cierta quiénes son, ni cómo, o después de qué negociaciones, los ‘Eneristas’ decidieron ponerle fin a la Primavera Argelina –la transición democrática que arrancó después de las revueltas de octubre de 1988, cuando las tropas dispararon sobre cientos de jóvenes manifestantes (la cifra no oficial de muertos fue de 600)”–, señalan. “El Gobierno había presentado varias reformas, incluida la autorización de un sistema de partidos y la liberalización de los medios. La crisis de hoy es igualmente opaca, aunque las circunstancias sean diferentes. Una pancarta portada por un manifestante en Argel en marzo rezaba: ‘¿Quién mueve los hilos de la marioneta Buteflika?’. Otra se preguntaba: ‘¿Por qué deciden los décideurs?’. Estas preguntas no son nuevas. Para encontrarles respuesta, es útil recordar cómo consolidó Buteflika su poder personal en el corazón del régimen”. Los periodistas apuntan a una serie de empresarios cercanos al hermano del expresidente, Said Buteflika, incluyendo algunos cuyas empresas eran modestas en los 2000, pero han crecido gracias a contratos adjudicados por un Estado que ha redistribuido los ingresos del petróleo para alimentar “el capitalismo de connivencia”. Los décideurs, así, serían oligarcas que quitan y ponen primeros ministros y reclaman programas de privatizaciones, incluido en el sector de la energía. Son, huelga decirlo, los primeros interesados en minimizar los cambios, también tras la caída de Buteflika.

Pero no lo van a tener fácil. “Desde el 22 de febrero, fecha de la primera gran manifestación, se hizo evidente que Argelia está gobernada por una regencia”, apuntan Belkaïd y Benchiba. “El movimiento demanda ahora un cambio de régimen que vaya mucho más allá de la retirada del clan del presidente. El eslogan ’Yatnahaw ga’ (que se vayan todos) está por todas partes”. La resiliencia de las manifestaciones ha demostrado, concluyen, “que los partidos de la alianza presidencial, los oligarcas y las organizaciones de masas serviles al régimen no pueden impedirle al pueblo que tome las calles, ni siquiera pagando a matones para que alteren el orden en las marchas. La cantinela de la ‘desestabilización’ exterior no ha convencido al pueblo argelino, habitualmente sensible a cuestiones de soberanía. Es hora de que el Ejército termine el viraje dejando de lado la política”.

La revolución no será violenta

El pueblo sudanés es tozudo. Una y otra vez, se empeña en demostrar que es posible derrocar a un régimen opresor sin recurrir a la violencia. En The New Yorker, el escritor ganés Anakwa Dwamena relataba la extraordinaria historia de Sudán, un país que, desde su independencia en 1959, ha logrado tumbar a sendos gobiernos autoritarios, en octubre de 1964 y abril de 1985. El texto, escrito semanas antes de la caída de al-Bashir, ofrece una mirada larga a los antecedentes de la revuelta contra el presidente, que llegó al poder en 1989 aupado por un golpe que dio inicio a la Revolución Islámica en su país, que hoy ocupa el puesto 167 de 189 en el ranking de desarrollo de las Naciones Unidas, y se ha visto superado por una crisis en torno a la subida en el precio de los alimentos, medicinas, combustibles y transporte.

Dwamena acude a uno de los líderes de la revuelta del 64, el ahora profesor emérito de la Universidad de Missouri Abdullahi Ibrahim, para analizar la fortaleza de la rebelión que terminó por tumbar a Al Bashir. “Esta gente lleva en el gobierno treinta años y nunca se habían enfrentado a una amenaza como esta”, declara Ibrahim, que señala orgulloso que el legado de su revolución de los sesenta está a buen recaudo entre los jóvenes que hoy ponen en solfa al régimen sudanés. “‘Ni siquiera es comparable a la de los rebeldes de las montañas de Darfur”, añade, en referencia a la región en la que se llevó a cabo una campaña de asesinatos y violaciones masivas contra civiles entre 2003 y 2008, por la que la Corte Penal Internacional de la Haya tiene en busca y captura a Al Bashir.

