Siria, agonía interminable

Una mujer besa el ataúd de uno de los cuatro combatientes de las Fuerzas Democráticas Sirias muertos durante los combates en torno a Deir Ezzor, el 14 de septiembre de 2018. GETTY

Por Enrique Mora

Conflictos como el de Siria tienen una lógica diferente. No basta el agotamiento de la población, límite al que los sirios llegaron hace tiempo. Hace falta que todos los intereses en juego encuentren un acomodo relativo. Y todavía no estamos ahí. Leer más…

El nuevo Golfo: ¿preludio de un (des)orden regional?

Por ITXASO DOMÍNGUEZ DE OLAZÁBAL, para Estudios de Política Exterior de 13.09.2018. Coordinadora de Oriente Próximo y Norte de África para la Fundación Alternativas.

El Golfo se perfila progresivamente como nuevo centro de gravedad de Oriente Próximo, consecuencia de una tormenta perfecta que tiene como detonantes interrelacionados las primaveras árabes, la creciente influencia del eje Teherán-Bagdad-Damasco-Beirut, vacíos de poder de actores tradicionales y una predominante narrativa –que no realidad– sectaria. Gracias a sus envidiables recursos naturales, los Estados del Golfo han dado forma a una renovada Doctrina Monroe de no intervención en asuntos de la subregión, junto a una mayor responsabilidad y asertividad. Estos Estados ya no se limitan a acompañar ni son “gorrones” (como los tildó Donald Trump en campaña), sino que han tomado las riendas de escenarios clave como la estabilidad en Egipto y Jordania, el desenlace en Siria y Yemen o la reconstrucción de Irak.

A pesar de haberse convertido en “dueño de su propio destino”, en el Golfo sigue predominando una suerte de diplomacia transaccional y apresurada –a imagen y semejanza de Trump–, que pide a gritos ser remplazada por un diálogo estratégico y de seguridad más maduro, transparente y sostenible. Se habla incluso de un patrón común de extralimitación (overstretch).

El fin del consenso en el Golfo

El Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) nació con el objetivo de defender al conjunto de sus miembros de la Revolución Islámica de 1979 y la subsiguiente guerra Irán-Irak. Hasta ahora mantuvo una cierta unidad frente al resto del mundo, a pesar de conflictos puntuales (algunos, sobre todo territoriales, más duraderos) y desacuerdos sobre el proceso de integración. La organización estaba basada en principios de soberanía y no injerencia y aspiraba a alcanzar la estabilidad de una región inestable ‘por naturaleza’. Dominaba la idea de consenso en torno a una percepción compartida de amenazas externas.

No es el caso hoy en día, en vista de cómo evolucionan la naturaleza e intensidad de las amenazas –tanto exteriores como domésticas– y su percepción. Así, la política exterior de los Estados individuales dentro y fuera de la subregión es menos predecible. Nadie parece tener claro cuál es el objetivo final, o si hay plan B frente al telón de fondo de actitudes maximalistas. Tradicionalmente, la política exterior del Golfo era más reactiva que proactiva, pero también criticada por su insuficiente concreción. Hoy las decisiones se toman más rápido, pero aún sin guía fija ni consenso entre élites (cada vez más centralizadas), más allá de pilares comunes como el rechazo absoluto a Irán y a tanto la secularización como el radicalismo religioso.

En el seno del CCG imperaban el respeto a la diversidad de posturas y soberanas, pilares de la estrategia del Jeque Zayed como padre fundador de los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Los procesos de sucesión en diferentes Estados del Golfo se perfilaron como puntos de inflexión clave. Fue el caso de EAU y Catar, aunque fueron los acontecimientos de 2015 en Arabia Saudí, y muy particularmente el estallido de la guerra en Yemen, los que consiguieron que el mundo dirigiera de nuevo su atención al Golfo. Procesos de sucesión similares se avecinan en Kuwait y Omán, que han intentado mantener una posición neutral y además han ejercido importantes labores de mediación a lo largo de estos últimos años. La presión intra-Golfo sobre Catar se intensificó cuando Tamim bin Hamad Al Thani accedió al poder en junio de 2013, y no pocos comentaristas temen la posibilidad de que aumente en un futuro cercano.

