2019: Tensiones y pasiones

No es arriesgado predecir las grandes coordenadas de 2019 pues se han ido diseñando con fuerza durante 2018. Oriente Medio, una de las puertas del Mediterráneo compartido: el presidente Trump ha decidido la retirada de las fuerzas armadas de los Estados Unidos de Iraq y de Siria, dejando el campo libre, una vez más, a Rusia. No hay que olvidar que el denominado Estado Islámico y Al Qaeda siguen ocupando territorio y mentalidades en esos dos estados fallidos. La ONU estima que África será el gran granero poblacional a finales del siglo XXI con la mitad de la población mundial. China tomó ventaja con una importantísima presencia económico-financiera en dicho continente. En Europa se habla, en estos días, de una inversión de 40.000 millones de euros para contribuir al desarrollo africano, crear puestos de trabajo, contener la emigración y potenciar la educación endógena. Puede que estemos en los preliminares del debatido y no menos urgente ‘Plan África’ al estilo ‘Plan Marshall’ que benefició enormemente a Europa (España no fue beneficiaria) tras la II Gran Guerra. En el Mar de China se están dando hechos de alta tensión entre EE UU, China, Rusia y Japón a causa de reivindicaciones de fronteras con islas en debate incluidas e imposiciones de reglas comerciales. Las grandes tensiones tienen un trasfondo de guerra comercial: Trump optó por el unilateralismo (America first) y China se desvela por el multilateralismo y la defensa a ultranza de la Organización Internacional de Comercio (OIC). Rusia prosigue su expansión y presencia ‘imperial’ en Oriente Medio (sobre todo, tras la anunciada retirada de EE UU), con la mirada fija en las naciones fronterizas del antiguo Pacto de Varsovia (Ucrania-Crimea como referencia, pero hay más con un proyecto de base militar en Venezuela). A Europa desunida regresó una inquietante ola o más bien tsunami de nacionalismos centrífugos, con el ‘Brexit’ a título de ejemplo, en donde los populismos extremos, de derecha e izquierda, están promoviendo una ‘realidad alternativa’ con la confusión entre la verdad y la mentira, que es lo que hoy calificamos ‘posverdad’, en donde se incluyen desde los negacionismos (como las cámaras de gas de Hitler) hasta un relativismo radical que todo invierte o retrotrae. Irrumpe la ‘moral de situación’ y los aparentes nuevos valores éticos quedan diluidos en el voto de los populismos. Se distorsionan las escalas de valores de la tradición y se adultera la historia del tiempo de los pueblos. No me cabe la menor duda que situaciones semejantes, sin la globalización, se dieron en el pasado (baste recordar los años 30 en Alemania que sentó las bases del nazismo y el III Reich). América latina y el Caribe vuelve a convertirse en un laboratorio en donde democracia y dictadura se enfrentan por abrirse paso hacia la hegemonía regional.

Estos hechos preocupantes que anuncia el Año Nuevo 2019 tienen un telón de fondo: estamos en plena Guerra Fría, sin que acaso seamos conscientes de ello. Han saltado por los aires importantes tratados de desnuclearización y se ha dado luz verde a una desabrida carrera armamentística, abanderada por Trump y con consiguientes repercusiones en la producción y armamento nuclear en China, Rusia, Reino Unido, Francia, India, Paquistán, Israel (y probablemente Corea del Norte e Irán), detentores del arma atómica. Esta euforia atómica ha contaminado a los países emergente y a los del Golfo petrolero a pretender adquirir llave en mano plantas nucleares (con fines civiles, dicen).

Tras esta esquemática presentación de hechos reales (que no ‘alternativos’) resulta harto difícil extraer conclusiones ante realidad tan zozobrante. ¿Nos preparamos para la guerra o nos rearmamos para la paz? Es extremadamente complejo predecir el futuro. Centrémonos en Europa: ante las tendencias anti-unionistas y ante el resurgir de la propensión al repliegue de la soberanía a los Estados-nación, Macron y Merkel proponen la creación de un Ejército Europeo que, en el fondo, piensan sería una garantía para afianzar la unión política. Incluso Macron decidió una reimplantación en Francia del servicio militar obligatorio con contenido ‘social’. Un Ejército unitario ante el fracaso de unas Fuerzas Armadas integradas por los ejércitos nacionales, (cuya contribución puntual a misiones de paz de la Unión Europea, como en Mali –(en donde la modernizada fuerza de intervención de La Legión fue y es de gran eficacia en la lucha contra el terrorismo)–, es de signo positivo.

Ante la ‘realidad alternativa’ de los populismos (en donde no todo es negativo, aunque sus estrategias sí que lo son), hay que ir fabricando un nuevo concepto de ‘sociedad del bienestar’, basado indudablemente en el reparto y en la solidaridad, lo que de por sí reinstalaría valores imprescindibles de convivencia cimentada en el trabajo productivo y en el socialmente útil, en la educación y en la sanidad generalizadas y gratuitas, así como en el derecho a una vivienda digna para todo ciudadano. Para ello, sigue siendo válida, en España, la Constitución de 1978 y su desarrollo legislativo aún pendiente (como el derecho de huelga).

