Libia: estado fallido. Errores geopolíticos que se pagan

 

Documento de análisis 21/2019
Título:  Libia: ¿El modelo de conflicto del siglo XXI?
Autor: Pedro Sánchez Herráez. COL.ET.INF.DEM. Doctor en Paz y Seguridad Internacional. Analista del IEEE

Documento de opinión 63/2019
Título: La desinformación como factor desestabilizador en Libia
Title: Disinformation as a destabilizing factor in Libya

Autora: Nuria Portero Alférez. Máster Interuniversitario Analista de Inteligencia. Becaria investigadora IEEE.

 

Documento de opinión 62/2019
Título: Libia: la compleja y necesaria reforma del sector de seguridad
Title: Libya, on the complexity of and need for security sector reform
Autora: Raquel Esther Jorge Ricart. Máster en RR. II.  y Estudios Africanos. Becaria investigadora IEEE

«Fake news», antes llamada «desinformación»

En el arte de la guerra, las fake news son tan antigua como las propias armas y a lo largo de la historia ha sido empleada la desinformación para perturbar los criterios de decisión del mando contrario.

Hoy la guerra por la información es multisectorial, no queriéndose llegar hasta los centros de decisión política, sino precisamente sobre las mentes de los que de forma democrática creen que eligen a los mejores decisores.

La Agenda de Política Exterior de 28.03.2019, acierta plenamente:

¿Qué grado de amenaza supondrán las noticias falsas en las próximas elecciones europeas?

¿Es posible acabar con los productores de ‘fake news’?

La información es poder, en todos los sentidos. El periodismo de la desinformación y las noticias falsas parece ganar posiciones en la agenda mediática. La proliferación de fakes news es un fenómeno al que la clase política recurre cuando busca intereses estratégicos poco lícitos que el ciudadano seguramente no aprobaría. En este contexto, preguntamos a los expertos cómo este fenómeno puede condicionar las próximas elecciones europeas y si es posible acabar con quienes producen este tipo de contenido. Leer más

Desinformación en la Unión Europea. Susana de la Sierra

De un tiempo a esta parte la expresión fake news se ha consolidado en el lenguaje público y se ha ido integrando en la agenda institucional y normativa. Su traducción literal, noticias falsas, no apela a nada novedoso. Así, la protección de la libertad de información contemplada en el artículo 20 de la Constitución partía y parte de la noción de veracidad, exigiéndose una diligencia mínima que ha ido definiéndose a golpe de sentencia. Y todo ello con la máxima cautela, dado que la libertad de prensa forma parte del núcleo duro del Estado democrático. Leer más

Fake news’ 2.0: ¿Cómo se crea una realidad alternativa?Luis Esteban G. Manrique

No diga ‘fake news‘, diga ‘desinformación‘,  Silvia Majó

Hackear’ las elecciones de WhatsApp en WhatsApp, Alberto Fernández Gibaja 

Fake news’, una nueva arma de destrucción masiva, Ángela Bethencourt Linares

Agenda de Política Exterior de 30.03.2019

David Alandete | Periodista. Autor del libro Fake News: la nueva arma de destrucción masiva. @ALANDETE

La desinformación es un problema muy grave que ya afecta a las instituciones europeas a través de la proliferación de noticias falsas o exageradas que tratan de agravar divisiones y reforzar a partidos contrarios al proyecto común de integración del continente. No es un problema nuevo y sus efectos ya se han dejado sentir en crisis como la del Brexit en Reino Unido, el independentismo catalán en España o los chalecos amarillos en Francia. El problema es que de momento la Comisión Europea ha decidido confiar en la autorregulación del sector y en programas de educación, medidas a todas luces insuficientes cuando hay pruebas de que existen enemigos de la Unión Europea, como el gobierno ruso, que invierten cientos de millones de euros en financiar portales como RT y Sputnik, con un claro sesgo “eurófobo”, y en cuyas publicaciones se suele retratar a Bruselas como centro de un poder decadente, burocrático, autoritario e inútil.