Las protestas se han minimizado en los medios como ‘revueltas por el pan’ o un coletazo de la primavera árabe”, escribe Dwamena, que detalla a través de una de sus víctimas la feroz respuesta del régimen de Al Bashir a las protestas que arrancaron en diciembre de 2018. “Pero ambas descripciones suponen una lectura errónea de la situación en Jartum. Sudán tiene una larga historia de desobediencia civil pacífica (…). Para mucha gente en Sudán, el gobierno actual, que llegó al poder tras un golpe que anuló los avances de las protestas civiles de 1985, siempre ha sido un error a corregir”. Según el escritor, lo que subyace tras las protestas es una concatenación de factores, entre los que priman los económicos. “En los años del boom petrolero, entre finales de los 90 y los 2000, había un contrato implícito entre el gobierno y las clases altas: al gobierno se le dejaba en paz a cambio de que mantuviera grandes subsidios a la producción de petróleo, el pan y la protección de la violencia”, señala. “Una economía tambaleante ha hecho de cada vez más sudaneses, no sólo las clases bajas, víctimas de la economía de Estado militar. Casi la mitad de la población vive por debajo del nivel de la pobreza, de acuerdo con las últimas estimaciones, y la inflación ha subido un 30% en relación con el año pasado. Con la respuesta de mano dura del gobierno a las protestas, más gente ha caído víctima de la violencia del Estado”.

Sin puertas al campo

En ese contexto, resulta casi milagroso que los manifestantes hayan logrado desembarazarse del cabecilla de la deposición de Al Bashir, el exministro de defensa Awad Ibn Auf, practicante del cambio estilo Gattopardo. Ibn Auf se había erigido en un principio en líder de un gobierno militar “de transición” que iba a durar la friolera de dos años.

Como cuenta la BBC, los manifestantes siguieron en las calles durante cuatro días tensos y sangrientos tras el derrocamiento de al-Bashir, acampando a las puertas del cuartel general del ejército de Jartum hasta forzar la salida de Ibn Auf. “Los manifestantes celebraron su salida abrupta”, informaba la cadena británica, “pero la Asociación Profesional Sudanesa, que ha estado liderando las protestas, anunció que las sentadas continuarían: ‘Exigimos a las fuerzas armadas que aseguren el traspaso inmediato de poder a un gobierno de transición civil’, proclamaron en un comunicado en Facebook. “Además, reclamaron la abolición de ‘decisiones arbitrarias por parte de líderes que no representan al pueblo’, y la suspensión del uso ‘de todos los símbolos del antiguo régimen, que protagonizó crímenes contra su pueblo. Hasta que no se cumplan por completo estas demandas, debemos continuar con nuestra sentada en el Comando General de las Fuerzas Armadas’”.

El redactor jefe para África de la cadena, Fergal Keane, concluye: “El régimen avanza a trompicones desde que arrancó esta fase de las protestas. Los viejos modos de la coerción no han funcionado, y se enfrentan a una sociedad civil bien organizada y disciplinada. Este es un paso atrás y lo más probable es que no sea el último. Estamos en un momento apasionante: hay que tener en cuenta el papel fundamental de las mujeres, las redes sociales y la sociedad civil en todo esto. Sucede en Sudán, pero lo significativo de estas fuerzas trabajando pacíficamente por el cambio es universal. Sí, es algo muy precario, pero también está lleno de posibilidades”.

El partido se juega en casa, y fuera

Conviene no subestimar la precariedad de la coyuntura. Las fuerzas contrarrevolucionarias son variopintas, y no todas endógenas. En una entrada del blog de política internacional Informed Comment, el periodista británico especialista en la región Jonathan Fenton-Harvey señala al Golfo Pérsico para encontrar a los probables aguafiestas, tanto para Sudán como para Argelia. “Tanto Arabia Saudí como los Emiratos Árabes Unidos bien podrían intentar interferir con fuerza en la transición política del país y detener su progreso”, escribe Fenton-Harvey. “Esto podría asegurar su propio dominio regional y aplastar cualquier transición democrática positiva que pueda ser vista como inspiración por fuerzas reformistas en sus propios países; y socavar una presencia islamista más fuerte después del golpe”. La clave podría estar, una vez más, en la historia: en 2013, Arabia Saudí y los Emiratos apoyaron la toma del poder de los militares en Egipto, propiciando el ascenso del general Abdelfatá al Sisi, y aniquilando por completo la Revolución de la Plaza de Tahrir. Lo hicieron para acabar con el gobierno de los Hermanos Musulmanes, aliado del rival de ambas potencias del golfo, Qatar, y limitar de paso todo asomo de democratización en el mundo árabe.

Algo parecido podría suceder en Sudán, donde el ejército sigue esforzándose por asegurarse el poder después de la revolución que depuso a Al Bashir y forzó la dimisión de su sucesor. La participación militar de Sudán en la guerra de Arabia Saudí y los Emiratos en Yemen hace que estos vean al Ejército sudanés como un importante aliado.