La solidez de una sociedad (y de un Estado o de la Unión Europea) se basa en el binomio tradición-modernidad. Se basa también en un Estado de Justicia enraizado en su propio ordenamiento jurídico-democrático y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que devuelva al ciudadano la motivación que sólo puede asentarse en el bien común y en principios distributivos y de solidaridad activa. Sin ello, el futuro será guerrero.

05.01.2019. Diario Sur de Málaga. La Tribuna

EUROPA Y LA NUEVA GUERRA FRÍA

Macron ha lanzado una contundente señal de alarma ante Trump pero con la mirada puesta en la actual Europa en el mundo: la creación de un Ejército de Europa

FRANCISCO J. CARRILLO Exembajador de la Unesco y Vicepresidente de la Academia Europea 

Si mezclamos en el mortero los procesos de globalización financiera y la presencia de los tres grandes actores (EE UU, Rusia y China) en competencia comercial con ‘cuarteles activos’, los resultados son inquietantes para el presente y para el futuro de la humanidad. La reacción visceral, y racional, desde la atalaya europea sería: más europeísmo. El discurso no puede seguir sobrevolando los despachos administrativos y las sacristías judeo-cristianas. Las circunstancias reclaman con urgencia que el relato europeo se instale en las escuelas, en los sistemas educativos, mediante un esfuerzo singular de educación comparada. ¿Cómo es posible ‘hacer Europa’ si apenas nos conocemos entre nosotros mismos?

Tras dos guerras devastadoras que calificamos de mundiales por la presencia fundamental de los extraeuropeos, Europa inicia su reconstrucción material con la ayuda decisiva del Plan Marshall alimentado por los Estados Unidos de América, al tiempo que unos ‘Padres Fundadores’, que preconizaban la Unión en 1947 (Congreso de La Haya) eran portadores de una filosofía y unos valores basados en un manojo de principios básicos: democracia, libertad y participación distributiva y equitativa. Principios y valores que rememoraban a Aristóteles y a toda la tradición judeo-cristiana (que hoy pueden sonar a cantos de sirenas). Se reconstruyeron las ciudades devastadas por la guerra, se dieron los primeros pasos para la reindustrialización y se llegó a lo que hoy es la Unión Europea. Se abrieron las fronteras a la libre circulación de personas y de mercaderías. La globalización financiera iba por su lado (por usar una simplificación) y saltaban por sí solas las viejas fronteras. Pero Europa nacía con su tendón de Aquiles: la marginación de la cultura, de su desconocida diversidad cultural y de los valores implícitos en el devenir de sus pueblos y naciones.

Esta es la gran debilidad en las políticas unionistas que en manera alguna puede resolverse con el atractivo Programa Erasmus. En general, los jóvenes erasmus van a tierras ignotas sin previo conocimiento de las historias culturales y con apenas conocimiento de la lengua que aprenden y perfeccionan sobre la marcha porque los sistemas educativos no lo contemplaron y miraron a otro lado. ¿No fue ayer que los ministerios de Educación se llamaban ministerios de Educación Nacional? Miraban, y siguen mirando para dentro, con sus concepciones aún no resueltas de los relatos de la historia siempre contradictorios y sin tronco común. Creo no arriesgar posición intelectual al afirmar que esta es la clave de fondo de la debilidad europea, que tampoco cubre el turismo de masas ni el más específico turismo cultural.

En esta situación de debilidad cultural (aunque de momento no haya alarmas en la economía todavía potente de Europa) surgen nuevos actores (EE UU, Rusia y China, además de las potencias que ya emergieron, como es el caso de India) en máxima tensión comercial y en circuitos que fueron ya utilizados en lo que fue carrera armamentística que renace con toda fuerza. Trump (pero no sólo él) ha dado pasos inesperados por el frágil equilibrio mundial que habíamos conseguido: políticas abiertamente proteccionistas y nacionalpopulistas, opción reiterada contra el multilateralismo (debilitar la ONU, la Unesco, los mecanismos e instrumentos internacionales de regulación del comercio, etc.). Y como última insistencia, debilitar el Tratado del Atlántico Norte (OTAN). El efecto-llamada de tales políticas ha impulsado a los nacionalpopulismos (de izquierda o de derecha), sin duda en Rusia y en China, y en la vieja Europa: Italia, Polonia, Hungría, Austria, Alemania, Francia, Holanda, ‘Brexit’… La Unión Europea ha sido incapaz de impedir tales movimientos de los euroescépticos que recuerdan situaciones de los años 1930 que parieron al monstruo de Hitler e incitaron al fascismo italiano. La única solución es más europeísmo con importantes correctivos a su relato cultural (prácticamente inexistente) y a los mecanismos económicos-financieros de la Unión.

