¿Arderá el Mediterráneo… sur?

Por. Pedro Sánchez Herráez, COL.ET.INF.DEM, Doctor en Paz y Seguridad Internacional. Analista del IEEE

Resumen:
Las dos orillas del mar Mediterráneo se encuentran íntimamente vinculadas; las diferencias en diversos parámetros socioeconómicos han motivado que las miradas entre ambas orillas tengan un componente distinto, relativo a la seguridad caso de norte a sur, relativo al desarrollo de sur a norte. La Primavera Árabe que recorrió, entre otras zonas, la orilla sur mediterránea, pese a las expectativas iniciales, ha dejado esencialmente un rastro de secuelas negativas, a modo de un incendio que asolaría la zona. Y parece que se está gestando una nueva revuelta. En un mundo en plena reconfiguración, nuevas potencias y actores ofrecen modelos y alternativas, ya distintas al «modelo europeo», opciones que aparentemente permiten completar mejor el vacío vital existente tras dicha revuelta. Un breve panorama de esta situación —en ambas orillas del Mediterráneo— y una reflexión final conforman el presente documento.

19.92.2020. IEEE. Documento de Análisis 40/2020

Cómo citar este documento:

SÁNCHEZ HERRÁEZ, Pedro. ¿Arderá el Mediterráneo sur? Documento de Análisis IEEE 04/2020. enlace web IEEE y/o enlace bie3 (consultado día/mes/año)

 

La Ruta de la Seda Marítima se hace grande en el Mediterráneo

Por Águeda Parra López, Sinóloga, ingeniera y doctora en Ciencias Políticas.

La conquista del Mediterráneo es la pieza clave de la estrategia política y comercial de China para posicionarse como potencia global.

China ha ampliado su esfera de influencia conectando El Pireo con el Canal de Suez y, a su vez, con el puerto de Estambul, puente con Oriente Medio.

La hostilidad inicial hacia las inversiones chinas se ha convertido en una aceptación favorable por el desarrollo y el crecimiento que suponen para la región.

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Los «males de Europa» en Política Exterior

El mundo no espera

La Unión Europea celebra elecciones en mayo. Se perfila una batalla existencial: proeuropeos versus antieuropeos. Los sondeos apuntan a que la extrema derecha podría lograr un quinto de los escaños del Parlamento Europeo. Una fuerza dispar unida por un enemigo común: el federalismo europeo, encarnado en una Merkel que ya aterriza y un Macron que no despega. La UE, ¿cuándo pasó de ser hoja de ruta a chivo expiatorio? Editorial