El aislamiento de Catar arrojó luz sobre las grietas en la alianza de Estados árabes invocada por Trump en su visita de mayo de 2017. Las fisuras en el CCG se extienden sin embargo más allá de una simple fractura entre el trío saudí-emiratí-bahreiní (denominados GCC-3), por una parte y Catar por otra, con Omán y Kuwait en medio. El bloqueo a Catar fue principalmente consecuencia del miedo al cambio –o, más bien, al cambio no pilotado–. Las relaciones del emirato con Irán reflejaban si objetivo de mantener relaciones de distinta intensidad con los principales actores políticos de la región, cultivando contactos políticos útiles cuando fuera posible. Esto contrasta con la preferencia de Arabia Saudí y EAU de imponer un modelo notoriamente paternalista, anclado en la ausencia de disenso.

A ello se une la necesidad de alimentar la dicotomía amigos-enemigos en un mundo polarizado. Los países del Golfo (y otros en la región) se ven con cada vez menor margen de maniobra, obligados a dejar clara su postura en un amplio abanico de materias. Nunca antes la región había atraído tanta atención. Esto ha derivado en una utilización cada vez más sofisticada de la propaganda y el impulso de nuevos ámbitos de acción exterior, como la diplomacia financiera o pública.

Nuevos ejes de poder y bilateralismo

Los príncipes herederos Mohamed bin Zayed (MbZ) y Mohamed bin Salman (MbS) parecen detentar hoy las riendas de la península arábiga. El ejemplo paradigmático de la influencia de este dúo lo representa Yemen: todos los miembros del CCG (salvo Omán, y ahora Catar) participan en la coalición, pero se está dividiendo el país en dos esferas de influencia: la emiratí y la saudí. Esta alianza está también marcada por desacuerdos y prioridades no perfectamente alineadas, disimuladas gracias al esfuerzo de presentarse como un frente unido. Uno de los desarrollos más notables en el Golfo es la cooperación bilateral institucionalizada en el Consejo de Coordinación Saudí-Emiratí. No por casualidad, la visión de los dos príncipes fue bautizada ‘Estrategia de Determinación’.

Antes de alzarse en el trono, ambos príncipes necesitan reforzar y centralizar su poder. Se ven acuciados por problemas domésticos no desdeñables, que exigen una política exterior e interior aún más vigorosa, como ha demostrado la confrontación entre Arabia Saudí y Canadá. Este y otros acontecimientos han logrado impulsar un sentimiento patriótico sin precedentes en países de origen tribal, a pesar de problemas crecientes en torno a sus respectivos pactos sociales. MbS y MbZ van a necesitar unas poblaciones completamente comprometidas con sus reformas, imbuidos de un nuevo tipo de nacionalismo, con un importante componente de militarización, que también es alimentado en Catar. Es éste un ámbito en el que la crisis del Golfo tampoco encuentra precedentes: ha trazado fronteras entre Estado-nación y tribus en un contexto en el que ambas dimensiones se han entremezclado continuamente durante décadas, así como a los vínculos sociales, comerciales y económicos. La limitación de la libertad de movimiento representa el desgaste de uno de los principales éxitos del CCG.

El CCG se erigía hasta hace poco en bastión de estabilidad y símbolo de unidad frente al resto de la comunidad internacional, que prefería tratar con un único interlocutor. Jugaba un rol fundamental, hoy superado: el de evitar diferencias entre sus miembros. Nunca pretendió ser una unión política, siguiendo un modelo de integración funcional. Ni siquiera consiguió definirse realmente como organización de seguridad colectiva. En diciembre de 2017, la Cumbre del CCG acabó antes de lo previsto y pasó sin pena ni gloria, sobre todo como consecuencia del anuncio de la nueva alianza institucional entre Arabia Saudí y EAU.

