XIII Jornadas de Seguridad, Defensa y Cooperación: “Hacía un Ejército Europeo”

 

De la CED a la Autonomía Estratégica de la UE: un cambio de paradigma en la Seguridad y la Defensa

La rápida transformación de la estructura del Sistema Internacional trae consigo un
cambio de paradigma en la seguridad y la defensa, lo que obliga a Europa a plantearse
de nuevo el debate sobre dicha materia. Descartado un ejército europeo en el corto y
medio plazo, solo queda centrarse en torno a su «autonomía estratégica». Mientras se
proponen grandes proyectos y anticuados al momento histórico en el que vivimos, como
el portaviones europeo, otros conceptos clave como el espacio, las amenazas híbridas
o la inteligencia artificial (y sus diferentes campos como el Aprendizaje Profundo), no son
si quiera tenidos en cuenta por las actuales autoridades europeas, aun habiendo sufrido
ya sus consecuencias por algunos de sus Estados miembros. Las operaciones
espaciales y cibernéticas, cuentan ya con el suficiente potencial de tener un mayor
impacto en la guerra del siglo XXI o «guerra futura», que las bombas y las balas, que ya
son parte del pasado.

Boletín del IEEE. Jorge Abad Soto, Graduado en Relaciones Internacionales y Oficial Analista de Inteligencia

17.02.2019. Carmen RengelEl HuffPost. Hacia un Ejército europeo

23.02.2019. Ok Diario. El PSOE apuesta por la formación de un ejército europeo de cara a las europeas

¿Es viable un ejército europeo a medio plazo?

El 70 aniversario del nacimiento de la OTAN reaviva el debate sobre la necesidad de un ejército europeo que otorgue a Europa una mayor autonomía de la Alianza Atlántica y de Estados Unidos en materia de seguridad y defensa. La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Emmanuel Macron, lideran esta reivindicación de “independencia estratégica” para la que no parecen existir todavía propuestas concretas. Preguntamos a los expertos si es viable un euroejército a medio plazo.

José Enrique de Ayala | Miembro del consejo asesor de ‘Política Exterior’. Jefe del Estado Mayor del Eurocuerpo entre 2001 y 2003.

Si hablamos de un ejército europeo similar a los ejércitos nacionales clásicos, es decir, integrado, con una sola estructura, una sola jerarquía, y dependiente de una autoridad política única, la respuesta es no. Primero necesitaremos tener una unión política en la que los Estados miembros de la Unión Europea hayan aceptado compartir su soberanía hasta sus últimas consecuencias, lo que es difícil de imaginar a medio plazo, aunque este es un objetivo al que no deberíamos renunciar.

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EUROPA Y LA NUEVA GUERRA FRÍA

Macron ha lanzado una contundente señal de alarma ante Trump pero con la mirada puesta en la actual Europa en el mundo: la creación de un Ejército de Europa

FRANCISCO J. CARRILLO Exembajador de la Unesco y Vicepresidente de la Academia Europea 

Si mezclamos en el mortero los procesos de globalización financiera y la presencia de los tres grandes actores (EE UU, Rusia y China) en competencia comercial con ‘cuarteles activos’, los resultados son inquietantes para el presente y para el futuro de la humanidad. La reacción visceral, y racional, desde la atalaya europea sería: más europeísmo. El discurso no puede seguir sobrevolando los despachos administrativos y las sacristías judeo-cristianas. Las circunstancias reclaman con urgencia que el relato europeo se instale en las escuelas, en los sistemas educativos, mediante un esfuerzo singular de educación comparada. ¿Cómo es posible ‘hacer Europa’ si apenas nos conocemos entre nosotros mismos?

Tras dos guerras devastadoras que calificamos de mundiales por la presencia fundamental de los extraeuropeos, Europa inicia su reconstrucción material con la ayuda decisiva del Plan Marshall alimentado por los Estados Unidos de América, al tiempo que unos ‘Padres Fundadores’, que preconizaban la Unión en 1947 (Congreso de La Haya) eran portadores de una filosofía y unos valores basados en un manojo de principios básicos: democracia, libertad y participación distributiva y equitativa. Principios y valores que rememoraban a Aristóteles y a toda la tradición judeo-cristiana (que hoy pueden sonar a cantos de sirenas). Se reconstruyeron las ciudades devastadas por la guerra, se dieron los primeros pasos para la reindustrialización y se llegó a lo que hoy es la Unión Europea. Se abrieron las fronteras a la libre circulación de personas y de mercaderías. La globalización financiera iba por su lado (por usar una simplificación) y saltaban por sí solas las viejas fronteras. Pero Europa nacía con su tendón de Aquiles: la marginación de la cultura, de su desconocida diversidad cultural y de los valores implícitos en el devenir de sus pueblos y naciones.