El primer ministro francés, Macron, ha lanzado una contundente señal de alarma ante Trump pero con la mirada puesta en la actual Europa en el mundo: la creación de un Ejército de Europa que, según algunos analistas y estrategas, daría soporte inmediato a la renqueante Unión Europea. Merkel ha apoyado esta propuesta con entusiasmo, añadiendo la posibilidad de crear un ‘Consejo de Seguridad Europeo’ (estilo al de la ONU) con capacidad de decisión rápida. Es de toda lógica al sopesar no sólo la debilidad político-militar de la Unión Europea, sino las serias amenazas que se vislumbran en el horizonte. Ante tales hechos, hay que dotarse de nuevos instrumentos políticos para saber defenderse e incluso prever (lo que es evidente ante el terrorismo globalizado). El relanzamiento de la carrera armamentística, con la aplicación de altas tecnología y de la inteligencia artificial, (Guerra Fría, sin duda), ha hecho sonar las alarmas de los países detentores del arma nuclear: Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido, India, Paquistán, Israel, y quizá Corea del Norte e Irán. Arabia Saudí ha iniciado la construcción de una planta nuclear «con fines pacíficos» y aplicación civil…

Ante este panorama, más europeísmo en las escuelas, más cultura en los programas de la Unión Europea, más negociaciones multilaterales para frenar nuevas guerras, incluida la híbrida del terrorismo. Y sobre todo más educación en los valores comunes y transversales (ética y moral) de la humanidad. El resurgir de los nacionalpopulismos es un peligro contra esa humanidad en desequilibrios alarmantes.

11.12.2018 Diario Sur. Tribuna

La defensa europea ¿debe ser responsabilidad de la Unión Europea?

NOTA DE LA REDACCIÓN:

Los tres pilares de la soberanía son: la Defensa, la Política Exterior y la Política Monetaria. En la actualidad la UE solo dispone de uno de ellos ¿Debe tener los tres y asumir el puesto conjunto que le corresponde en el planeta?

Esa es la controversia:

Mayo 2018. Video youtube sobre la defensa europea y EE.UU.

20.11.2018. La Vanguardia. Secretario general de la OTAN, sobre un posible Ejército europeo: “Lo que Europa necesita es más inversión en defensa”

21.11.2018. Sputniknews. La idea de crear un Ejército común de la UE, expresada por varios líderes europeos, ha encontrado un inesperado apoyo en Vladímir Putin. En Rusia, que durante siglos ha sufrido varias invasiones desde Occidente, todo auge de fuerza europea tradicionalmente es visto con desconfianza. Entonces, ¿a qué se debe este respaldo?

21.11.2018. El País. El espectro del Ejército europeo La creación de unas fuerzas armadas de Europa plantea numerosas dificultades nacionales y de los propios mecanismos de la UE que hacen que la idea no pueda pasar de ser un deseo a un proyecto

21.11.2018. El Mundo. Paula Risikko, presidenta del Parlamento de Finlandia: “Un ejército europeo puede ser un camino para una UE más fuerte”

22.11.2018. Mundo Sputniknews. El embajador de EEUU para la Unión Europea, Gordon Sondland, pidió claridad al bloque sobre sus intenciones de crear un Ejército propio. Según él, si esa propuesta llegara a concretarse debe ser un complemento de la OTAN y no su reemplazo. “Este es un asunto muy delicado para nosotros. Regularmente convencemos a un elector típico en Estados Unidos de las razones por las que, a pesar de todos nuestros problemas, enviamos anualmente decenas de millardos de dólares a Europa para protegerla de Rusia y otras fuerzas inamistosas, aunque ese dinero podría ser destinado a las necesidades de Estados Unidos”, dijo el diplomático en una audiencia del comité de Asuntos Exteriores.

21.11.2018. Real Instituto Elcano. Defensa europea: ¿de qué ejército europeo hablan Macron y Merkel? Fleix Arteaga. ARI 125/2018 – 21/11/2018

Tema. El presidente Emmanuel Macron y la canciller Angela Merkel han reivindicado la necesidad de que la UE cuente con un ejército europeo.

Resumen. El presidente Emmanuel Macron y la canciller Angela Merkel han reivindicado la necesidad de un ejército europeo, una reivindicación enmarcada en el contexto de la conmemoración del fin de la Primera Guerra Mundial y de las próximas elecciones europeas y que ha adquirido mayor notoriedad mediática gracias a su descalificación por los tweets del presidente Donald Trump. Sin embargo, ninguno de los dos ha explicado en qué tipo de ejército están pensando, si en uno que dependa de las instituciones europeas y defienda el territorio de los Estados miembros (Ejército europeo) o en una fuerza militar que proporcione seguridad a terceros bajo el control de los Estados participantes (Ejército de europeos). Este análisis describe las iniciativas previas, el contexto de la reivindicación y los últimos avances de la Política Común de Seguridad y Defensa en 2018.