La Ruta de la Seda Marítima se hace grande en el Mediterráneo

Por Águeda Parra López, Sinóloga, ingeniera y doctora en Ciencias Políticas.

La conquista del Mediterráneo es la pieza clave de la estrategia política y comercial de China para posicionarse como potencia global.

China ha ampliado su esfera de influencia conectando El Pireo con el Canal de Suez y, a su vez, con el puerto de Estambul, puente con Oriente Medio.

La hostilidad inicial hacia las inversiones chinas se ha convertido en una aceptación favorable por el desarrollo y el crecimiento que suponen para la región.

Leer texto completo

El caso Huawei: Geoeconomía en estado puro.

27.11.2019. El Español. Defensa bloquea a Huawei: ordena la «desconexión inmediata» de sus móviles El Ministerio de Defensa ha prohibido el acceso a sus sistemas usando dispositivos de la marca Huawei; la compañía china fue acusada de espionaje.

08.06.2019 Xataca. Las aplicaciones de Facebook dejarán de estar preinstaladas en los nuevos móviles de Huawei, según Reuters

07.06.2019. Xataca. Huawei será la encargada de implementar la red 5G en Rusia tras un nuevo acuerdo entre China y el gobierno de Putin

01.06.2019. Xataca. China responde al veto de Huawei y creará su propia lista negra comercial para empresas extranjeras «no fiables»

01.06.2019. Xataca. Rusia se suma a China en su decisión de eliminar Windows de sus ordenadores militares, sólo que ellos sí apostarán por Linux

31.05.2019. El Español. Las operadoras responden al director de CNI: “Las redes de 5G son seguras” Félix Sanz Roldán advirtió de los riesgos de la implantación de la nueva tecnología en España.

30.05.2019. Xataca. Huawei le da la vuelta a la tortilla y apela a la justicia de EEUU para que declare inconstitucional el veto de Trump

29.05.2019. Xataca. El CEO de Huawei dice que sería el primero en protestar si China toma represalias contra Apple u otras empresas

29.05.2019. Xataca. Huawei desmiente que vaya a lanzar su propio sistema operativo el mes que viene [Actualizado]

29.05.2019. Xataca. China eliminará Microsoft Windows de sus ordenadores militares por temor a ser atacados y espiados por Estados Unidos

27.05.2019. Noticias de Navarra. La guerra comercial entre EEUU y China se eleva a una lucha por la hegemonía mundial El conflicto por la subida de aranceles en la industria tecnológica recuerda a la pelea por el liderazgo durante la guerra fría, MATILDE MARTÍNEZ Y NACHO BALLESTEROS

28.05.2019. Xataca. Autor: JOSÉ GARCÍA NIETO. Primeros indicios del nombre del futuro sistema operativo de Huawei: ARK OS

La guerra ha comenzado. En este siglo XXI las guerras han pasado de ser sangrientas y con multitud de pérdidas humanas a convertirse en batallas ideológicas y tecnológicas, en muchos casos igual de peligrosas. Para la sociedad las consecuencias que acarrea son impredecibles. En la que estamos inmersos, algunos no eran conscientes de la magnitud del conflicto hasta que ha salido a la palestra el problema con Huawei. La marca de móviles china (segunda en ventas en España solo por detrás de Samsung) ha sido una de las víctimas directas del desencuentro del presidente Trump con el Gobierno del gigante asiático. Millones de usuarios se preguntan ahora si podrán seguir utilizando sus ‘smartphones’ sin problemas después de que Google haya roto relaciones con ellos, llevándose consigo su sistema operativo Android.

 26.05.2019. Diario Sur. Edurne Martínez. Leer más

26.05.2019. Diario Sur. Edurne Martínez. La vuelta al proteccionismo, el reto del nuevo Parlamento Europeo

Sobre el papel, los fundamentos económicos de China son sólidos. Es más, para sí querrían la mayoría de países las estadísticas macroeconómicas de la segunda potencia mundial. El año pasado, su PIB creció un 6,6%, las ventas al por menor se dispararon un 9%, la producción industrial se expandió un 6,2%, y el paro se mantuvo estable en torno al 5%. Analizados desde una perspectiva europea, estos datos son más que suficientes para descorchar varias cajas de champán.

26.05.2019. El Norte de Castilla. Zigor Aldama. Leer más

El caos de Huawei tiene solución: Trump sorprende y abre la puerta a un acuerdo para acabar con la guerra comercial

Huawei se queda fuera de la SD Association y la Wi-Fi Alliance: ya no podrán usar sus estándares en futuros dispositivos

China lucha por la supremacía mundial. Huawei. La guerra económica. XIII Jornadas de Seguridad, Defensa y Cooperación (30 de mayo en la Facultad de Económicas de la UMA)

«Estas decisiones imprudentes pueden causar un gran daño a los consumidores y a las empresas en Europa»: vicepresidente de Huawei

22.05.2019. ABC. Cris de Quiroga.   Las tierras raras, posible baza de China en la guerra comercial Estados Unidos importa el 80% de estos materiales a Pekín, que monopoliza su producción y comercialización.