Esta es la gran debilidad en las políticas unionistas que en manera alguna puede resolverse con el atractivo Programa Erasmus. En general, los jóvenes erasmus van a tierras ignotas sin previo conocimiento de las historias culturales y con apenas conocimiento de la lengua que aprenden y perfeccionan sobre la marcha porque los sistemas educativos no lo contemplaron y miraron a otro lado. ¿No fue ayer que los ministerios de Educación se llamaban ministerios de Educación Nacional? Miraban, y siguen mirando para dentro, con sus concepciones aún no resueltas de los relatos de la historia siempre contradictorios y sin tronco común. Creo no arriesgar posición intelectual al afirmar que esta es la clave de fondo de la debilidad europea, que tampoco cubre el turismo de masas ni el más específico turismo cultural.

En esta situación de debilidad cultural (aunque de momento no haya alarmas en la economía todavía potente de Europa) surgen nuevos actores (EE UU, Rusia y China, además de las potencias que ya emergieron, como es el caso de India) en máxima tensión comercial y en circuitos que fueron ya utilizados en lo que fue carrera armamentística que renace con toda fuerza. Trump (pero no sólo él) ha dado pasos inesperados por el frágil equilibrio mundial que habíamos conseguido: políticas abiertamente proteccionistas y nacionalpopulistas, opción reiterada contra el multilateralismo (debilitar la ONU, la Unesco, los mecanismos e instrumentos internacionales de regulación del comercio, etc.). Y como última insistencia, debilitar el Tratado del Atlántico Norte (OTAN). El efecto-llamada de tales políticas ha impulsado a los nacionalpopulismos (de izquierda o de derecha), sin duda en Rusia y en China, y en la vieja Europa: Italia, Polonia, Hungría, Austria, Alemania, Francia, Holanda, ‘Brexit’… La Unión Europea ha sido incapaz de impedir tales movimientos de los euroescépticos que recuerdan situaciones de los años 1930 que parieron al monstruo de Hitler e incitaron al fascismo italiano. La única solución es más europeísmo con importantes correctivos a su relato cultural (prácticamente inexistente) y a los mecanismos económicos-financieros de la Unión.

El primer ministro francés, Macron, ha lanzado una contundente señal de alarma ante Trump pero con la mirada puesta en la actual Europa en el mundo: la creación de un Ejército de Europa que, según algunos analistas y estrategas, daría soporte inmediato a la renqueante Unión Europea. Merkel ha apoyado esta propuesta con entusiasmo, añadiendo la posibilidad de crear un ‘Consejo de Seguridad Europeo’ (estilo al de la ONU) con capacidad de decisión rápida. Es de toda lógica al sopesar no sólo la debilidad político-militar de la Unión Europea, sino las serias amenazas que se vislumbran en el horizonte. Ante tales hechos, hay que dotarse de nuevos instrumentos políticos para saber defenderse e incluso prever (lo que es evidente ante el terrorismo globalizado). El relanzamiento de la carrera armamentística, con la aplicación de altas tecnología y de la inteligencia artificial, (Guerra Fría, sin duda), ha hecho sonar las alarmas de los países detentores del arma nuclear: Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido, India, Paquistán, Israel, y quizá Corea del Norte e Irán. Arabia Saudí ha iniciado la construcción de una planta nuclear «con fines pacíficos» y aplicación civil…

Ante este panorama, más europeísmo en las escuelas, más cultura en los programas de la Unión Europea, más negociaciones multilaterales para frenar nuevas guerras, incluida la híbrida del terrorismo. Y sobre todo más educación en los valores comunes y transversales (ética y moral) de la humanidad. El resurgir de los nacionalpopulismos es un peligro contra esa humanidad en desequilibrios alarmantes.

11.12.2018 Diario Sur. Tribuna

La defensa europea ¿debe ser responsabilidad de la Unión Europea?

NOTA DE LA REDACCIÓN:

Los tres pilares de la soberanía son: la Defensa, la Política Exterior y la Política Monetaria. En la actualidad la UE solo dispone de uno de ellos ¿Debe tener los tres y asumir el puesto conjunto que le corresponde en el planeta?

