2019: Tensiones y pasiones

No es arriesgado predecir las grandes coordenadas de 2019 pues se han ido diseñando con fuerza durante 2018. Oriente Medio, una de las puertas del Mediterráneo compartido: el presidente Trump ha decidido la retirada de las fuerzas armadas de los Estados Unidos de Iraq y de Siria, dejando el campo libre, una vez más, a Rusia. No hay que olvidar que el denominado Estado Islámico y Al Qaeda siguen ocupando territorio y mentalidades en esos dos estados fallidos. La ONU estima que África será el gran granero poblacional a finales del siglo XXI con la mitad de la población mundial. China tomó ventaja con una importantísima presencia económico-financiera en dicho continente. En Europa se habla, en estos días, de una inversión de 40.000 millones de euros para contribuir al desarrollo africano, crear puestos de trabajo, contener la emigración y potenciar la educación endógena. Puede que estemos en los preliminares del debatido y no menos urgente ‘Plan África’ al estilo ‘Plan Marshall’ que benefició enormemente a Europa (España no fue beneficiaria) tras la II Gran Guerra. En el Mar de China se están dando hechos de alta tensión entre EE UU, China, Rusia y Japón a causa de reivindicaciones de fronteras con islas en debate incluidas e imposiciones de reglas comerciales. Las grandes tensiones tienen un trasfondo de guerra comercial: Trump optó por el unilateralismo (America first) y China se desvela por el multilateralismo y la defensa a ultranza de la Organización Internacional de Comercio (OIC). Rusia prosigue su expansión y presencia ‘imperial’ en Oriente Medio (sobre todo, tras la anunciada retirada de EE UU), con la mirada fija en las naciones fronterizas del antiguo Pacto de Varsovia (Ucrania-Crimea como referencia, pero hay más con un proyecto de base militar en Venezuela). A Europa desunida regresó una inquietante ola o más bien tsunami de nacionalismos centrífugos, con el ‘Brexit’ a título de ejemplo, en donde los populismos extremos, de derecha e izquierda, están promoviendo una ‘realidad alternativa’ con la confusión entre la verdad y la mentira, que es lo que hoy calificamos ‘posverdad’, en donde se incluyen desde los negacionismos (como las cámaras de gas de Hitler) hasta un relativismo radical que todo invierte o retrotrae. Irrumpe la ‘moral de situación’ y los aparentes nuevos valores éticos quedan diluidos en el voto de los populismos. Se distorsionan las escalas de valores de la tradición y se adultera la historia del tiempo de los pueblos. No me cabe la menor duda que situaciones semejantes, sin la globalización, se dieron en el pasado (baste recordar los años 30 en Alemania que sentó las bases del nazismo y el III Reich). América latina y el Caribe vuelve a convertirse en un laboratorio en donde democracia y dictadura se enfrentan por abrirse paso hacia la hegemonía regional.

Estos hechos preocupantes que anuncia el Año Nuevo 2019 tienen un telón de fondo: estamos en plena Guerra Fría, sin que acaso seamos conscientes de ello. Han saltado por los aires importantes tratados de desnuclearización y se ha dado luz verde a una desabrida carrera armamentística, abanderada por Trump y con consiguientes repercusiones en la producción y armamento nuclear en China, Rusia, Reino Unido, Francia, India, Paquistán, Israel (y probablemente Corea del Norte e Irán), detentores del arma atómica. Esta euforia atómica ha contaminado a los países emergente y a los del Golfo petrolero a pretender adquirir llave en mano plantas nucleares (con fines civiles, dicen).

Tras esta esquemática presentación de hechos reales (que no ‘alternativos’) resulta harto difícil extraer conclusiones ante realidad tan zozobrante. ¿Nos preparamos para la guerra o nos rearmamos para la paz? Es extremadamente complejo predecir el futuro. Centrémonos en Europa: ante las tendencias anti-unionistas y ante el resurgir de la propensión al repliegue de la soberanía a los Estados-nación, Macron y Merkel proponen la creación de un Ejército Europeo que, en el fondo, piensan sería una garantía para afianzar la unión política. Incluso Macron decidió una reimplantación en Francia del servicio militar obligatorio con contenido ‘social’. Un Ejército unitario ante el fracaso de unas Fuerzas Armadas integradas por los ejércitos nacionales, (cuya contribución puntual a misiones de paz de la Unión Europea, como en Mali –(en donde la modernizada fuerza de intervención de La Legión fue y es de gran eficacia en la lucha contra el terrorismo)–, es de signo positivo.