WIKIPEDIA. Tierras raras es el nombre común de 17 elementos químicos: escandio, itrio y los 15 elementos del grupo de los lantánidos (lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio). Hay que señalar que en esta clasificación no se considera la serie de los actínidos. Aunque el nombre de «tierras raras» podría llevar a la conclusión de que se trata de elementos escasos en la corteza terrestre, algunos elementos como el cerio, el itrio y el neodimio son más abundantes. Se las califica de «raras» debido a que es muy poco común encontrarlos en una forma pura, aunque hay depósitos de algunos de ellos en todo el mundo. El término «tierra” no es más que un vocablo arcaico que hace referencia a algo que se puede disolver en ácido. Dicho de otro modo, «tierra» es una denominación antigua de los óxidos.

22.05.2019. RT. Tierras raras: ¿la carta ganadora de Pekín en su pugna comercial con Washington?

EEUU, China, Europa y el orden mundial (Siete Días en Política Exterior)   

El crecimiento de la industria china se dispara al 8,6% (Política Exterior)

La guerra comercial entre EEUU y China y qué modelo prevalecerá tras la guerra fría (Despeja la X, 1×50)

TSMC se coloca del lado de Huawei en la batalla contra Estados Unidos, aunque se muestra prudente

La Nueva Ruta de la Seda, el gran plan estratégico de China

 

Afkar/Ideas nº 60 verano 2019. La Ruta de la Seda Marítima se hace grande en el Mediterráneo, por ÁGUEDA PARRA PÉREZ

 

La Nueva Ruta de la Seda, el gran plan estratégico de China

Para sus críticos, es un proyecto para dominar el mundo; para sus defensores, facilita el desarrollo de regiones olvidadas

LOS CAMINOS CONTEMPORÁNEOS

Fuente: MERICS (Instituto Mercator para estudios sobre China).

N.CATALÁN (EL PAÍS)

MACARENA VIDAL LIY

Pekín 01 12 18

30.11.2018. El País

Un puerto en Portugal, el de Sines. Una ruta de tren a Madrid. Un gasoducto en Kazajistán. Una urbanización en Malasia. Una exposición artística en Dunhuang, en el oeste de China. Todos son proyectos integrados en la Nueva Ruta de la Seda, la ambiciosa red china de infraestructuras repartida por los cinco continentes que puede costar hasta un billón de dólares. Un plan estratégico de ramificaciones geopolíticas y económicas, criticado por algunos como un instrumento para dominar el mundo y alabado por otros como un plan Marshall del siglo XXI que ayudará a desarrollar regiones olvidadas. Y al que China asigna una importancia vital; tanta, que desde el año pasado la ha incluido en la Constitución del Partido Comunista.

En sus comienzos, cuando el presidente chino Xi Jinping presentó la idea en sendas cumbres en Astaná (Kazajistán) y Yakarta (Indonesia) l Paísen 2013, la propuesta se ceñía a los países vecinos, y su propósito era principalmente la construcción de infraestructuras. Pero ha ido expandiéndose geográfica y sectorialmente, a medida que ha ido creciendo la asertividad de China en el exterior. Actualmente, según Pekín, están adheridos más de cien países en todo el mundo. Y abarca casi cualquier área: tiene componentes comerciales, financieros, de seguridad y culturales.

El interés geográfico principal sigue siendo Asia. Pero “de acuerdo con las comunicaciones oficiales chinas, todos los países y continentes pueden incluirse, desde el Ártico a América Latina”, precisa Alice Ekman, investigadora sobre China del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI). Y “ya no solo incluye carreteras, rutas ferroviarias, puertos, aeropuertos e infraestructuras de transporte. También incluye normas y estándares, aduanas, tribunales, comercio electrónico… Básicamente, es una etiqueta que se puede pegar en todo un abanico de proyectos”.

Desestimada en sus comienzos por algunos como un plan imposible, la Nueva Ruta de la Seda, o “Iniciativa de la Franja y la Ruta” (“yi dai yi lu” en mandarín, BRI por sus siglas en inglés) ha cambiado realidades sobre el terreno y va a continuar durante décadas. A través de uno de los proyectos estrella, el Corredor Económico China-Pakistán, tendrá acceso desde su oeste a través del puerto pakistaní de Gwadar al mar. En Yibuti, en el cuerno de África, ha establecido su primera base militar.

  LAS CONEXIONES EN EUROPA

Fuente: MERICS (Instituto Mercator para estudios sobre China). N. CATALÁN (EL PAÍS)

Para China, los beneficios del plan son claros: ampliar vías hacia el oeste le permite desarrollar sus regiones occidentales, más empobrecidas; estimula sus sectores industriales en momentos en los que su economía entra en una etapa de menor crecimiento; abre mercados para sus productos; facilita que otros países adopten sus estándares tecnológicos, por ejemplo en telefonía 5G; y, en general, expande su presencia e influencia internacional.