Tanto Arabia Saudí como los Emiratos, escribe Fenton-Harvey, “se están esforzando por mantener a Sudán de su lado, en gran parte para alejarlo de la órbita de Qatar y Turquía. No es sólo que Sudán fuera receptor de ayuda militar de ambos, sino que el apoyo del régimen saudí y el de los Emiratos aumentó en especial durante las protestas, al tiempo que Jartum se alejaba de Qatar, según se cuenta para mejorar su seguridad política y económica. De momento, el golpe es especialmente favorable a los Emiratos Árabes Unidos, ya que el ejército ha arrestado a varias figuras de los Hermanos Musulmanes ligados al régimen sudanés. Abu Dabi es hostil al islam político, en especial a los Hermanos Musulmanes… y ambos regímenes han reprimido a la organización y otras islamistas que tratan de expandir su hegemonía regional. Por eso, apoyar al Ejército sudanés les puede seguir resultando beneficioso”.

El periodista concluye con una voz de alarma: “Salvo que desde dentro de Sudán se tomen medidas para salvaguardar el proceso revolucionario de la injerencia de fuerzas externas, la historia se podría repetir y la transición podría serle útil a las ambiciones geopolíticas de Arabia Saudí y los Emiratos, en lugar a los deseos del pueblo sudanés”.

No hace falta remontarse a la primavera egipcia para encontrar las manos ensangrentadas del régimen saudí injiriéndose en la región. Hace una semana, The Wall Street Journal relataba cómo Riad untó con decenas de millones de dólares al señor de la guerra libio Jalifa Hafter, que despliega a sus mercenarios para tratar de tomar el control de Trípoli en una ofensiva desde el Este del país. La ofensiva, que amenaza con hacer saltar por los aires al gobierno reconocido por las Naciones Unidas y desatar otra guerra civil, ha desplazado ya a 6.000 personas de sus casas, y se ha saldado hasta la fecha con al menos 58 muertos y 275 heridos.

Es la economía, estúpido

La indignación popular que prendió en Túnez a finales de 2010 y se extendió por el mundo árabe sigue viva y coleando, a pesar de los pesares. Así lo cuenta en el Financial Times el corresponsal para Oriente Medio, Andrew England. “Muchos vieron la llamada Primavera Árabe como un fracaso”, apunta. “Estallaron conflictos en Libia, Siria y Yemen que siguen infligiendo miseria a millones de personas hoy en día, al tiempo que muchos gobiernos árabes reaccionaron volviéndose todavía más opresivos en su afán de ahogar el mínimo soplo de disensión. Los gobernantes también han usado los ejemplos de Libia y Siria para agitar el miedo entre su gente y advertir contra la movilización. Pero Sudán y Argelia demuestran que a las poblaciones indignadas no siempre se les logra acobardar”.

England encuentra patrones comunes en ambas crisis de régimen, perfectamente extensibles a la región. “Los expertos llevan tiempo advirtiendo de que las causas de raíz de los levantamientos de 2011 no se han abordado. En lugar de hacerlo, se ha mantenido tapada precariamente una olla que hervía a fuego lento. Durante años, los déspotas del mundo árabe se servían de sus contratos sociales para mantener la estabilidad, de hecho utilizando mordidas estatales financiadas por petrodólares como contrapartida a las libertades políticas limitadas. Pero ahora que los gobiernos de la región se enfrentan a una creciente deuda, los déficits en aumento y la explosión demográfica de unas poblaciones cada vez más jóvenes, esos contratos se están deshilachando”. Sudán, sin ir más lejos vio cómo crecía un sesenta por ciento la inflación en 2018, después de reiteradas devaluaciones monetarias y recortes impuestos bajo la presión del FMI.

“Se han recortado los subsidios de alimentos, energía y combustibles en toda la región, lo que ha hecho que aumenten los costos de la vida mientras se disparaba el desempleo. El mundo árabe tiene la tasa de paro juvenil más alta del mundo, con en torno a 30% de los jóvenes entre 15 y 24 años sin trabajo. El resultado es que se le está exigiendo a los hogares que hagan sacrificios cada vez mayores con libertades políticas mínimas”.

El cóctel explosivo no ha cambiado: lo forman la desigualdad creciente, el autoritarismo sordo y la humillación regional perpetrada por regímenes militares y dinásticos que esquilman a sociedades ricas en recursos y capital humano. En Jartum y Argel vuelve a resonar el cántico de “ash-shab yurid isqat an-nizam,” (el pueblo quiere derrocar al régimen), himno de aquel 2011 electrizante. Aquello terminó en tragedia en casi todas partes, con Libia y Siria como testamentos lúgubres de lo que pudo haber sido. La mecha ha vuelto a prender. ¿Se podrá derrotar esta vez a la contrarrevolución?