Ante la ‘realidad alternativa’ de los populismos (en donde no todo es negativo, aunque sus estrategias sí que lo son), hay que ir fabricando un nuevo concepto de ‘sociedad del bienestar’, basado indudablemente en el reparto y en la solidaridad, lo que de por sí reinstalaría valores imprescindibles de convivencia cimentada en el trabajo productivo y en el socialmente útil, en la educación y en la sanidad generalizadas y gratuitas, así como en el derecho a una vivienda digna para todo ciudadano. Para ello, sigue siendo válida, en España, la Constitución de 1978 y su desarrollo legislativo aún pendiente (como el derecho de huelga).

La solidez de una sociedad (y de un Estado o de la Unión Europea) se basa en el binomio tradición-modernidad. Se basa también en un Estado de Justicia enraizado en su propio ordenamiento jurídico-democrático y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que devuelva al ciudadano la motivación que sólo puede asentarse en el bien común y en principios distributivos y de solidaridad activa. Sin ello, el futuro será guerrero.

05.01.2019. Diario Sur de Málaga. La Tribuna

Un nuevo referéndum: an exit for Brexit?

La posibilidad de celebrar un nuevo referéndum acerca de la salida o la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea (UE) parece haber ganado enteros en las últimas semanas. Los partidarios de una nueva consulta están intensificando su presencia en los medios de comunicación y en las calles. Al mismo tiempo, quienes respaldan la salida aprobada en la votación de 2016 o dan por válido y legítimo aquel resultado no vislumbran tal opción, e incluso otros llegan a cuestionar la licitud de la estrategia de recurrir a reiteradas votaciones hasta alcanzar el objetivo deseado.

En la entrada publicada en este blog el pasado mes de agosto (18-8-2018) hacía alusión al complejo panorama existente en torno al Brexit y ponderaba las posibilidades de habilitar un segundo referéndum.

Personalmente, desde un primer momento me llamó la atención que una decisión tan trascendental como aquélla no se sometiera a alguna mayoría reforzada o, al menos, a la de mayoría del censo. Contra la exigencia de mayoría reforzada puede objetarse que no respetaría el espíritu de la regla de la mayoría simple, entendida como la esencia de la democracia. En el otro lado de la balanza, fiar a ese criterio, sin ninguna matización, una cuestión tan crucial puede abocar, como así ha sucedido, a provocar profundas divisiones en el seno de la sociedad.

Por otro lado, aun cuando, una vez definidas las reglas, hay que afrontar los resultados, no sé hasta qué punto cabe deslegitimar una repetición de la consulta. Quizás ésta tendría que estar precedida por la formulación de una pregunta acerca de si procede o no llevarla a cabo. En el caso que nos ocupa se da, además, una circunstancia especial, como es el hecho de las informaciones incompletas, erróneas y sesgadas difundidas al electorado.

En fin, dados los condicionantes existentes, no parece que la opción del segundo referéndum sea ni fácil ni simple. Así lo sostenía hasta ahora un analista tan influyente como Martin Wolf, comentarista económico jefe del diario Financial Times, quien argüía que los costes de otro referéndum excederían de los beneficios, agudizando las divisiones entre la población británica.

Sin embargo, en un reciente artículo (Financial Times, 1-11-2018) reconoce que, puesto que cada vez es más probable que no se alcance ningún acuerdo con la UE o que ningún acuerdo sea ratificado por el Parlamento, se ve inclinado a cambiar su posición.

Según Wolf, “la noción de ‘un votante, un voto, una vez’ no es democracia. Los votantes tienen el derecho a cambiar de parecer, individual o colectivamente”. Apunta, no obstante, la dificultad práctica de seleccionar las opciones a expresar en la nueva consulta, decantándose por las tres siguientes, en lugar de dos: a) acuerdo de salida con la UE; b) salida de la UE sin acuerdo; c) retirada de la notificación de abandonar la UE.

A la vista de cuanto antecede al otro lado del Canal de la Mancha, esa separación que, según Churchill, aislaba a Europa de Gran Bretaña, no puede decirse que haya soluciones ni salidas fáciles para el Brexit. Ninguna es buena, pero da la impresión de que hay algunas que son peores que otras.

Tiempo Vivo. 03.11.2018. Blog de José Manuel Domínguez Martínez. Un nuevo referéndum: an exit for Brexit?