Europa del Este, imitación y repugnancia, Ivan Krastev y Stephen Holmes

Dos estrategias para la extrema derecha, Guillermo Fernández Vázquez

Francia ante el reto europeo, ¿’chevalier seul’?, Dídac Gutiérrez-Peris

Brexit sin acuerdo. ¿Está preparada la UE?, Guntram B. Wolff

¿Democracias capitalistas diversas en la UE?, Aidan Regan

Populismos identitarios y política exterior, Enrique Mora

Política de seguridad del Kremlin, Alberto Priego

América Latina tras el socialismo del siglo XXI, Manuel Alcántara

Los primeros pasos de Bolsonaro en Brasil, Esther Solano Gallego

Manual de autoayuda para independentistas, Jon B. Alterman

El futuro de los kurdos, Marc Saurina

Un feminismo para el 99%, Clara Serra y Alba Pez

Estado de emergencia en EEUU, Jaime de Ojeda

Cuarta dimensión de la política exterior española, Eugenio Bregolat

Ruanda: entre la prosperidad y la represión, Antoni Castel

LIBROS: ¿Sigue siendo útil el PIB?, Lídia Brun

2019: Tensiones y pasiones

No es arriesgado predecir las grandes coordenadas de 2019 pues se han ido diseñando con fuerza durante 2018. Oriente Medio, una de las puertas del Mediterráneo compartido: el presidente Trump ha decidido la retirada de las fuerzas armadas de los Estados Unidos de Iraq y de Siria, dejando el campo libre, una vez más, a Rusia. No hay que olvidar que el denominado Estado Islámico y Al Qaeda siguen ocupando territorio y mentalidades en esos dos estados fallidos. La ONU estima que África será el gran granero poblacional a finales del siglo XXI con la mitad de la población mundial. China tomó ventaja con una importantísima presencia económico-financiera en dicho continente. En Europa se habla, en estos días, de una inversión de 40.000 millones de euros para contribuir al desarrollo africano, crear puestos de trabajo, contener la emigración y potenciar la educación endógena. Puede que estemos en los preliminares del debatido y no menos urgente ‘Plan África’ al estilo ‘Plan Marshall’ que benefició enormemente a Europa (España no fue beneficiaria) tras la II Gran Guerra. En el Mar de China se están dando hechos de alta tensión entre EE UU, China, Rusia y Japón a causa de reivindicaciones de fronteras con islas en debate incluidas e imposiciones de reglas comerciales. Las grandes tensiones tienen un trasfondo de guerra comercial: Trump optó por el unilateralismo (America first) y China se desvela por el multilateralismo y la defensa a ultranza de la Organización Internacional de Comercio (OIC). Rusia prosigue su expansión y presencia ‘imperial’ en Oriente Medio (sobre todo, tras la anunciada retirada de EE UU), con la mirada fija en las naciones fronterizas del antiguo Pacto de Varsovia (Ucrania-Crimea como referencia, pero hay más con un proyecto de base militar en Venezuela). A Europa desunida regresó una inquietante ola o más bien tsunami de nacionalismos centrífugos, con el ‘Brexit’ a título de ejemplo, en donde los populismos extremos, de derecha e izquierda, están promoviendo una ‘realidad alternativa’ con la confusión entre la verdad y la mentira, que es lo que hoy calificamos ‘posverdad’, en donde se incluyen desde los negacionismos (como las cámaras de gas de Hitler) hasta un relativismo radical que todo invierte o retrotrae. Irrumpe la ‘moral de situación’ y los aparentes nuevos valores éticos quedan diluidos en el voto de los populismos. Se distorsionan las escalas de valores de la tradición y se adultera la historia del tiempo de los pueblos. No me cabe la menor duda que situaciones semejantes, sin la globalización, se dieron en el pasado (baste recordar los años 30 en Alemania que sentó las bases del nazismo y el III Reich). América latina y el Caribe vuelve a convertirse en un laboratorio en donde democracia y dictadura se enfrentan por abrirse paso hacia la hegemonía regional.

Estos hechos preocupantes que anuncia el Año Nuevo 2019 tienen un telón de fondo: estamos en plena Guerra Fría, sin que acaso seamos conscientes de ello. Han saltado por los aires importantes tratados de desnuclearización y se ha dado luz verde a una desabrida carrera armamentística, abanderada por Trump y con consiguientes repercusiones en la producción y armamento nuclear en China, Rusia, Reino Unido, Francia, India, Paquistán, Israel (y probablemente Corea del Norte e Irán), detentores del arma atómica. Esta euforia atómica ha contaminado a los países emergente y a los del Golfo petrolero a pretender adquirir llave en mano plantas nucleares (con fines civiles, dicen).

Tras esta esquemática presentación de hechos reales (que no ‘alternativos’) resulta harto difícil extraer conclusiones ante realidad tan zozobrante. ¿Nos preparamos para la guerra o nos rearmamos para la paz? Es extremadamente complejo predecir el futuro. Centrémonos en Europa: ante las tendencias anti-unionistas y ante el resurgir de la propensión al repliegue de la soberanía a los Estados-nación, Macron y Merkel proponen la creación de un Ejército Europeo que, en el fondo, piensan sería una garantía para afianzar la unión política. Incluso Macron decidió una reimplantación en Francia del servicio militar obligatorio con contenido ‘social’. Un Ejército unitario ante el fracaso de unas Fuerzas Armadas integradas por los ejércitos nacionales, (cuya contribución puntual a misiones de paz de la Unión Europea, como en Mali –(en donde la modernizada fuerza de intervención de La Legión fue y es de gran eficacia en la lucha contra el terrorismo)–, es de signo positivo.