La guerra comercial con Estados Unidos

El plan ha adquirido una importancia estratégica aún mayor para Pekín ante su guerra comercial con Estados Unidos. Si continúan las tensiones, necesitará diversificar sus importaciones y exportaciones. “Pekín recurrirá a los canales construidos a lo largo de la Ruta, especialmente en los sectores agrícola y energético. En los márgenes, cierta producción adicional china puede trasladarse al sureste asiático”, apuntaba la consultora Eurasia Group esta semana en una nota.

Para los países beneficiarios, las ventajas son también obvias. Asia necesitará cerca de 1,7 billones de dólares (1,5 billones de euros) en inversiones en infraestructuras hasta 2030 para mantener su crecimiento, según el Banco Asiático de Desarrollo. Y las inversiones de China llegan sin preguntas sobre derechos humanos o la naturaleza del gobierno en el poder.

PROYECTOS FINANCIADOS POR CHINA EN EL MUNDO

Fuente: NYT. A. ALONSO (EL PAÍS)

Hasta el momento, China asegura haber desembolsado 53.000 millones de euros; el Instituto Mercator de Estudios sobre China (MERICS) calcula esa cifra en 22.000 millones en su base de datos sobre la iniciativa. Esos montos seguirán aumentando. El número de proyectos supera con holgura el millar, y aunque Pekín ha restringido el flujo de capitales al exterior ante su ralentización económica, las propuestas con la etiqueta BRI siguen encontrando una financiación generosa. Y algunos países, especialmente aquellos que encuentran acceso más difícil a los mercados internacionales, han aceptado con entusiasmo la chequera china.

Lo que ha generado críticas de algunos países. Por boca de su secretario de Estado, Mike Pompeo, y de su vicepresidente, Mike Pence, Estados Unidos -inmerso en su guerra comercial con la potencia asiática- ha acusado a Pekín de llevar a cabo una política exterior de “trampa de la deuda”.

Una deuda que -según los acusadores- puede utilizarse para evitar críticas sobre los derechos humanos en China o para conseguir decisiones favorables, por ejemplo en torno a nombramientos en puestos internacionales o sobre disputas territoriales, como la que mantiene en el mar del Sur de China. Pekín es el acreedor de más del 50% de la deuda de ocho países incluidos en la BRI: Kirguistán, Laos, Maldivas, Mongolia, Montenegro, Pakistán, Tayikistán y Yibuti.

Varios países de Europa Occidental -incluida España- o Japón mantienen también sus reservas sobre la BRI, aunque se muestran dispuestos a colaborar en proyectos puntuales. El primer ministro nipón, Shinzo Abe, suscribió el mes pasado un memorando de entendimiento para colaborar en terceros mercados, un documento similar al que ha suscrito España esta semana. Pero estos países insisten en que, aunque el plan cuenta con un enorme potencial, China tiene que mostrar una transparencia en los contratos y los créditos que ha sido esquiva hasta el momento.

“Hay que cumplir los estándares internacionales. Si se respetan, entonces hay potencial para la cooperación”, apuntaba el mes pasado un funcionario del Gobierno nipón durante la visita de Abe a Pekín.

En Bruselas y Tokio, en Berlín, París y Madrid se subraya la necesidad de demostrar que esos proyectos no perjudican al medioambiente, son viables, beneficiosos para sus destinatarios y el país receptor puede pagarlos.

Estas capitales han rechazado firmar, pese a las sugerencias chinas, memorandos de entendimiento generales de respaldo a la BRI. “Los términos de estos memorandos son a menudo muy generales, vagos en algunos casos, e incluyen expresiones oficiales chinas que Pekín quiere promover pero cuyo significado aún no está claro, como ‘comunidad de destino compartido’”, explica Ekman.

Sri Lanka, un caso emblemático

El caso de Sri Lanka es emblemático de estas críticas. Este país ha recibido créditos chinos por valor de unos 9.000 millones de euros, lo que le convierte en el tercer receptor de fondos de la BRI, solo por detrás de Pakistán y Rusia. Su fuerte endeudamiento -no solo con Pekín- le ha llevado a ceder a una empresa china el uso de su puerto de Hambantota y ha colocado en una situación de gran debilidad a su Gobierno.

El peso de la deuda y lo gigantesco de los proyectos ha llevado a echarse atrás, en algunos casos, a los países. El nuevo primer ministro malasio, Mahatir Mohamed, anunció poco después de su llegada al poder la suspensión de una línea de tren, la Línea de Ferrocarril de la Costa Este, y de una serie de gasoductos. Durante la campaña electoral que le llevó al poder este verano, y ante la abultada deuda de su país, el flamante jefe de Gobierno en Pakistán, Imran Khan, prometía revisar las cuentas del Corredor Económico, donde China ha prometido invertir cerca de 40.000 millones de euros.