 

John Elliott: «Los separatistas catalanes han creado una fantasía y viven en su propio mundo»

El hispanista publica en España «Catalanes y escoceses. Unión y discordia» que analiza semejanzas y diferencias de los dos separatismos

Hartos como estamos todos del conflicto catalán, haríamos bien en leer el nuevo libro que John Elliott (Reading, Inglaterra, 1930) publica en España: «Catalanes y escoceses. Unión y discordia» (Taurus) porque nos regala una perspectiva única, más de cuatro siglos, para entender bien el origen y la naturaleza de las grietas de nuestra convivencia. Elliott lleva estudiando en profundidad la relación histórica de Cataluña con el Reino de España desde que a principios de los años sesenta del siglo pasado publicó «La revuelta de los catalanes». Y desde entonces no ha dejado de estudiar el la historia de España en un contexto europeo. El último logro de ese empeño, que ha permitido superar muchas visiones esencialistas, ha sido poner frente a frente los nacionalismos y recientes separatismos de Escocia y Cataluña desde el origen de su identidad. Una lección de historia alejada de las emociones negativas que algunos quieren alimentar para mantener vivo el conflicto. «Lo que puede hacer un historiador y no un politólogo es dar una larga perspectiva sobre problemas», dice al otro lado del teléfono.

¿No estamos condenados?

No estáis condenados a la disgregación, pero hace falta inteligencia, empatía y paciencia.

Empatía y paciencia con este tema hay ya poca, pero ¿inteligencia?

Depende del liderazgo actual de los políticos y de esas personas que no están en este mundo, sino que viven en el mundo irreal inventado por el separatismo.

En el origen pone la Monarquía compuesta (lo fueron tanto España como Gran Bretaña) que respetaba costumbres, lenguas y leyes de territorios incorporados.

La ventaja era reconocer abierta o tácitamente el pluralismo de estas naciones. Pero todo dependía de un diálogo permanente entre las élites y el Gobierno central, que es el principio de la comprensión mutua.

Y en el XIX el diálogo se extiende a capas mayores de la sociedad.

Hay enormes cambios, el diálogo incluye a las clases profesionales, la nueva burguesía, tanto en Cataluña como Escocia, son gente de ese «doble patriotismo» del que habla Josep María Fradera: son y se sienten al mismo tiempo catalanes y españoles, escoceses y británicos. Ambas lealtades son perfectamente compatibles. Lo que hay que investigar es por qué en algún momento eso terminó. Cuando uno empieza a pensar en el socio como «el otro» vienen los problemas.

Hoy dicen que la tensión de origen por la pluralidad es culpable: España contra Cataluña.

La manipulación y la deformación de la historia es la que ha causado tantos problemas. Toda historia nacional es selectiva y debe serlo para dar coherencia a una sociedad, pero si se manipula demasiado, como ocurrió con la rendición de Barcelona de 1714, o con la rebelión de los Catalanes de 1640, se hace para diferenciar de forma absurda entre un Estado como construcción artificial y una nación como algo orgánico. Si empiezas a pensar así, entre la nación catalana y el Estado artificial que es España, hay ruptura y alimentas el victimismo, que ha tenido muchísimo más peso en la sociedad catalana que en la escocesa, pienso yo.

¿Por qué?

Por que la historia británica y escocesa de los siglos XIX y XX fue más feliz que la española, con su inestabilidad, sus guerras civiles, sus pronunciamientos y el colapso del sistema representativo.

Y las dos dictaduras.

Exacto.

Pero hay más diferencias, Cataluña ha mostrado voluntad de romper el marco legal.

La Constitución 1978 es una gran Constitución pero no deja mucho cauce para esas tensiones. Nosotros no tenemos Constitución fija y por tanto hay más flexibilidad. Los conflictos de la periferia pueden resolverse en del sistema británico con un referéndum

¿Cree que fue un acierto?

Creo que fue un error hasta cierto punto el tipo de referéndum o incluso el referéndum mismo. Pero al menos había esa oportunidad. En España no es posible sin enormes problemas constitucionales un referéndum aceptable

Señala usted que el autogobierno de Cataluña desde 1978 no tenía precedente. Y que han aprovechado instrumentos de ese marco para su construcción nacional.

Desde 1980, Jordi Pujol y sus sucesores emprendieron la política de catalanización, que se puede entender en referencia a la represión de la dictadura de Franco. Pero han aprovechado para imponer una agenda que no es necesariamente la agenda de todos los catalanes. El resultado es que dentro de Cataluña encontramos una polarización y divisiones políticas y sociales que han jugado un papel importante en los acontecimientos actuales. La polarización afecta también al resto de España

¿Cree que Cataluña cambió a peor?