19.04.2019. El País. Álvaro Guzmán. Sudán y Argelia: ¿rebrotes de la ‘primavera árabe’? Un análisis de la actualidad internacional a través de artículos publicados en medios globales seleccionados y comentados por la revista ‘CTXT’

La Fiscalía de Sudán ordena investigar al ex presidente depuesto Omar Al Bachir por blanqueo de dinero

La Fiscalía sudanesa ordenó hoy abrir una investigación por blanqueo de dinero y posesión de grandes cantidades de moneda extranjera sobre el ex presidente Omar al Bachir tras encontrar en su residencia más de 6 millones de euros, por lo que podría ser condenado hasta a 10 años de prisión.

Miembros del Ejército y la Inteligencia sudanesas entraron en su residencia y hallaron más de 6 millones de euros, 351.000 dólares y 5 millones de libras sudanesas, lo que equivale a 105.000 dólares al cambio actual, dijo el fiscal anticorrupción, Moatasem Abdulán Mahmud, en un comunicado.

20.04.2019. El Mundo

Sudán pasa a estar bajo control de ‎Arabia Saudita

Finalmente, el presidente sudanés Omar el-Bechir no fue derrocado por el general Ahmed Awad ‎Ibn Auf, como escribíamos recientemente [1]. Todo fue sólo ‎una farsa bien montada.‎

El general Ahmed Awad Ibn Auf está casado con una hermana del ex presidente Omar el-Bechir y ‎nadie ha visto a este último en la cárcel. Al parecer, el-Bechir y toda su familia fueron sacados del ‎país, probablemente hacia a Uganda, bajo la protección de Estados Unidos –que oficialmente ‎lo acusa de genocidio pero que en realidad siempre lo ha apoyado.‎

Por su parte, el general Abdel Fattah Abdelrahmane al-Burhan (ver foto) –a quien la familia de ‎Omar el-Bechir entregó el poder pacíficamente– no está entre los principales líderes militares ‎sudaneses, pero fue jefe de las fuerzas sudanesas que luchan junto a Arabia Saudita en Yemen. ‎

Eso indica que Sudán, país que vivía del apoyo económico de Qatar, pasa ahora a estar ‎bajo control de Arabia Saudita. Se trata por consiguiente de una nueva pérdida para la ‎Hermandad Musulmana y para Turquía, que cuenta con una base militar en la isla sudanesa de ‎Suakin. ‎

Ahmed Awad ‎Ibn Auf

«El derrocamiento de Omar el-Bechir‎», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 16 de abril de 2019.

20.04.2019. Red Voltaire.

 

Siete días en Política Exterior

Europeización y aislamiento del independentismo en el 1-O, Carlos Carnicero

El aniversario del 1 de octubre deja en Europa dos claves: se ha europeizado la discusión sobre Cataluña, pero sus apoyos siguen siendo marginales, a pesar de sus victorias judiciales en Alemania y Bélgica. Leer más…

Brexit: ¿quién cederá antes?, Peter Kellner

Las negociaciones no marchan bien. El lenguaje duro no ayuda, pero no son la causa del enfrentamiento. A menos que alguien sacrifique algunas de sus líneas rojas, la posibilidad de no llegar a un acuerdo es cada vez mayor. Leer más…

Consultas ciudadanas para impulsar la UE, Política Exterior

La idea de fondo es que, a través de mecanismos participativos sin carácter vinculante, sería posible revertir la apatía que se ha adueñado de las elecciones europeas con el paso del tiempo. Con todo, la iniciativa no está exenta de problemas. Leer más…

¿Es la industria de defensa estratégica para España?, Agenda de Política Exterior

La polémica en torno a la venta de armamento español a Arabia Saudí, que podría estar cometiendo crímenes de guerra en Yemen, ha puesto el foco sobre el comercio de armas en particular y la industria de la defensa en general. Leer más…

#ISPE: Amazon en la mira de Bruselas

Tras imponer una multa millonaria a Google, la comisaria de Competencia de la Unión Europea, Margrethe Vestager, ha anunciado una investigación preliminar contra Amazon por supuestos abusos de posición dominante. Leer más…

El Foro para la Paz en el Mediterráneo y CIFAL-Málaga UNITAR

De izda a dcha: Rafael Vidal, Arturo Rodríguez Menéndez y Javier Such. Tres artífices del éxito

Unicaja Banco reafirma su alianza con el centro Cifal de la ONU en Málaga

Firma un convenio para ofrecer apoyo a las políticas de inclusión financiera y desarrollo sostenible

29.09.2018. La Opinión de Málaga. Leer más

Unicaja Banco firma un acuerdo con la sede de Cifal en Málaga para fomentar políticas de desarrollo sostenible

28.09.2018. Diario Sur. Leer más

Málaga divulgará los Objetivos de Desarrollo Sostenible en la recién inaugurada oficina de Cifal

28.09.2018. Europa Press. Leer más

Palabras del Director del Foro para la Paz en el Mediterráneo en su toma de posesión:

Sr. alcalde de Málaga, autoridades de las Naciones Unidas, compañeros del Comité, señoras y señores. Soy Rafael Vidal Delgado, coronel de artillería y diplomado de estado mayor, aparte de doctor en geografía e historia por la Universidad de Granada.