En otros casos, las quejas vienen de la falta de resultados. La línea Madrid-Yiwu sigue sin arrojar beneficios en su trayecto de regreso a la ciudad costera china. En 2016, Filipinas desestimó el fallo a su favor de una corte internacional en su disputa territorial con Pekín en el mar del Sur de China y su entonces nuevo presidente, Rodrigo Duterte, anunció un giro hacia la gran potencia asiática; a cambio, recibió 14 memorandos con promesas de jugosas inversiones. Pero dos años más tarde, apenas se ha materializado ninguna.

China replica que sus proyectos generan empleo en los países y favorecen el desarrollo. Y que sus créditos no son los causantes de los problemas de deuda de los países en problemas. “China ha llegado más tarde. No es el principal país acreedor”, sostenía en septiembre Ning Jizhe, el vicepresidente de la Comisión Nacional de Reforma y Desarrollo, el principal órgano de política económica en Pekín.

Un cambio de marcha

Pero también ha aceptado que, sobre todo en los primeros años, cuando todos -empresas, provincias y Gobierno central- se lanzaron a toda prisa a poner en marcha la BRI- pudieron cometerse errores por desconocimiento o precipitación.

El propio Xi Jinping, en una serie de actos para conmemorar el quinto centenario de la iniciativa, ha instado a cambiar de marcha y no tanto firmar proyectos por firmar sino “priorizar las necesidades de los otros socios y poner en marcha proyectos que beneficien a los residentes locales”. La asociación con otros socios que aporten fiabilidad -Japón o países europeos como España- parece parte de ese cambio de estrategia.

Xi también ha rechazado otras acusaciones contra un plan que lleva su sello personal. La BRI no tiene, asegura, ni fines geoestratégicos ni militares, como han denunciado algunos críticos, ni tiene como objeto lograr la hegemonía de China. “No es un club de China”, subrayaba en agosto.

Y, si bien es cierto que una serie de proyectos han resultado problemáticos, la consultora RWR Advisory Group, en Washington, calcula esa proporción en solo un 14%, una cifra relativamente reducida dadas las dimensiones del plan.

Incluso en los casos en los que los Gobiernos receptores han protestado -Mahatir llegó a hablar de “nuevo colonialismo”-, más que una cancelación absoluta de los proyectos polémicos, se ha buscado una renegociación. En el caso malasio, la línea de tren a la que se ha puesto en pausa interesa a los dos países; los oleoductos, al parecer, solo están suspendidos mientras Kuala Lumpur resuelve sus “problemas fiscales internos”. El primer ministro ha insistido en la importancia de la inversión china para su país.

En el caso de Pakistán, que trata de renegociar su deuda, el primer ministro Khan acordó, en una visita a Pekín este mes, la creación de un grupo de trabajo sobre “desarrollo socioeconómico”. También suscribió un comunicado conjunto en el que los dos Gobiernos “rechazan la creciente propaganda negativa” contra el Corredor.

En otros países, el futuro de la ruta está aún sujeto a incertidumbres. Tailandia e Indonesia tienen previstas elecciones que pueden alterar la actitud de sus respectivos Gobiernos. En Filipinas, pende un interrogante sobre la salud de Duterte.

Aunque sobre la mesa no hay grandes alternativas para satisfacer las necesidades de infraestructura asiáticas. El BAD no puede competir contra las arcas chinas. El plan japonés de ayuda a las infraestructuras, lanzado en 2015 y dotado con casi 100.000 millones de euros para cinco años, es mucho más modesto, en alcance geográfico y en fondos, que el chino. Europa solo ha propuesto su propio programa muy recientemente, y para empezar en 2021. Estados Unidos ha anunciado este año unos meros 113 millones de dólares (unos 100 millones de euros) en nuevas inversiones en la región Indo-Pacífico.

En cambio, China mantiene su fuerte apuesta por la BRI. Y al incluirla en la constitución del Partido Comunista, ha dejado claro que la iniciativa continuará durante décadas.

El año próximo celebrará su segunda Cumbre de la Ruta de la Seda. Si a la primera, en 2017, acudieron delegaciones de 110 países y 29 jefes de Estado o de Gobierno, Pekín no se conformará con menos. Será una cita clave para determinar la evolución de este proyecto, que comenzó como una mera propuesta de infraestructuras y ha evolucionado a un gigantesco plan estratégico.

LOS CAMINOS CONTEMPORÁNEOS

Fuente: MERICS (Instituto Mercator para estudios sobre China).

 

N.CATALÁN (EL PAÍS)

MACARENA VIDAL LIY

Pekín 01 12 18

 

Un puerto en Portugal, el de Sines. Una ruta de tren a Madrid. Un gasoducto en Kazajistán. Una urbanización en Malasia. Una exposición artística en Dunhuang, en el oeste de China. Todos son proyectos integrados en la Nueva Ruta de la Seda, la ambiciosa red china de infraestructuras repartida por los cinco continentes que puede costar hasta un billón de dólares. Un plan estratégico de ramificaciones geopolíticas y económicas, criticado por algunos como un instrumento para dominar el mundo y alabado por otros como un plan Marshall del siglo XXI que ayudará a desarrollar regiones olvidadas. Y al que China asigna una importancia vital; tanta, que desde el año pasado la ha incluido en la Constitución del Partido Comunista.