Lo que más siento es ver el ensimismamiento de una sociedad que tenía horizontes bastante amplios y que ha pasado las mejores décadas de su historia entre 1978 y el colapso económico de 2008. Años felices y prósperos de una Cataluña que tenía en su mente el mundo y ahora han estrechado sus horizontes. Los separatistas quieren hablar en nombre de todos los catalanes y han creado un ambiente de tensión, fricción y últimamente intimidación. Es muy preocupante para quienes tenemos amor por Cataluña y por España. Tenía que ser honesto y poner en el libro mis puntos de vista.

Cree que España no ha apreciado asuntos que eran importantes.

Cada nación necesita sus símbolos. Pero el idioma complicó las cosas. El catalán ha sido un punto de referencia imprescindible para el nacionalismo mientras que en Escocia la lengua no ha tenido ningún peso. Es la diferencia fundamental de las experiencias de estas dos autoproclamadas naciones sin Estado, que quiere decir sin su propio Estado.

Su perspectiva es única. Dice que toda nación derecho a sus símbolos pero en España hay quien ve sospechoso reivindicar la bandera…

Es un disparate y una manipulación absurda, pero como han dicho Álvarez Junco y otros, no se ha conseguido crear un nacionalismo español que no sea hasta cierto punto regresivo en comparación con los cambios sociales y políticos. La Constitución del 78 reconoce la pluralidad y la diversidad de los pueblos de España y la presenta como enriquecedora, que es lo que es. Pero no se ha implementado esa visión en España, porque no se aceptó bien el hecho diferencial de Cataluña y el País Vasco, de España como sociedad diversa y pluralista, que es de alabar y no de criticar. Hay una rama de ese nacionalismo que es autoritaria, centralizante y temerosa de la aceptación de la diversidad, que ha presentado obstáculos al diálogo que tiene que existir entre el Gobierno central y sus pueblos.

Los Gobiernos de izquierdas nunca han puesto acento en un patriotismo español democrático, sino que se aliaron con los nacionalismos.

Estoy de acuerdo. Parte de la sociedad española se siente amenazada por el hecho catalán o vasco y creen que la única respuesta posible es una centralización de modelo francés. Esa no es la manera de crear un nacionalismo español que demuestre sensibilidad por los puntos de vista de otros.

Tras tantas negociaciones, la sociedad percibe que ha entregado mucho a Cataluña.

Es verdad pero la cuestión financiera no es la fundamental. Se pueden hacer ajustes que serían aceptables. Tanto los políticos como los electores no toman en serio el poder de la emoción y la psicología colectiva por razones a veces pasajeras. Además, cuando la razón falla, como en estos últimos años, los separatistas crean su fantasía y viven en su propio mundo. Es el resultado de una historia de victimismos y también de la prevalencia de la emoción sobre la razón.

Ante la campaña internacional de imagen contra España, alimentando el cliché de la leyenda negra, ¿qué opina de la respuesta del Gobierno?

Ha sido patética. La campaña de la Generalitat fue muy astuta y ha impuesto en el mundo su percepción de España. Por eso era tan importante presentar la verdad y decirle al mundo que la España de la Constitución no es ni mucho menos la España de Franco. Ha sido patético, da la impresión de que sencillamente no hubo dinero para presentar el argumento contrario. Fallaron. No sé si es cuestión de diplomacia. Pero todo el enfoque del PP fue demasiado judicial y no percibieron las repercusiones que tendría la campaña que hizo la Generalitat.

¿Qué no hizo España para ayudar a los catalanes no separatistas?

No hubo tanto diálogo como debería. Se percibe así en parte por el enfoque constitucionalista y judicial del problema que tuvo el Gobierno, no político. Para muchos de los españoles está siendo traumático. Más catalanes deberían alzar la voz. La comunidad financiera y empresarial tal vez por miedo o porque no percibieron bien el impacto de lo que está pasando, se calló. Hay que reconocer que la percepción tradicional de Cataluña en España tenía una mezcla de admiración y cierta envidia. Creo esa envidia y cierta arrogancia explica un sentido visceral y anticatalán. La culpa es de ambas partes de la sociedad española.

Hay varias generaciones de catalanes educadas en el desafecto. ¿Debe haber más control de la educación desde el centro?