Es un honor para mí formar parte de este elenco de personalidades y doy las gracias a quienes me han designado. Creo que en todos los comités de estas características, así como otros consejos asesores de instituciones nacionales e internacionales, debe tener un militar, porque nosotros podemos aportar puntos de vista novedosos en ellos, primero porque los soldados somos personas de paz, precisamente porque conocemos los horrores de la guerra y siendo el poder coercitivo de los Estados y de las Alianzas, queremos salvaguardar la paz y si es necesario imponerla y posteriormente mantenerla.

Conocemos las amenazas a que se enfrentan los países civilizados y por tanto podemos aportar nuestros conocimientos para que en los proyectos que s epongan en marcha, desde el CIFAL de Málaga, se tengan en cuenta.

Además somos expertos en planeamiento, personalmente me he pasado más de cuarenta años en tareas de planificación táctica, estratégica y organizacional, dando con ello un horizonte al planeamiento, pero además tenemos intrínseco en nosotros el llamado «Método de Planeamiento», mediante el cual podemos llegar a un escenario futuro, con las hipótesis más probables y peligrosas.

Desde 1992 entré en el mundo de la seguridad, tanto pública, como privada, así como en la protección de las Infraestructuras Críticas, siendo una de ellas el agua y el África necesita urgentemente la atención sobre este recurso esencial, haciendo un ciclo del agua sostenible, integrado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Por ello sugiero que aportemos nuestros conocimientos en diseñar sistema de abastecimiento, saneamiento y reutilización de aguas. La visión del lago Chad en la actualidad, nos está indicando que el urgente esta acción.

Al ser director del Foro para la Paz en el Mediterráneo, aportamos al CIFAL, el conjunto de expertos, compuesto de profesores universitarios y profesionales de distintos sectores, formando un conjunto multidisciplinar para poder abordar cualquier problema complejo.

Por último reitero mi agradecimiento, que se haya visto en este veterano coronel, la posibilidad de aportar beneficios a la nueva e ilusionadora tarea de las Naciones Unidas en Málaga.

Muchas gracias

COMITÉ CIENTÍFICO

Entran a formar parte del comité científico:

  1. Taleb Rifai, diplomático, ex-secretario general de la Organización Mundial de Turismo de la ONU.
  2. Rafael Vidal Delgado, director del Foro por la Paz en el Mediterráneo.
  3. Mª del Carmen García Peña, directora Gerente de la Fundación Ciedes.
  4. Alejandra Gómez Céspedes, profesora y ex Coordinadora Oficina contra la Droga y el Crimen Organizado de la ONU (UNODC).
  5. Carola García-Calvo, investigadora principal del Real Instituto Elcano.
  6. Kenneth Pennintong, ex-Superintendete Jefe de la Policía de Irlanda del Norte.
  7. María Jesús Herrera Ceballos, jefa de Misión de la Organización Internacional para las migraciones de la ONU.
  8. Beatriz Becerra Basterrechea, europarlamentaria.
  9. Mohamed Boudra, co Presidente de la Asamblea de Autoridades locales y Regionales del Mediterráneo (Arlem) y alcalde de Alhucemas.
  10. Antonio Lucas García, director CIFAL Madrid.
  11. José Manuel Domínguez Martínez, director general secretaria técnica Unicaja.
  12. Magdalena Martínez, catedrática de derecho internacional de la UMA.
  13. Juan José Escobar Stemmann, embajador de España en Iraq.
  14. Martiza Formisano, consultora de Naciones Unidas.
  15. José Luis Serrano, comisario Principal Jefe de Servicio  del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO).
  16. Nathalie Hadj, cónsul honoraria de Francia en Málaga.
  17. Daria Paprocka, analista política de la OSCE, ex coordinadora programas Agencias ONU.

01.10.2018. Vida Económica. CIFAL Málaga inaugura su oficina en la capital Esta nueva oficina del Centro Internacional de Formación de Autoridades y Líderes de las Naciones Unidas CIFAL Málaga, inaugurada el pasado viernes está ubicada en la Casita del Jardinero, en la avenida de Cervantes

El nuevo Golfo: ¿preludio de un (des)orden regional?