Esa es la controversia:

Mayo 2018. Video youtube sobre la defensa europea y EE.UU.

20.11.2018. La Vanguardia. Secretario general de la OTAN, sobre un posible Ejército europeo: “Lo que Europa necesita es más inversión en defensa”

21.11.2018. Sputniknews. La idea de crear un Ejército común de la UE, expresada por varios líderes europeos, ha encontrado un inesperado apoyo en Vladímir Putin. En Rusia, que durante siglos ha sufrido varias invasiones desde Occidente, todo auge de fuerza europea tradicionalmente es visto con desconfianza. Entonces, ¿a qué se debe este respaldo?

21.11.2018. El País. El espectro del Ejército europeo La creación de unas fuerzas armadas de Europa plantea numerosas dificultades nacionales y de los propios mecanismos de la UE que hacen que la idea no pueda pasar de ser un deseo a un proyecto

21.11.2018. El Mundo. Paula Risikko, presidenta del Parlamento de Finlandia: “Un ejército europeo puede ser un camino para una UE más fuerte”

22.11.2018. Mundo Sputniknews. El embajador de EEUU para la Unión Europea, Gordon Sondland, pidió claridad al bloque sobre sus intenciones de crear un Ejército propio. Según él, si esa propuesta llegara a concretarse debe ser un complemento de la OTAN y no su reemplazo. “Este es un asunto muy delicado para nosotros. Regularmente convencemos a un elector típico en Estados Unidos de las razones por las que, a pesar de todos nuestros problemas, enviamos anualmente decenas de millardos de dólares a Europa para protegerla de Rusia y otras fuerzas inamistosas, aunque ese dinero podría ser destinado a las necesidades de Estados Unidos”, dijo el diplomático en una audiencia del comité de Asuntos Exteriores.

21.11.2018. Real Instituto Elcano. Defensa europea: ¿de qué ejército europeo hablan Macron y Merkel? Fleix Arteaga. ARI 125/2018 – 21/11/2018

Tema. El presidente Emmanuel Macron y la canciller Angela Merkel han reivindicado la necesidad de que la UE cuente con un ejército europeo.

Resumen. El presidente Emmanuel Macron y la canciller Angela Merkel han reivindicado la necesidad de un ejército europeo, una reivindicación enmarcada en el contexto de la conmemoración del fin de la Primera Guerra Mundial y de las próximas elecciones europeas y que ha adquirido mayor notoriedad mediática gracias a su descalificación por los tweets del presidente Donald Trump. Sin embargo, ninguno de los dos ha explicado en qué tipo de ejército están pensando, si en uno que dependa de las instituciones europeas y defienda el territorio de los Estados miembros (Ejército europeo) o en una fuerza militar que proporcione seguridad a terceros bajo el control de los Estados participantes (Ejército de europeos). Este análisis describe las iniciativas previas, el contexto de la reivindicación y los últimos avances de la Política Común de Seguridad y Defensa en 2018.

 

Rusia, Turquía e Irán. ¿protagonistas principales en la crisis de Siria?

NOTA DE REDACCIÓN: Occidente, parece que ya no tiene nada que decir ¿Se ha hecho dejación de funciones como potencia en una crisis tan importante como es la de Siria? ¿Está Occidente de acuerdo con el mantenimiento en el poder del actual mandatario sirio?

Rusia, Turquía e Irán piden a los rebeldes de Idlib que depongan las armas

Las tres potencias implicadas en la guerra siria cooperarán para luchar contra el Estado Islámico y el Frente al Nusra

Erdogan, Putin y Rohaní fracasan en ponerse de acuerdo sobre un alto el fuego en la provincia

En una cumbre marcada por las divergencias, los líderes ruso, Vladímir Putin, turco, Recep Tayyip Erdogan, e iraní, Hasan Rohani, fracasaron a la hora de acordar el alto el fuego propuesto por el presidente de Turquía (así como gran parte de la comunidad internacional y de derechos humanos), para evitar, en sus palabras, un “lago de sangre” en la provincia de Idlib, el último bastión opositor que queda tras más de siete años de guerra en Siria.

El presidente sirio, Bashar el Asad, se había marcado como fecha límite el próximo lunes 10 de setiembre para lanzar la ofensiva terrestre contra la región, en la que habitan actualmente unos 2,9 millones de personas. Sin pronunciarse específicamente sobre ello, los presidentes de las tres principales potencias extranjeras implicadas en la guerra siria acordaron luchar contra el “terrorismo” en la región, con Putin, como principal defensor de la voluntad de El Asad de dominar todo su territorio.