Nunca he entendido lo que ocurre con los libros de texto en las escuelas, ni el control de los medios públicos por la Generalitat. Hay mucha gente que ha comprado el argumento de que Cataluña es una nación orgánica y el España es un ente artificial. Se han convencido de ese argumento sin ver que son construcciones ambas, gracias a la convivencia de siglos y las memorias históricas. La distinción es absurda. Se puede entender la política catalanista para integrar a los inmigrantes. Pero eso no es excusa para la manipulación de la historia que ha habido y lo absurdo de el enunciado «España contra Cataluña».

Acaba su libro con Jefferson, que advierte del elevado precio de estos procesos si se toman a la ligera.

No va a haber ruptura, es política y constitucionalmente imposible. No la aceptará Europa, un estado independiente nuevo que está en contra de la construcción de su país. Ni un separatismo que no está autorizado por el Gobierno central. No tiene futuro en la Europa actual.

Salvo que Europa se rompa. Usted habla desde un país que se va.

Si empieza, Córcega, el norte de Italia… volveríamos a una Europa medieval en cuanto a las entidades políticas, sin relevancia en el mundo. Estamos viviendo en un mundo globalizado, todos somos interdependientes. Además, mire: la Unión Europea es otro tipo de Monarquía compuesta. Que los catalanes quieran entrar en esta construcción prescindiendo de España es políticamente imposible.

20.10.2018. ABC Cultura. Jesús García Calero

Jugar con fuego: la UE flirtea con un nuevo cambio de fronteras en los Balcanes

Serbia y Kosovo negocian intercambiar territorios según criterios étnicos como paso previo a normalizar sus relaciones.

El presidente de Kosovo, Hashim Thaçi, apoya una corrección de la frontera

El presidente de Kosovo, Hashim Thaçi, apoya una corrección de la frontera Laura Hasani/Reuters

EUROPA EUROPA

Serbia y Kosovo negocian intercambiar territorios según criterios étnicos como paso previo a normalizar sus relaciones.

Juan Sanhermelando Bruselas

¿Es la solución para un acuerdo histórico que garantice una paz duradera, estabilice de forma definitiva los Balcanes y acelere su integración en la UE? ¿O se trata por el contrario de una nueva chispa que podría reavivar los conflictos étnicos que llevaron a las guerras de Yugoslavia en los años 90? Serbia y Kosovo negocian desde hace semanas redibujar su frontera siguiendo criterios étnicos como paso previo a normalizar de forma permanente sus relaciones. Una perspectiva que incomoda a la UE y a EEUU, que se habían comprometido a no volver a alterar las fronteras en la región.

La próxima cita clave tendrá lugar el próximo viernes 7 de septiembre. El presidente de Serbia, Aleksander Vucic, y el de Kosovo, Hashim Thaçi, se reúnen de nuevo en Bruselas para reanudar un diálogo que se encuentra ya en su “recta final”. Ambos líderes participaron juntos a finales de agosto en una mesa redonda en Austria. Allí confirmaron que las conversaciones entre ambos están avanzadas y se centran en una “corrección” (ese es el eufemismo que utilizan) de la frontera. Pese a que aseguran no soportarse mutuamente, durante la conferencia exhibieron incluso signos de complicidad y un frente común para pedir a la UE que apoye cualquier acuerdo.

Los dos líderes parecen decididos a invertir todo su capital político en lograr un acuerdo que permitiría a Serbia entrar en breve en la UE y a Kosovo lograr algún tipo de aval de la ONU y avanzar también en sus aspiraciones europeas. Kosovo declaró unilateralmente su independencia de Belgrado en 2008, casi una década después de la intervención de la OTAN para frenar la limpieza étnica que estaba llevando a cabo el régimen serbio de Sloboban Milosevic en la entonces provincia rebelde. Cinco países de la UE todavía no reconocen a Kosovo: España, Chipre, Grecia, Rumanía y Eslovaquia.

“Queremos garantizar a los países vecinos y a la UE que no deben tener miedo de un acuerdo de paz entre Kosovo y Serbia, incluso si ese acuerdo implica una corrección de la frontera. No seremos los primero ni los últimos en hacer correcciones fronterizas a cambio de la paz”, dijo Thaçi en Austria. “Un conflicto congelado no puede durar así para siempre, nadie puede controlarlo. Alguien puede descongelarlo un día y entonces tendremos una guerra. Y ninguno de nosotros quiere una guerra”, avisó el presidente de Serbia. Ambos piden a Bruselas que avale un posible pacto.