Por ITXASO DOMÍNGUEZ DE OLAZÁBAL, para Estudios de Política Exterior de 13.09.2018. Coordinadora de Oriente Próximo y Norte de África para la Fundación Alternativas.

El Golfo se perfila progresivamente como nuevo centro de gravedad de Oriente Próximo, consecuencia de una tormenta perfecta que tiene como detonantes interrelacionados las primaveras árabes, la creciente influencia del eje Teherán-Bagdad-Damasco-Beirut, vacíos de poder de actores tradicionales y una predominante narrativa –que no realidad– sectaria. Gracias a sus envidiables recursos naturales, los Estados del Golfo han dado forma a una renovada Doctrina Monroe de no intervención en asuntos de la subregión, junto a una mayor responsabilidad y asertividad. Estos Estados ya no se limitan a acompañar ni son “gorrones” (como los tildó Donald Trump en campaña), sino que han tomado las riendas de escenarios clave como la estabilidad en Egipto y Jordania, el desenlace en Siria y Yemen o la reconstrucción de Irak.

A pesar de haberse convertido en “dueño de su propio destino”, en el Golfo sigue predominando una suerte de diplomacia transaccional y apresurada –a imagen y semejanza de Trump–, que pide a gritos ser remplazada por un diálogo estratégico y de seguridad más maduro, transparente y sostenible. Se habla incluso de un patrón común de extralimitación (overstretch).

El fin del consenso en el Golfo

El Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) nació con el objetivo de defender al conjunto de sus miembros de la Revolución Islámica de 1979 y la subsiguiente guerra Irán-Irak. Hasta ahora mantuvo una cierta unidad frente al resto del mundo, a pesar de conflictos puntuales (algunos, sobre todo territoriales, más duraderos) y desacuerdos sobre el proceso de integración. La organización estaba basada en principios de soberanía y no injerencia y aspiraba a alcanzar la estabilidad de una región inestable ‘por naturaleza’. Dominaba la idea de consenso en torno a una percepción compartida de amenazas externas.

No es el caso hoy en día, en vista de cómo evolucionan la naturaleza e intensidad de las amenazas –tanto exteriores como domésticas– y su percepción. Así, la política exterior de los Estados individuales dentro y fuera de la subregión es menos predecible. Nadie parece tener claro cuál es el objetivo final, o si hay plan B frente al telón de fondo de actitudes maximalistas. Tradicionalmente, la política exterior del Golfo era más reactiva que proactiva, pero también criticada por su insuficiente concreción. Hoy las decisiones se toman más rápido, pero aún sin guía fija ni consenso entre élites (cada vez más centralizadas), más allá de pilares comunes como el rechazo absoluto a Irán y a tanto la secularización como el radicalismo religioso.

En el seno del CCG imperaban el respeto a la diversidad de posturas y soberanas, pilares de la estrategia del Jeque Zayed como padre fundador de los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Los procesos de sucesión en diferentes Estados del Golfo se perfilaron como puntos de inflexión clave. Fue el caso de EAU y Catar, aunque fueron los acontecimientos de 2015 en Arabia Saudí, y muy particularmente el estallido de la guerra en Yemen, los que consiguieron que el mundo dirigiera de nuevo su atención al Golfo. Procesos de sucesión similares se avecinan en Kuwait y Omán, que han intentado mantener una posición neutral y además han ejercido importantes labores de mediación a lo largo de estos últimos años. La presión intra-Golfo sobre Catar se intensificó cuando Tamim bin Hamad Al Thani accedió al poder en junio de 2013, y no pocos comentaristas temen la posibilidad de que aumente en un futuro cercano.

El aislamiento de Catar arrojó luz sobre las grietas en la alianza de Estados árabes invocada por Trump en su visita de mayo de 2017. Las fisuras en el CCG se extienden sin embargo más allá de una simple fractura entre el trío saudí-emiratí-bahreiní (denominados GCC-3), por una parte y Catar por otra, con Omán y Kuwait en medio. El bloqueo a Catar fue principalmente consecuencia del miedo al cambio –o, más bien, al cambio no pilotado–. Las relaciones del emirato con Irán reflejaban si objetivo de mantener relaciones de distinta intensidad con los principales actores políticos de la región, cultivando contactos políticos útiles cuando fuera posible. Esto contrasta con la preferencia de Arabia Saudí y EAU de imponer un modelo notoriamente paternalista, anclado en la ausencia de disenso.

A ello se une la necesidad de alimentar la dicotomía amigos-enemigos en un mundo polarizado. Los países del Golfo (y otros en la región) se ven con cada vez menor margen de maniobra, obligados a dejar clara su postura en un amplio abanico de materias. Nunca antes la región había atraído tanta atención. Esto ha derivado en una utilización cada vez más sofisticada de la propaganda y el impulso de nuevos ámbitos de acción exterior, como la diplomacia financiera o pública.