En esta estrategia de dinamitar las instituciones europeas entra el apoyo de Rusia a partidos extremistas como el Frente Nacional francés -ahora Agrupación Nacional (AN)- La Liga italiana, UKIP en Reino Unido y Vox en España. Si esos partidos pueden formar un grupo que impida una mayoría bipartidista —de centro derecha y centro izquierda— podemos tener por delante cinco años de parálisis y desgobierno en la Unión Europea, con un Parlamento Europeo directamente antieuropeo.

En este momento hay en el seno de la Comisión un intenso debate sobre si la desinformación debe atajarse por la parte de la oferta —quienes producen noticias falsas— o la demanda —quienes las consumen—. Lo cierto es que, más allá de los debates teóricos, ya hay países como Estados Unidos, Reino Unido o Francia que han puesto coto a las actividades subversivas de los medios de desinformación rusos, limitando su acceso a fuentes de información y obligándoles a registrarse como agentes propagandísticos. Creo que esas son, de momento, las medidas más efectivas para luchar contra las noticias falsas sin menoscabar la libertad de expresión.

Clara Jiménez Cruz | Periodista. Confundadora de Maldita.es@CJIMENEZCRUZ

Es prácticamente imposible medir empíricamente el impacto que la desinformación tiene en el voto de los electores, lo que sí podemos decir es que en periodo electoral la proliferación de bulos es mayor. Es importante que la ciudadanía esté, si cabe, más alerta que nunca en épocas como esta porque por un lado se la van a intentar colar con desinformación fabricada, pero también pendiente de que los políticos en campaña tampoco lo consigan.

De cara a las elecciones europeas nos enfrentamos a dos factores: la desinformación del discurso público pero también al discurso político. En el debate de la lucha contra la desinformación yo creo que hay que tener claro que la línea entre una legislación antibulos y la censura es excesivamente delgada. Además, no conocemos suficientemente el fenómeno: necesitamos estudiarlo más si pretendemos hacer una legislación realmente efectiva. A día de hoy, además de invertir en educación digital en todos los estratos de la sociedad se están estudiando diferentes vías tecnológicas para intentar minimizar su impacto pero la solución tiene que ser colectiva: las plataformas tienen que implementar mecanismos que disminuyan su difusión y ser mucho más transparentes a la hora de compartir datos; el periodismo tradicional necesita encontrar un modelo de negocio que no fomente la publicación y difusión de noticias sin contrastar; la política tiene que asumir también su responsabilidad y rectificar cuando utiliza un dato falso; y por último los ciudadanos tienen que ser conscientes de que esta amenaza existe y de que ellos son una parte involucrada porque actúan como vectores de viralización de la mentira al compartir desinformaciones no contrastadas y de las que no están seguros que sean reales.

Antonio Maestre | Periodista y colaborador en La MareaLaSextaTelemadridTelecincoRadioEuskadi y Jacobin@ANTONIOMAESTRE

Las noticias falsas son un problema consustancial al periodismo. Insistimos en asociar al problema a nuestros días, como si la opinión pública antes fuera un vergel de información fidedigna que Rusia ha convertido en un páramo. Es innegable que las nuevas tecnologías y la posibilidad de segmentar nuestros intereses, miedos y temores han provocado que la dispersión e impacto de noticias falsas sea más eficiente y selectiva a la hora de alimentar nuestros sesgos. No se puede negar la capacidad de la Internet Research Agency para perturbar asuntos de debate en redes desde San Petersburgo. Pero también tenemos a nuestra disposición las herramientas para crearnos una conciencia crítica y acceso a la información eficiente.