Ante la ‘realidad alternativa’ de los populismos (en donde no todo es negativo, aunque sus estrategias sí que lo son), hay que ir fabricando un nuevo concepto de ‘sociedad del bienestar’, basado indudablemente en el reparto y en la solidaridad, lo que de por sí reinstalaría valores imprescindibles de convivencia cimentada en el trabajo productivo y en el socialmente útil, en la educación y en la sanidad generalizadas y gratuitas, así como en el derecho a una vivienda digna para todo ciudadano. Para ello, sigue siendo válida, en España, la Constitución de 1978 y su desarrollo legislativo aún pendiente (como el derecho de huelga).

La solidez de una sociedad (y de un Estado o de la Unión Europea) se basa en el binomio tradición-modernidad. Se basa también en un Estado de Justicia enraizado en su propio ordenamiento jurídico-democrático y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que devuelva al ciudadano la motivación que sólo puede asentarse en el bien común y en principios distributivos y de solidaridad activa. Sin ello, el futuro será guerrero.

05.01.2019. Diario Sur de Málaga. La Tribuna

Un nuevo referéndum: an exit for Brexit?

La posibilidad de celebrar un nuevo referéndum acerca de la salida o la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea (UE) parece haber ganado enteros en las últimas semanas. Los partidarios de una nueva consulta están intensificando su presencia en los medios de comunicación y en las calles. Al mismo tiempo, quienes respaldan la salida aprobada en la votación de 2016 o dan por válido y legítimo aquel resultado no vislumbran tal opción, e incluso otros llegan a cuestionar la licitud de la estrategia de recurrir a reiteradas votaciones hasta alcanzar el objetivo deseado.

En la entrada publicada en este blog el pasado mes de agosto (18-8-2018) hacía alusión al complejo panorama existente en torno al Brexit y ponderaba las posibilidades de habilitar un segundo referéndum.

Personalmente, desde un primer momento me llamó la atención que una decisión tan trascendental como aquélla no se sometiera a alguna mayoría reforzada o, al menos, a la de mayoría del censo. Contra la exigencia de mayoría reforzada puede objetarse que no respetaría el espíritu de la regla de la mayoría simple, entendida como la esencia de la democracia. En el otro lado de la balanza, fiar a ese criterio, sin ninguna matización, una cuestión tan crucial puede abocar, como así ha sucedido, a provocar profundas divisiones en el seno de la sociedad.

Por otro lado, aun cuando, una vez definidas las reglas, hay que afrontar los resultados, no sé hasta qué punto cabe deslegitimar una repetición de la consulta. Quizás ésta tendría que estar precedida por la formulación de una pregunta acerca de si procede o no llevarla a cabo. En el caso que nos ocupa se da, además, una circunstancia especial, como es el hecho de las informaciones incompletas, erróneas y sesgadas difundidas al electorado.

En fin, dados los condicionantes existentes, no parece que la opción del segundo referéndum sea ni fácil ni simple. Así lo sostenía hasta ahora un analista tan influyente como Martin Wolf, comentarista económico jefe del diario Financial Times, quien argüía que los costes de otro referéndum excederían de los beneficios, agudizando las divisiones entre la población británica.

Sin embargo, en un reciente artículo (Financial Times, 1-11-2018) reconoce que, puesto que cada vez es más probable que no se alcance ningún acuerdo con la UE o que ningún acuerdo sea ratificado por el Parlamento, se ve inclinado a cambiar su posición.

Según Wolf, “la noción de ‘un votante, un voto, una vez’ no es democracia. Los votantes tienen el derecho a cambiar de parecer, individual o colectivamente”. Apunta, no obstante, la dificultad práctica de seleccionar las opciones a expresar en la nueva consulta, decantándose por las tres siguientes, en lugar de dos: a) acuerdo de salida con la UE; b) salida de la UE sin acuerdo; c) retirada de la notificación de abandonar la UE.

A la vista de cuanto antecede al otro lado del Canal de la Mancha, esa separación que, según Churchill, aislaba a Europa de Gran Bretaña, no puede decirse que haya soluciones ni salidas fáciles para el Brexit. Ninguna es buena, pero da la impresión de que hay algunas que son peores que otras.

Tiempo Vivo. 03.11.2018. Blog de José Manuel Domínguez Martínez. Un nuevo referéndum: an exit for Brexit?