En sus comienzos, cuando el presidente chino Xi Jinping presentó la idea en sendas cumbres en Astaná (Kazajistán) y Yakarta (Indonesia) en 2013, la propuesta se ceñía a los países vecinos, y su propósito era principalmente la construcción de infraestructuras. Pero ha ido expandiéndose geográfica y sectorialmente, a medida que ha ido creciendo la asertividad de China en el exterior. Actualmente, según Pekín, están adheridos más de cien países en todo el mundo. Y abarca casi cualquier área: tiene componentes comerciales, financieros, de seguridad y culturales.

El interés geográfico principal sigue siendo Asia. Pero “de acuerdo con las comunicaciones oficiales chinas, todos los países y continentes pueden incluirse, desde el Ártico a América Latina”, precisa Alice Ekman, investigadora sobre China del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI). Y “ya no solo incluye carreteras, rutas ferroviarias, puertos, aeropuertos e infraestructuras de transporte. También incluye normas y estándares, aduanas, tribunales, comercio electrónico… Básicamente, es una etiqueta que se puede pegar en todo un abanico de proyectos”.

Desestimada en sus comienzos por algunos como un plan imposible, la Nueva Ruta de la Seda, o “Iniciativa de la Franja y la Ruta” (“yi dai yi lu” en mandarín, BRI por sus siglas en inglés) ha cambiado realidades sobre el terreno y va a continuar durante décadas. A través de uno de los proyectos estrella, el Corredor Económico China-Pakistán, tendrá acceso desde su oeste a través del puerto pakistaní de Gwadar al mar. En Yibuti, en el cuerno de África, ha establecido su primera base militar.

 

 

LAS CONEXIONES EN EUROPA

 

Fuente: MERICS (Instituto Mercator para estudios sobre China). N. CATALÁN (EL PAÍS)

Para China, los beneficios del plan son claros: ampliar vías hacia el oeste le permite desarrollar sus regiones occidentales, más empobrecidas; estimula sus sectores industriales en momentos en los que su economía entra en una etapa de menor crecimiento; abre mercados para sus productos; facilita que otros países adopten sus estándares tecnológicos, por ejemplo en telefonía 5G; y, en general, expande su presencia e influencia internacional.

La guerra comercial con Estados Unidos

El plan ha adquirido una importancia estratégica aún mayor para Pekín ante su guerra comercial con Estados Unidos. Si continúan las tensiones, necesitará diversificar sus importaciones y exportaciones. “Pekín recurrirá a los canales construidos a lo largo de la Ruta, especialmente en los sectores agrícola y energético. En los márgenes, cierta producción adicional china puede trasladarse al sureste asiático”, apuntaba la consultora Eurasia Group esta semana en una nota.

Para los países beneficiarios, las ventajas son también obvias. Asia necesitará cerca de 1,7 billones de dólares (1,5 billones de euros) en inversiones en infraestructuras hasta 2030 para mantener su crecimiento, según el Banco Asiático de Desarrollo. Y las inversiones de China llegan sin preguntas sobre derechos humanos o la naturaleza del gobierno en el poder.

 

PROYECTOS FINANCIADOS POR CHINA EN EL MUNDO

Fuente: NYT. A. ALONSO (EL PAÍS)

Hasta el momento, China asegura haber desembolsado 53.000 millones de euros; el Instituto Mercator de Estudios sobre China (MERICS) calcula esa cifra en 22.000 millones en su base de datos sobre la iniciativa. Esos montos seguirán aumentando. El número de proyectos supera con holgura el millar, y aunque Pekín ha restringido el flujo de capitales al exterior ante su ralentización económica, las propuestas con la etiqueta BRI siguen encontrando una financiación generosa. Y algunos países, especialmente aquellos que encuentran acceso más difícil a los mercados internacionales, han aceptado con entusiasmo la chequera china.

Lo que ha generado críticas de algunos países. Por boca de su secretario de Estado, Mike Pompeo, y de su vicepresidente, Mike Pence, Estados Unidos -inmerso en su guerra comercial con la potencia asiática- ha acusado a Pekín de llevar a cabo una política exterior de “trampa de la deuda”.

Una deuda que -según los acusadores- puede utilizarse para evitar críticas sobre los derechos humanos en China o para conseguir decisiones favorables, por ejemplo en torno a nombramientos en puestos internacionales o sobre disputas territoriales, como la que mantiene en el mar del Sur de China. Pekín es el acreedor de más del 50% de la deuda de ocho países incluidos en la BRI: Kirguistán, Laos, Maldivas, Mongolia, Montenegro, Pakistán, Tayikistán y Yibuti.