 

07.09.2018. La Vanguardia. Leer más

07.09.2018. El Mundo. Vladimir Putin rechaza una tregua en Siria

07.09.2018. El País. Erdogan echa un pulso a Rusia e Irán en la batalla final de Siria Turquía teme una avalancha de refugiados en la ofensiva contra el reducto rebelde de Idlib

GEOPOLÍTICO 08.09.2018

Rusia pide cesar provocaciones

Posted on: Thursday 06 September 2018 — 21:54

Moscú ha hecho un llamado a la comunidad internacional con el propósito de impedir otra provocación a la utilización de armas químicas en Siria, ha declarado Serguéi Lavrov, ministro de Exteriores de Rusia.

El canciller de Rusia explico que tiene a su disposición alguna información proveniente de una gran cantidad de fuentes, de que se esta preparando una nueva provocación en Ildlib con uso de armas químicas.

“Hay que aplicar los esfuerzos para que las organizaciones internacionales sientan su r… Sigue leyendo

Rusia pide a la comunidad internacional ¡No ataquen a Siria!

Posted on: Wednesday 05 September 2018 — 21:54

La embajada de Rusia en Londres ha previsto enviar una carta al ministerio de relaciones exteriores del Reino Unido con el llamamiento de evadir las nuevas provocaciones en Idlib y también ataques aéreos contra el territorio sirio, ha declarado una representante de la misión diplomática rusa.

“El encargado de negocios interino enviará hoy una carta oficial al secretario de Estado británico para Oriente Próximo, Alistair Burt”, dijo el portavoz a los periodistas.

Agregó también con esto que la e… Sigue leyendo

¿Está Occidente jugando con fuego?

Posted on: Tuesday 04 September 2018 — 13:14

Rusia ha enviado una advertencia a Occidente diciendo que no juegue con fuego, refiriéndose a planificar nuevas provocaciones en la región Siria de Ildlib, aseveró Serguéi Lavrov, ministro de asuntos exteriores en Rusia.

Al ofrecer una entrevista de prensa al lado de su homologo en Siria, el político mencionó que se prepara una nueva provocación occidental, con el objetivo de crear trabas a la operación antiterrorismo en Ildlib.

“Con hechos concretos sobre la mesa, hemos advertido sin rodeos y … Sigue leyendo

EEUU tiene a Siria en la mira

Posted on: Monday 03 September 2018 — 18:14

Mientras que los Estados Unidos siguen incrementando su presencia militar en el territorio sirio, el ministro de defensa rusa ha advertido sobre los preparativos que se están llevando a cabo para el montaje de la ofensiva química en la nación levantina.

Sin embargo, las autoridades de los Estados Unidos han desmentido la existencia de una planificación para llevar tal ofensiva contra Siria, pero numerosos expertos, entre los cuales están los entrevistados por el medio de información ruso Vzgly… Sigue leyendo

A world without NATO?

Michael Rühle heads the Energy Security Section of NATO’s Emerging Security Challenges Division. Previously, he served as a speechwriter for six NATO Secretaries General. The views expressed are his own.

What is published in NATO Review does not necessarily represent the official position or policy of member governments, or of NATO.

Fifteen years ago, when the Iraq war divided the NATO Allies and some even talked of the end of the Atlantic Alliance, veteran journalist Jim Hoagland remained calm. Predictions about the imminent demise of NATO had been around for ages, he said during a brainstorm with NATO ambassadors. And, with a wink, he even put some of the blame on fellow journalists: “Whenever we at the Washington Post have a slow news day, we publish a ‘Whither NATO?’ piece.”

Hoagland’s serenity proved justified: the transatlantic relationship quickly recovered.

But times change. Today, the European Union struggles with numerous crises, from “Brexit” to burgeoning nationalism. Formats like the G-7 no longer seem to generate the common leadership on global issues that Western nations have sought to exert for so long. The narrative about the “demise of the West” appears to be gaining more and more traction. And the notion that even the venerable NATO may well be dispensable is no longer confined to the “usual suspects” from the academic ivory tower or the wilder shores of isolationism.

What would a world without NATO look like?

It is a useful question to ask, because such a counterfactual experiment helps to sharpen the focus on what would be at stake. After all, the end of NATO would mean much more than just the disappearance of a bureaucracy in Brussels. It would mean nothing less than the end of an institutionalised political and military link between Europe and North America.

The political and military consequences of such a development would be manifold – and dangerous.