Nuevos ejes de poder y bilateralismo

Los príncipes herederos Mohamed bin Zayed (MbZ) y Mohamed bin Salman (MbS) parecen detentar hoy las riendas de la península arábiga. El ejemplo paradigmático de la influencia de este dúo lo representa Yemen: todos los miembros del CCG (salvo Omán, y ahora Catar) participan en la coalición, pero se está dividiendo el país en dos esferas de influencia: la emiratí y la saudí. Esta alianza está también marcada por desacuerdos y prioridades no perfectamente alineadas, disimuladas gracias al esfuerzo de presentarse como un frente unido. Uno de los desarrollos más notables en el Golfo es la cooperación bilateral institucionalizada en el Consejo de Coordinación Saudí-Emiratí. No por casualidad, la visión de los dos príncipes fue bautizada ‘Estrategia de Determinación’.

Antes de alzarse en el trono, ambos príncipes necesitan reforzar y centralizar su poder. Se ven acuciados por problemas domésticos no desdeñables, que exigen una política exterior e interior aún más vigorosa, como ha demostrado la confrontación entre Arabia Saudí y Canadá. Este y otros acontecimientos han logrado impulsar un sentimiento patriótico sin precedentes en países de origen tribal, a pesar de problemas crecientes en torno a sus respectivos pactos sociales. MbS y MbZ van a necesitar unas poblaciones completamente comprometidas con sus reformas, imbuidos de un nuevo tipo de nacionalismo, con un importante componente de militarización, que también es alimentado en Catar. Es éste un ámbito en el que la crisis del Golfo tampoco encuentra precedentes: ha trazado fronteras entre Estado-nación y tribus en un contexto en el que ambas dimensiones se han entremezclado continuamente durante décadas, así como a los vínculos sociales, comerciales y económicos. La limitación de la libertad de movimiento representa el desgaste de uno de los principales éxitos del CCG.

El CCG se erigía hasta hace poco en bastión de estabilidad y símbolo de unidad frente al resto de la comunidad internacional, que prefería tratar con un único interlocutor. Jugaba un rol fundamental, hoy superado: el de evitar diferencias entre sus miembros. Nunca pretendió ser una unión política, siguiendo un modelo de integración funcional. Ni siquiera consiguió definirse realmente como organización de seguridad colectiva. En diciembre de 2017, la Cumbre del CCG acabó antes de lo previsto y pasó sin pena ni gloria, sobre todo como consecuencia del anuncio de la nueva alianza institucional entre Arabia Saudí y EAU.

La organización sigue, sin embargo, funcionando a baja intensidad para mantener vivos algunos de sus logros: una unión aduanera, un principio de red eléctrica común, o las bases de un sistema impositivo regional. Sus lideres no darán por muerta por muerta o irrelevante la organización, ya que significaría reconocer su fracaso, lo que todavía no ha ocurrido con otros “organismos fantasma” como la Liga Árabe, la Organización para la Cooperación Islámica, o incluso la Alianza Islámica para luchar contra Daesh, que arrojó luz sobre la incapacidad de Arabia Saudí para profundizar en la integración regional.

La reconciliación del Golfo se ha visto retrasada una y otra vez. Los interesados han alcanzado un status quo relativamente equilibrado que les permite salvar los muebles sin reconocerse vencedores o vencidos. Riad y Abu Dhabi han hecho énfasis en que debe tratarse como una cuestión interna. La retórica displicente de Washington, empeñado en organizar una cumbre regional en Camp David, e incluso una nueva estructura de seguridad, la Alianza Estratégica de Oriente Medio (una “OTAN Árabe”), resulta en ocasiones contraproducente, ya que no asegura a las partes que Estados Unidos comprende sus preocupaciones.

Mientras que antes la integración se veía frenada por los recelos de otros miembros frente a un excesivo control saudí, hoy es la renuencia de MbZ y MbS a impulsar el multilateralismo regional lo que impide una mayor integración. Se favorece una integración a varías velocidades –o más bien, a diferentes niveles de fidelidad– y geometría variable. Ambos príncipes necesitan controlar el proceso, para lo que el bilateralismo resulta perfecto. Lo demuestra el Consejo saudí-emiratí y un consejo de coordinación entre Arabia Saudí y Kuwait al que todavía no se ha dotado de contenido sustantivo. Al bilateralismo se ha visto también avocado Catar, cimentando alianzas con países hoy clave para el futuro de Oriente Próximo, como Turquía. Destaca aquí el rol de Rusia, que ha conseguido llegar a alianzas con casi todos los actores manteniendo intacta su influencia.