Varios países de Europa Occidental -incluida España- o Japón mantienen también sus reservas sobre la BRI, aunque se muestran dispuestos a colaborar en proyectos puntuales. El primer ministro nipón, Shinzo Abe, suscribió el mes pasado un memorando de entendimiento para colaborar en terceros mercados, un documento similar al que ha suscrito España esta semana. Pero estos países insisten en que, aunque el plan cuenta con un enorme potencial, China tiene que mostrar una transparencia en los contratos y los créditos que ha sido esquiva hasta el momento.

“Hay que cumplir los estándares internacionales. Si se respetan, entonces hay potencial para la cooperación”, apuntaba el mes pasado un funcionario del Gobierno nipón durante la visita de Abe a Pekín.

En Bruselas y Tokio, en Berlín, París y Madrid se subraya la necesidad de demostrar que esos proyectos no perjudican al medioambiente, son viables, beneficiosos para sus destinatarios y el país receptor puede pagarlos.

Estas capitales han rechazado firmar, pese a las sugerencias chinas, memorandos de entendimiento generales de respaldo a la BRI. “Los términos de estos memorandos son a menudo muy generales, vagos en algunos casos, e incluyen expresiones oficiales chinas que Pekín quiere promover pero cuyo significado aún no está claro, como ‘comunidad de destino compartido’”, explica Ekman.

Sri Lanka, un caso emblemático

El caso de Sri Lanka es emblemático de estas críticas. Este país ha recibido créditos chinos por valor de unos 9.000 millones de euros, lo que le convierte en el tercer receptor de fondos de la BRI, solo por detrás de Pakistán y Rusia. Su fuerte endeudamiento -no solo con Pekín- le ha llevado a ceder a una empresa china el uso de su puerto de Hambantota y ha colocado en una situación de gran debilidad a su Gobierno.

El peso de la deuda y lo gigantesco de los proyectos ha llevado a echarse atrás, en algunos casos, a los países. El nuevo primer ministro malasio, Mahatir Mohamed, anunció poco después de su llegada al poder la suspensión de una línea de tren, la Línea de Ferrocarril de la Costa Este, y de una serie de gasoductos. Durante la campaña electoral que le llevó al poder este verano, y ante la abultada deuda de su país, el flamante jefe de Gobierno en Pakistán, Imran Khan, prometía revisar las cuentas del Corredor Económico, donde China ha prometido invertir cerca de 40.000 millones de euros.

En otros casos, las quejas vienen de la falta de resultados. La línea Madrid-Yiwu sigue sin arrojar beneficios en su trayecto de regreso a la ciudad costera china. En 2016, Filipinas desestimó el fallo a su favor de una corte internacional en su disputa territorial con Pekín en el mar del Sur de China y su entonces nuevo presidente, Rodrigo Duterte, anunció un giro hacia la gran potencia asiática; a cambio, recibió 14 memorandos con promesas de jugosas inversiones. Pero dos años más tarde, apenas se ha materializado ninguna.

China replica que sus proyectos generan empleo en los países y favorecen el desarrollo. Y que sus créditos no son los causantes de los problemas de deuda de los países en problemas. “China ha llegado más tarde. No es el principal país acreedor”, sostenía en septiembre Ning Jizhe, el vicepresidente de la Comisión Nacional de Reforma y Desarrollo, el principal órgano de política económica en Pekín.

Un cambio de marcha

Pero también ha aceptado que, sobre todo en los primeros años, cuando todos -empresas, provincias y Gobierno central- se lanzaron a toda prisa a poner en marcha la BRI- pudieron cometerse errores por desconocimiento o precipitación.

El propio Xi Jinping, en una serie de actos para conmemorar el quinto centenario de la iniciativa, ha instado a cambiar de marcha y no tanto firmar proyectos por firmar sino “priorizar las necesidades de los otros socios y poner en marcha proyectos que beneficien a los residentes locales”. La asociación con otros socios que aporten fiabilidad -Japón o países europeos como España- parece parte de ese cambio de estrategia.

Xi también ha rechazado otras acusaciones contra un plan que lleva su sello personal. La BRI no tiene, asegura, ni fines geoestratégicos ni militares, como han denunciado algunos críticos, ni tiene como objeto lograr la hegemonía de China. “No es un club de China”, subrayaba en agosto.

Y, si bien es cierto que una serie de proyectos han resultado problemáticos, la consultora RWR Advisory Group, en Washington, calcula esa proporción en solo un 14%, una cifra relativamente reducida dadas las dimensiones del plan.

Incluso en los casos en los que los Gobiernos receptores han protestado -Mahatir llegó a hablar de “nuevo colonialismo”-, más que una cancelación absoluta de los proyectos polémicos, se ha buscado una renegociación. En el caso malasio, la línea de tren a la que se ha puesto en pausa interesa a los dos países; los oleoductos, al parecer, solo están suspendidos mientras Kuala Lumpur resuelve sus “problemas fiscales internos”. El primer ministro ha insistido en la importancia de la inversión china para su país.