De momento, ninguna de las dos partes ha explicado en qué consistiría exactamente el intercambio de territorio. Pero se da por hecho que lo que están discutiendo es el canje de la zona norte de Kosovo (al norte del río Ibar), cuya población es de mayoría serbia y que pasaría a formar parte de Serbia; a cambio del valle de Presevo, un área de mayoría albanesa al sur de Serbia y que ahora se entregaría a Kosovo.

¿Efecto contagio?

“No es la mejor solución ni la más deseable”, explica a EL ESPAÑOL Salvador Llaudes, investigador para Europa del Real Instituto Elcano. “Serbia y Kosovo son ya bastante homogéneos en términos culturales/religiosos y lo que va a pasar con este intercambio es que se vuelvan ya del todo homogéneos. Sería una derrota asumir que los países, las sociedades, no pueden ser culturalmente heterogéneos. Además, tener una población homogénea tampoco reduce el conflicto, como demuestra la experiencia histórica”, relata Llaudes.

Pero la principal preocupación es que el cambio de fronteras abra una caja de Pandora que desestabilice al resto de países de los Balcanes. El peligro es especialmente grave en el caso de Bosnia-Herzegovina, donde conviven tres comunidades en conflicto latente: serbios, croatas y bosníacos. “El canje puede dar alas a aquellos que creen que lo mejor que le puede pasar al Estado bosnio es desaparecer o verse menguado de manera irremediable, por ejemplo con la independencia de la república Srpska (de mayoría serbia) o la separación de Herzegovina (de mayoría croata)”, señala el investigador del Instituto Elcano. Pero también podría reavivar el enfrentamiento en Macedonia entre albaneses y macedonios.

La alteración de las fronteras podría ser esgrimida además como antecedente por otros movimientos independentistas en Europa. De hecho, el expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, se apresuró a retuitear el pasado lunes una noticia del portal Vilaweb que decía que “los presidentes de Serbia y Kosovo confirman que están negociando el reconocimiento de la independencia”. “Los independentistas, ya sea en Cataluña o en cualquier otra parte del mundo, siempre se van a acoger a cualquier mínimo detalle o experiencia a nivel internacional que ellos entiendan que pueda servir a su causa”, dice Llaudes.

02.09.2018. El Español. Leer más

“Iglesia y Guerra en la Edad Media”, el extra de la Revista de Historia Militar para este verano

El monográfico sobre “Iglesia y Guerra en la Edad Media” ha sido el elegido para el número extraordinario de la Revista de Historia Militar, que se ha publicado este verano y que cuenta con artículos de especialistas en historia medieval del mundo universitario y de la investigación.

Entre ellos, los dedicados al ascendiente eclesiástico en el lenguaje bélico jurídico e institucional de la Castilla de los siglos XIII y XIV, a los santos guerreros y santos asesores en la lucha contra el Islam en los reinos ibéricos, o al papel de la Iglesia frente a las incursiones vikingas, entre otros.

El ejemplar está disponible a través del enlace en la hemeroteca de la Revista en Internet.

https://publicaciones.defensa.gob.es/revista-de-historia-militar-revistas-pdf-19869.html

El sumario desglosado es el siguiente:

El ascendiente eclesiástico en el lenguaje bélico jurídico e institucional de Castilla (ss. XIII-XIV), por doña Ana ARRANZ GUZMÁN, profesora de Historia Medieval de la Universidad Complutense de Madrid

Santos guerreros y santos asesores en la lucha contra el Islam en los reinos ibéricos, por doña Isabel BECEIRO PITA, investigadora del CSIC

La fortificación del episcopado en la Corona de Castilla, por don Manuel RETUERCE VELASCO profesor de Arqueología de la Universidad Complutense de Madrid, y don José Javier DE CASTRO FERNÁNDEZ, miembro de la Asociación de Amigos de los Castillos

Fray Hernando de Talavera: mediación económica y comunicación política en la Guerra de Granada (1491-1492), por don Francisco de Paula CAÑAS GÁLVEZ, profesor de Historia Medieval de la Universidad Complutense de Madrid

Los legados pontificios y la guerra en la Península Ibérica (siglos X-XII), por don Fernando RODAMILANS RAMOS, doctor en Historia Medieval (UCM) y profesor de la Fundación Educatio Servanda

La Iglesia frente a las incursiones vikingas, por don Iván CURTO ADRADOS, doctorando de la Universidad Complutense de Madrid