El bilateralismo hoy se ve impulsado por un cierto distanciamiento de Estados Unidos, la inestabilidad regional y las necesidades estratégicas, principalmente en el ámbito económico, pero también en relación con las prioridades ideológicas ­(en particular el frente abierto contra los Hermanos Musulmanes). Las reservas energéticas hacen el resto. Todo ello lleva a la búsqueda de nuevos aliados más allá del Golfo y la región, que sin embargo podrían aumentar la inestabilidad si no se diseña una estrategia equilibrada. Mientras que la crisis del Golfo comenzó como un choque limitado a la península arábiga, ahora se desarrolla en varios países, abarcando conflictos simples y otros de niveles múltiples.

Más allá del Golfo

El norte de África ha sido testigo de tensiones consecuencia de las fisuras en el Golfo. En el pasado, a pesar de la identidad árabe común, reinaba la independencia de prioridades entre ambas regiones. Hoy la situación ha cambiado como consecuencia de nuevas oportunidades de diversificación económica y cooperación triangular en África. El punto de partida lo representó Libia, donde Catar apoya al gobierno internacionalmente reconocido en Trípoli mientras que los EAU apoyan al gobierno con sede en Tobruk y al general anti-islamista Jalifa HaftarTúnez también se ha perfilado como campo de enfrentamiento, al empeñarse en conservar lazos amistosos con Catar. Sus relaciones con EAU –segundo mayor socio comercial, después de Libia– empeoraron por el intento de éstos de interferir en la política interna para frenar la influencia del partido islamista Ennahda. El Sahel representa sin duda el siguiente paso, con Argel y Rabat buscando capitalizar las ambiciones de sus socios del Golfo en el norte de África para promover sus propios intereses.

Otra subregión en la que se han privilegiado las relaciones bilaterales es el este de Asia. A lo largo de los últimos meses, Arabia Saudí y EAU han suscrito en la zona cuantiosos contratos, más allá de la mera compraventa de hidrocarburos. Su socio principal es China, que acumula cada vez mayor peso en la región, y en menor medida Japón. La mayoría consideran que se hace imperativo aprovechar el potencial de iniciativas como la Nueva Ruta de la Seda china, aunque se ha despertado recientemente el temor a una competición interna por inversiones extranjeras.

El terreno de juego de mayor actualidad, como consecuencia principalmente de la guerra en Yemen, es el Mar Rojo y el Cuerno de África. El protagonismo casi absoluto lo tiene EAU, que ha conseguido acercar a Eritrea y Etiopía y controlar varios puertos (gracias al gigante Dubai Ports), en un ejercicio no sólo comercial sino de énfasis cada vez más militar en Eritrea, Somalia y Djibouti. EAU se erige así como potencia marítima y militar, objetivo de otros países del Golfo. Pero tanto Irán como Catar, Turquía y en menor medida Egipto tienen cada vez más ambiciones fuera de Oriente Próximo, sobre todo en relación con Asía. También pueden en un futuro surgir choques con China, cuyos designios hacia el área se desconocen. La consecuencia inmediata sería alimentar diferencias internas o entre países extremadamente débiles, como Somalia. Otra consecuencia de acciones aisladas sin un marco estratégico definido.

Saudíes y emiratíes han logrado evitar los efectos de las primaveras árabes sin tener un plan claro sobre el futuro de la región. Sus proyecciones dependen en gran medida de una visión securitizada de la supervivencia autoritaria desde el punto de vista doméstico. Las revueltas de 2011 dejaron tras de si demandas no satisfechas: la mayoría de los problemas estructurales fermentan en un segundo plano. Las reformas propuestas por los aspirantes a dominar la región, incapaces de responder a estas demandas, podría generar una nueva ola de desequilibrio regional. La capacidad saudí para liderar y apropiarse de la reforma parece dudosa en el mejor de los casos. La represión de cualquier traza de islamismo político cierra las puertas a una “tercera vía” –entre democracia occidental y autoritarismo– futura, necesaria en vista de las demandas articuladas a lo largo de estos últimos años. La historia reciente demuestra que no hay mejor alimento para la inestabilidad en la región a medio y largo plazo.

13.09.2018. Siete Días en Política Exterior

GEOPOLÍTICO. 15.09.2018.

Paz en Siria ¿Solo un Sueño?

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La cumbre de Teherán ha sido por mucho tiempo, al igual que el problema en Siria, de los temas mas frecuentes entre diferentes comentaristas, expertos y analistas militares.

Seyed Rasul Musavi, el asesor del ministro de Relaciones Exteriores de Irán:

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Se levanta el Toque de queda en Irak

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