En el caso de Pakistán, que trata de renegociar su deuda, el primer ministro Khan acordó, en una visita a Pekín este mes, la creación de un grupo de trabajo sobre “desarrollo socioeconómico”. También suscribió un comunicado conjunto en el que los dos Gobiernos “rechazan la creciente propaganda negativa” contra el Corredor.

En otros países, el futuro de la ruta está aún sujeto a incertidumbres. Tailandia e Indonesia tienen previstas elecciones que pueden alterar la actitud de sus respectivos Gobiernos. En Filipinas, pende un interrogante sobre la salud de Duterte.

Aunque sobre la mesa no hay grandes alternativas para satisfacer las necesidades de infraestructura asiáticas. El BAD no puede competir contra las arcas chinas. El plan japonés de ayuda a las infraestructuras, lanzado en 2015 y dotado con casi 100.000 millones de euros para cinco años, es mucho más modesto, en alcance geográfico y en fondos, que el chino. Europa solo ha propuesto su propio programa muy recientemente, y para empezar en 2021. Estados Unidos ha anunciado este año unos meros 113 millones de dólares (unos 100 millones de euros) en nuevas inversiones en la región Indo-Pacífico.

En cambio, China mantiene su fuerte apuesta por la BRI. Y al incluirla en la constitución del Partido Comunista, ha dejado claro que la iniciativa continuará durante décadas.

El año próximo celebrará su segunda Cumbre de la Ruta de la Seda. Si a la primera, en 2017, acudieron delegaciones de 110 países y 29 jefes de Estado o de Gobierno, Pekín no se conformará con menos. Será una cita clave para determinar la evolución de este proyecto, que comenzó como una mera propuesta de infraestructuras y ha evolucionado a un gigantesco plan estratégico.

China lucha por la supremacía mundial. Huawei. La guerra económica. XIII Jornadas de Seguridad, Defensa y Cooperación (30 de mayo en la Facultad de Económicas de la UMA)

El Foro para la Paz en el Mediterráneo, como Think Tank internacional que pretende ser, dedica una de las Jornadas de Seguridad, Defensa y Cooperación de 2019 a la lucha por la hegemonía mundial por parte de la República Popilar China

XLSemanal, núm. 1645 del 5-11 mayo 2019. Desafío de la Ciberseguridad

La Opinión de Málaga, edición de 03.05.2019

02.05.2019. El Economista. May cesa a su ministro de Defensa por filtrar la entrada de Huawei en la red 5G de Reino Unido El exministro Gavin Williamson niega las acusaciones y acepta su cese en lugar de dimitir para no reconocer implícitamente su culpa Supone un encontronazo con Washington que vetó a la empresa La compañía china aterriza en «áreas no estratégicas» de la red

01.05.2019. La Vanguardia. May cesa al ministro de Defensa por filtrar que Reino Unido usará la red 5G de Huawei. El ministro de Defensa del Reino Unido, Gavin Williamson, ha sido cesado tras una investigación sobre la filtración de información de una reunión secreta del Consejo de Seguridad Nacional sobre la firma china de telecomunicaciones Huawei.Un comunicado de Dowining Street explica que la primera ministra británica, Theresa May, ha “perdido confianza” en él. El comunicado explica que “la decisión de la primera ministra ha estado basada en la conducta en torno a una investigación sobre las circunstancias de la divulgación no autorizada de información de una reunión del Consejo de Seguridad Nacional”.

Wikipedia. Red 5G

29.04.2019. La Razón. La tensión entre EE UU y China dispara el gasto militar Estados Unidos acaparó el 36 % de la inversión mundial y gastó casi tanto en armamento como los ocho siguientes países en la clasificación de forma conjunta. España se mantiene en el puesto décimosexto

China coloniza África

China, España y la Unión Europea

La Nueva Ruta de la Seda, el gran plan estratégico de China

El crecimiento de la industria china se dispara al 8,6% (Política Exterior)

Dos escenarios de una misma política exterior china, por Irene Fernández Gómez, Estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid.

China se ha convertido en el centro de gravedad de la región de Asia-Pacífico. La divulgación de sus actuaciones en el Mar del Sur de China ha sido estrepitosa. Asimismo, su política en Sudán del Surejemplifica el progresivo abandono de la idea “Paz y Desarrollo”, instaurado por Deng Xiaoping en 1978. Ocurre, no obstante, que los intereses geoestratégicos de numerosos actores regionales e internacionales en el primer caso han logrado establecer un relato mediático que, a su vez, ha terminado por privar a las acciones chinas en el país africano de su pertinente atención.

Jiang Zemin sucedió a Deng al frente de la Secretaría del Partido Comunista en 1992. Ante la amenaza de ser sustituido si no continuaba con la línea política de su predecesor, formuló la política exterior en torno a los “cuatro noes”: no querer el conflicto, no provocar el conflicto, no huir del conflicto y no temer el conflicto. Pero hubo notables excepciones con Taiwán en los años 90. Las pruebas con misiles al norte de la isla de Formosa (Taiwán) en 1995 y los ejercicios militares navales, que buscaban sabotear los comicios electorales de su vecino en 1996, dan buena cuenta de la brecha existente entre la teoría y la práctica chinas.