¿Es más o menos peligrosa esta situación que el sistema preexistente de intoxicación que tenían los medios tradicionales, órganos de propaganda y gobiernos? Estados Unidos creó una realidad paralela ayudándose de la agencia de relaciones públicas Hill and Knowlton para justificar su intervención en Kuwait, acusando falsamente al régimen de Saddam Hussein de asesinar a bebés en incubadoras de un hospital. Los nazis consiguieron culpar al dramaturgo Erich Müsham de unos inexistentes fusilamientos durante la revolución espartaquista para justificar su internamiento en los campos de Oranienburg. Se llegó a utilizar una campaña de protomemes, repartiendo fotografías con la acusación para justificar el arresto del creador de teatro anarquista. En la pasada campaña electoral en España el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, utilizó a una “policía patriótica” para inculpar a rivales con noticias falsas que distribuían a sus contactos en medios de comunicación tradicionales. La amenaza que tendremos en estas elecciones europeas es la misma que ha existido siempre, pero con otros medios y formas.

Acabar con las noticias falsas sería posible siempre que los intereses existentes tras su creación fueran diferentes a los de los poderes económicos, políticos y empresariales que han existido siempre. Se crean noticias falsas para influir, se influye para tener el poder, se quiere el poder para obtener intereses económicos, geoestratégicos o políticos. Eso jamás desaparecerá, por lo que tampoco lo harán aquellas noticias que tratan de influir en la opinión pública para lograr esa preeminencia.

Podemos crear contrapesos de gente con escrúpulos que, ejerciendo de forma honesta su profesión, intente matar moscas a cañonazos y paliar un problema sistémico de la era moderna. Podemos dejar de considerar periodistas a aquellos que montan medios de intoxicación masiva. Las asociaciones de prensa pueden dejar de ser un cementerio de elefantes y ejercer una labor de autocontrol de la profesión efectiva. Pero jamás podremos acabar con el deseo primigenio que mueve la creación de esta intoxicación.

Mira Milosevich-Juaristi | Investigadora principal para Rusia y Eurasia de Real Instituto Elcano. @MIRAMILOSEVICH1

Es necesario distinguir los conceptos de “noticias falsas” y “desinformación”. Cuando hay una estrategia política, un objetivo político en divulgar las noticias falsas, podemos y debemos hablar de la desinformación. Las noticias falsas en sí mismas no son una amenaza, lo son las campañas políticas que están detrás de ellas.

Seguramente habrá campañas de noticas falsas en las próximas elecciones europeas, tal como las hubo en las elecciones previas. No obstante, creo que la gran diferencia entre las elecciones previas y las próximas reside en que tanto las instituciones europeas como los ciudadanos de los Estados miembros están mucho más preparados. A nivel comunitario y estatal se han adoptado diversas medidas legislativas. Por ejemplo, en septiembre de 2018 la Comisión Europea publicó el Código de Prácticas sobre Desinformación. En España, en febrero de 2019, el Centro Criptológico Nacional ha publicado el documento Desinformación en el ciberespacio. Esto es un gran avance en comparación con los años previos.

En lugar de centrarnos en acabar con los productores de noticias falsas, que se multiplican con la velocidad de crear cuentas en Twitter o Facebook, o del uso de boots y trols,  debemos centrarnos en la responsabilidad individual de cada ciudadano. Nadie puede esperar de un Estado o de las instituciones europeas que le proteja de ser tonto. Cada uno debe tener criterio de distinguir entre las noticias falsas y la información verosímil. Para esto existe la posibilidad de contrarrestar una noticia. No debemos confundir el conocimiento con la información. El conocimiento nos ayudara de distinguir una información falsa de la verdadera.

Javier Morales | Profesor de Relaciones Internacionales e investigador del Grupo de Estudios de Europa y Eurasia (GEurasia). @JMORALESHDEZ

Cuando el término fake news sirve tanto a Trump para descalificar a los periodistas que le critican como a la UE para alertar contra la propaganda extranjera, quizás esté perdiendo utilidad explicativa. El problema de fondo es que las manipulaciones no consisten solo en la falsificar datos, sino también en tergiversarlos. Informar sobre hechos ciertos, pero desde una perspectiva basada en sentimientos, estereotipos o analogías inexactas, puede ser igual de perjudicial que las mentiras propiamente dichas.