The end of collective defence

The dissolution of the Atlantic Alliance would mean the end of transatlantic collective defence. Europe would have to provide for its security without the United States. For some Euro-enthusiasts, who have long sought Europe’s “emancipation” from the United States, such a prospect might seem like a dream come true. For those, by contrast, who still view the transatlantic community as a unique and indispensable achievement, it would look like a nightmare.

Building a purely European defence would overwhelm the Europeans politically, financially and militarily. Attempting to compensate even partially for the departure of the United States would mean dramatic increases in defence spending and a radical overhaul of European arms development and procurement procedures. Even more, it would ultimately require a genuine European security policy, including a consensus on a European nuclear deterrent, which is nowhere in sight.

In other words, the disappearance of NATO would call for a further deepening of European integration in the very field where integration is most difficult. And all this would come at a time when many nation states want less Europe, not more.

An increase in Russia’s power in Europe

By contrast, the end of NATO would dramatically increase Russia’s position in European security. With the United States effectively ceding its status as a “European power”, the temptation and the opportunities for Russia to divide or intimidate its European neighbours would grow.

It has been said that NATO’s continued existence creates a problem for Russia. That may well be true, but the disappearance of the Alliance would create a problem for Europe: without the NATO protective umbrella, Europe would lack the self-confidence required for a coherent and constructive engagement with the Eurasian power. Some European countries would seek their own deals with Moscow.

Moreover, for many countries in the post-Soviet space, which want to demonstrate their independence from Russia through their relations with NATO, the end of an American security role in Europe would be a strategic disaster. The new “post-American” power balance in Eurasia would condemn them to remain permanently in Russia’s sphere of influence.

Diminishing military interoperability

And there is more. The end of NATO would also deprive Europeans and North Americans of an important framework of legitimacy for the use of military power.

Without the broader NATO framework, the political and military stamina required for dangerous and long-term stabilisation missions, such as Afghanistan, could not be generated. Ad hoc military operations among the United States, Canada and European countries would still be possible – but the disappearance of NATO’s common defence planning and exercise practice would result in ever-diminishing military interoperability among them. Without the United States as the military centre of gravity, European military standards would most likely regress towards the lowest common denominator.

Sooner rather than later, the United States and most of its former allies would lose their ability to cooperate militarily. Without the tried and tested NATO procedures and standards, even the United States’ role as a military enabler (“leading from behind”) would become far more difficult.

The regionalisation of security

If NATO ceased to exist, it would inevitably encourage the regionalisation of security. Without the Alliance as a strategic bracket for bridging different regional security interests, southern European countries would tend to focus on the Maghreb and the Middle East, while eastern European countries would focus more on Russia. However, without the United States as their security backbone, none of these groupings would have enough political cohesion and military strength to exert a lasting influence on their respective regions of interest. The result would be a further weakening of Europe as a strategic actor.

NATO’s unique network of partnerships with dozens of countries from all over the globe would disappear as well, forcing Europe and North America to fall back on a host of complicated bilateral relationships.

Wider implications for Allies and partners

The end of the Alliance would also be an enormous challenge for Allies such as Canada or Turkey, as they do not have the opportunity to organise their ties to Europe through membership of the European Union.

It would even pose a major dilemma for non-NATO countries such as Finland and Sweden. Since their pragmatic policy of military non-alignment is made feasible by a continuing American role in European security, an end of this unique role would significantly change these countries’ strategic environment and could reduce their latitude as engines of regional cooperation.

Finally, without the prospect of NATO accession, the West would also lose much of its influence on the reform processes in the candidate countries from southeast Europe to the Caucasus.

A bad deal

And what about transatlantic burden-sharing? Would the end of NATO not at least ensure that the United States were finally relieved of an “unfair” financial and military burden?

Hardly. The United States defence budget reflects the military expenditures of a global power. It therefore goes well beyond NATO, which at the highest estimate represents no more than 15 per cent of total United States defence spending. Consequently, the dissolution of NATO would translate into relatively small savings for the United States, yet Washington would lose allies, military bases and the political predictability established through daily multilateral consultations in the Alliance framework.

The geopolitical winners would be China, Russia and all those who, by using the clarion call of the need to build a “multipolar world”, seek to weaken the United States’ role in upholding international order.

In sum, for all these reasons, a world without NATO would be a bad deal for the United States, for its Allies, and for partners in Europe and beyond.

NATO Review. 29.08.2018

YouTube. Michael Rühle comments on the role of NATO and energy security