El país entró en el nuevo siglo como una gran potencia emergente. En consecuencia, parte de la comunidad internacional comenzó a percibirlo como una amenaza. Para contrarrestar su recién adquirida imagen exterior, el gobierno de Hu Jintao teorizó la “ascensión pacífica de China”, cuya esencia residía en la no-intervención. Sus decisiones como miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas expresan su voluntad de influir a la hora de defender sus intereses. Así ocurrió en 2001. En la votación sobre la intervención armada en Afganistán para acabar con el régimen talibán, Pekín se pronunció a favor (Resolución 1383). Aunque pueda percibirse como una mera maniobra de patrocinio de la política estadounidense, precisa de una importante matización de los ideales chinos. De igual manera dejaba esto patente con su retirada del Tratado sobre Misiles Anti-balísticos.

Xi Jinping, al frente del país desde 2013, profundiza en la idea de gran potencia. Concibe a China como un actor con un gran potencial militar, económico, comercial y de acción exterior. Xi heredó de Hu la orientación prioritaria de la acción exterior, la llamada “comunidad de destino compartido”. La intensa diplomacia que China lleva a cabo con los países de su vecindario pretende configurar un nuevo sistema como respaldo a sus relaciones con Occidente. El comercio asiático es de vital importancia, ya que el 53% de las importaciones y el 44% de las exportaciones chinas tienen lugar dentro del continente, según el OEC (The Observatory of Economic Complexity).

Estas relaciones no impiden las incursiones de China en la soberanía, el territorio y asuntos internos de algunos de sus vecinos. Durante la última década, las reclamaciones territoriales han dado un paso decisivo. La militarización de las islas Spartly, que se encuentran fuera de su Zona Económica Exclusiva, ha retratado el abandono del “ascenso pacífico”, minando la soberanía territorial de Filipinas, Malasia, Vietnam, Taiwán y Brunéi. China busca posiciones estratégicas en la zona, incluyendo una salida al Océano Índico. Todo ello se recoge en la ley de la “línea de los nueve puntos” con la que pretende delimitar el Mar del Sur de China, apropiándose. La cadena geográfica formada por Japón, Taiwán, Filipinas, Malasia y Vietnam bloquea su expansión marítima, de ahí la importancia de dicha línea.

 

Sudán del Sur

Alejándonos de la periferia china, encontramos un reducto en África donde se aplica una política exterior distinta, pero que tampoco sigue los parámetros establecidos: Sudán del Sur. Aunque su presencia allí es notable – el país no es un punto prioritario para China, pues apenas representa el 4% de las importaciones de petróleo chinas y no tiene salida al golfo de Adén o al mar Rojo, pasos estratégicos para la ruta comercial marítima china.

Esta aparente contradicción esconde una verdad muy sencilla: Sudán del Sur es un experimento de la acción exterior de Pekín. Las decisiones tomadas allí son dignas de una superpotencia. La República Popular ha intervenido en las decisiones del gobierno; sus inversiones son cuantiosas y constantes, sobre todo en la explotación de petróleo; y, por primera vez, ha hecho uso de la fuerza para proteger las infraestructuras de las empresas nacionales chinas, enviando efectivos militares.

De alguna manera, China ha conseguido instalarse en un país y dar forma a las decisiones del Estado. Ejerce, por ejemplo, como mediador entre Sudán y Sudán del Sur para hacer converger los intereses petroleros de ambos países con los suyos. El gobierno de Yuba recurre, casi instintivamente, al de Pekín cuando tiene que suplir ciertas necesidades o solucionar intrincados problemas políticos, sociales o económicos. Durante la guerra civil de 2013, el gobierno chino procuró poner fin al conflicto y cumplir con los objetivos humanitarios. Desde Sudán del Sur, China es percibida como una fuente de ingresos y desarrollo.

Sudán del Sur no es un escenario “probeta”. China no concibe en él un plan para proyectar en otras regiones. Es una acción puntual y acotada de su política exterior; un experimento –definido así por Crisis Group– de prueba y error. El factor determinante no es tanto la presencia china en el territorio, como las intenciones de la república popular para el país.

El pragmatismo del gobierno chino para adaptarse a cualquier oportunidad que le ofrezca una situación determinada concede una gran ventaja a su política exterior, aunque a primera vista resulte estratégicamente inoperante. Este juego de posiciones es eficaz disminuyendo las sospechas en la comunidad internacional. Los diferentes focos de la RPC son bazas a la espera de cumplir su función en el momento adecuado. Por otro lado, la matización importante consiste en su comportamiento “a la occidental” en Sudán del Sur (intervenciones directas en el gobierno y el estado) por muchas críticas que destine al modus operandi de Europa y Estados Unidos.

27.04.2019 Siete Días en Política Exterior, Irene Fernández Jiménez