El alarmismo en torno a los medios rusos, exagerando su influencia desestabilizadora en las elecciones europeas, no se corresponde con una evaluación realista de su capacidad para cambiar las opiniones del electorado. En la campaña de Trump, el Brexit o el referéndum separatista catalán, los discursos nacionalistas autóctonos eran muy anteriores y tuvieron un impacto abrumadoramente superior a las noticias difundidas por RTSputnik o los supuestos bots rusos. Nacionalismos que también han aumentado de forma visible en sociedades poco receptivas a los mensajes de Moscú, como Polonia o Ucrania. Los intentos de Rusia por influir en la opinión pública europea (que existen) no pueden hacernos olvidar las causas internas de nuestros problemas.

La ironía es que esta percepción de la propaganda rusa como una ofensiva cuasi-militar reproduce el discurso paranoico del Kremlin sobre los medios occidentales, acusados de ser agentes de la “injerencia” de los gobiernos de la OTAN. ¿Cómo condenar las graves violaciones de la libertad de expresión en Rusia, si al mismo tiempo nos planteamos impedir el trabajo de los corresponsales rusos en nuestro territorio? En lugar de bloquear el acceso a informaciones sesgadas, debemos educar a la ciudadanía para que se forme su propio sentido crítico y aprenda a detectar sin ayuda posibles manipulaciones informativas. Incluso aquellas que no proceden del extranjero.

‘Fake News’ 2.0: ¿Cómo se crea una realidad alternativa?

Por LUIS ESTEBAN G. MANRIQUE, redactor jefe de Informe Semanal de Política Exterior

En 2017 Google y FacebookTwitter y Amazon recibieron el 70% de la inversión en publicidad digital en Estados Unidos, un negocio muy lucrativo porque básicamente parasita la inversión que hacen en periodismo los medios de prensa escrita. Hoy el 40% de los lectores en países desarrollados obtiene online la información que consume.

Uno de los problemas de ese nuevo orden informativo es que las plataformas digitales se están convirtiendo cada vez más en instrumentos de desinformación y de intoxicaciones que siembran en la red trolls y hackers como anzuelos para incautos.

La difusión deliberada de falsedades es tan vieja como la política misma. Winston Churchill decía que en tiempos de guerra la verdad es tan preciosa que debe ser resguardada por una escolta de mentiras.

A pesar de las evidencias científicas, en EEUU un 37% de los encuestados cree que el cambio climático es un engaño. Un 42% cree en fenómenos paranormales. Un estudio de 2014 de la Universidad de Notre Dame sobre la correspondencia recibida por The New York Times y Chicago Tribune entre 1890 y 2010, encontró un hecho revelador: el porcentaje de quienes creen en teorías conspirativas –como la de que el alunizaje del Apolo XI en 1969 fue un montaje de Hollywood– apenas varió en todo ese lapso.

Leer más

La posverdad. Seguridad y defensa. Cuaderno de Estrategia 197

 

ÍNDICE

Introducción……………………………………………………………………………………………….. 9

Leandro Esteban Villamor

Capítulo primero

El mundo de la posverdad ……………………………………………………………………… 21

Federico Aznar Fernández-Montesinos

Una época de confusión. Los pos- y los -ismos………………………………………….. 23

Los medios y la opinión pública………………………………………………………………….. 27

Tecnología y sociedad………………………………………………………………………………….. 41

Verdad, emoción y razón……………………………………………………………………………… 46

La posverdad………………………………………………………………………………………………… 49

Las fake news o noticias falsas…………………………………………………………………… 55

La pospolítica……………………………………………………………………………………………….. 59

La guerra híbrida y la posverdad………………………………………………………………… 64

Superar la posverdad…………………………………………………………………………………… 69

Conclusiones………………………………………………………………………………………………… 75

Bibliografía…………………………………………………………………………………………………… 77

Publicaciones…………………………………………………………………………………………. 77

Recursos electrónicos y artículos………………………………………………………….. 79

Capítulo segundo

Políticas de seguridad y defensa en la era de la posverdad…………… 83

Alfonso Merlos

Introducción: un futuro de incertidumbre y fragilidad……………………………….. 85

Repensando el concepto de interés nacional……………………………………………… 86

Hacia una transición en los modelos de seguridad……………………………………. 89

Nuevos horizontes de la cultura de defensa………………………………………………. 92

La Inteligencia: ayer, hoy y mañana……………………………………………………………. 93

El arma de doble filo de las TIC…………………………………………………………………… 96

La metamorfosis en los procesos de comunicación …………………………………. 97

Un escenario de audiencias volátiles y empoderadas ………………………………. 99

Injerencias imprevistas en procesos electorales………………………………………. 100

Realidades y mitos de las operaciones rusas……………………………………………. 102

Conclusiones: cómo detener a atacantes invisibles………………………………….. 104

Capítulo tercero

Redes sociales y posverdad en el devenir de los Estados………………. 107

Eva Moya

Pero… ¿cómo hemos llegado hasta aquí?…………………………………………………… 109

Globalización, democracia y lobby……………………………………………………………….. 110

Del usuario pasivo al «ciudadano interactivo»………………………………………. 111

La pequeña revolución de la movilidad y la evolución de los dispositivos móviles……………………………………………………………………………………………. 119

Computación en nube, big data e inteligencia artificial…………………………. 120

Política, relaciones internacionales y economía a golpe de tuit……………….. 123

Propaganda política y posverdad «transparente»…………………………………. 123

Propaganda política y posverdad «enmascarada»………………………………… 133

Las redes sociales y la manipulación de la economía …………………………… 141

El impacto de la posverdad en las redes sociales y en las emergencias: seguridad y defensa……………………………………………………………………………… 144

Catástrofes naturales…………………………………………………………………………….. 144

Crimen, cibercrimen y mercenarios en redes sociales………………………….. 146

Terrorismo: el Dáesh en las redes sociales y contrapropaganda…………… 148

Las Fuerzas Armadas como objetivo……………………………………………………… 155

Tácticas utilizadas para combatir la propaganda y la manipulación a tra­vés de la posverdad………………………………………………………………………………. 157

Capítulo cuarto

La disrupción digital en el contexto de las guerras híbridas …………. 159

Javier Lesaca Esquiroz

La revolución tecnológica y sus implicaciones en la gobernanza…………….. 161

La disrupción comunicativa como arma en el contexto de las guerras hí­bridas…………………………………………………………………………………………………….. 168

Las guerras híbridas de agentes nacionales …………………………………………. 175

Las guerras híbridas de agentes no nacionales ……………………………………. 182

La metodología de la disrupción comunicativa …………………………………………. 183

La disrupción comunicativa del Dáesh……………………………………………………….. 186

La narrativa disruptiva del Dáesh …………………………………………………………. 187

Estrategia de medios y plataformas de difusión propias ………………………. 192

Distribución automatizada de las campañas …………………………………………. 194

Conclusión……………………………………………………………………………………………………. 195

Capítulo quinto

El hacktivismo como estrategia de comunicación: de Anonymous al cibercalifato……………………………………………………………………………………. 197

Manuel R. Torres Soriano

Introducción ………………………………………………………………………………………………… 199

Una breve historia del hacktivismo ……………………………………………………………. 201

Entre lo individual y lo colectivo ………………………………………………………………… 202

La eclosión del hacktivismo antisistema: Anonymous………………………………. 206

Bajo la estela de Anonymous………………………………………………………………………. 213

Hacktivismo yihadista…………………………………………………………………………………. 216

Conclusiones………………………………………………………………………………………………… 223

Composición del grupo de trabajo………………………………………………………… 225

Cuadernos de Estrategia………………………………………………………………………… 227

La posverdad Seguridad y Defensa CE 197