La organización sigue, sin embargo, funcionando a baja intensidad para mantener vivos algunos de sus logros: una unión aduanera, un principio de red eléctrica común, o las bases de un sistema impositivo regional. Sus lideres no darán por muerta por muerta o irrelevante la organización, ya que significaría reconocer su fracaso, lo que todavía no ha ocurrido con otros “organismos fantasma” como la Liga Árabe, la Organización para la Cooperación Islámica, o incluso la Alianza Islámica para luchar contra Daesh, que arrojó luz sobre la incapacidad de Arabia Saudí para profundizar en la integración regional.

La reconciliación del Golfo se ha visto retrasada una y otra vez. Los interesados han alcanzado un status quo relativamente equilibrado que les permite salvar los muebles sin reconocerse vencedores o vencidos. Riad y Abu Dhabi han hecho énfasis en que debe tratarse como una cuestión interna. La retórica displicente de Washington, empeñado en organizar una cumbre regional en Camp David, e incluso una nueva estructura de seguridad, la Alianza Estratégica de Oriente Medio (una “OTAN Árabe”), resulta en ocasiones contraproducente, ya que no asegura a las partes que Estados Unidos comprende sus preocupaciones.

Mientras que antes la integración se veía frenada por los recelos de otros miembros frente a un excesivo control saudí, hoy es la renuencia de MbZ y MbS a impulsar el multilateralismo regional lo que impide una mayor integración. Se favorece una integración a varías velocidades –o más bien, a diferentes niveles de fidelidad– y geometría variable. Ambos príncipes necesitan controlar el proceso, para lo que el bilateralismo resulta perfecto. Lo demuestra el Consejo saudí-emiratí y un consejo de coordinación entre Arabia Saudí y Kuwait al que todavía no se ha dotado de contenido sustantivo. Al bilateralismo se ha visto también avocado Catar, cimentando alianzas con países hoy clave para el futuro de Oriente Próximo, como Turquía. Destaca aquí el rol de Rusia, que ha conseguido llegar a alianzas con casi todos los actores manteniendo intacta su influencia.

El bilateralismo hoy se ve impulsado por un cierto distanciamiento de Estados Unidos, la inestabilidad regional y las necesidades estratégicas, principalmente en el ámbito económico, pero también en relación con las prioridades ideológicas ­(en particular el frente abierto contra los Hermanos Musulmanes). Las reservas energéticas hacen el resto. Todo ello lleva a la búsqueda de nuevos aliados más allá del Golfo y la región, que sin embargo podrían aumentar la inestabilidad si no se diseña una estrategia equilibrada. Mientras que la crisis del Golfo comenzó como un choque limitado a la península arábiga, ahora se desarrolla en varios países, abarcando conflictos simples y otros de niveles múltiples.

Más allá del Golfo

El norte de África ha sido testigo de tensiones consecuencia de las fisuras en el Golfo. En el pasado, a pesar de la identidad árabe común, reinaba la independencia de prioridades entre ambas regiones. Hoy la situación ha cambiado como consecuencia de nuevas oportunidades de diversificación económica y cooperación triangular en África. El punto de partida lo representó Libia, donde Catar apoya al gobierno internacionalmente reconocido en Trípoli mientras que los EAU apoyan al gobierno con sede en Tobruk y al general anti-islamista Jalifa HaftarTúnez también se ha perfilado como campo de enfrentamiento, al empeñarse en conservar lazos amistosos con Catar. Sus relaciones con EAU –segundo mayor socio comercial, después de Libia– empeoraron por el intento de éstos de interferir en la política interna para frenar la influencia del partido islamista Ennahda. El Sahel representa sin duda el siguiente paso, con Argel y Rabat buscando capitalizar las ambiciones de sus socios del Golfo en el norte de África para promover sus propios intereses.

Otra subregión en la que se han privilegiado las relaciones bilaterales es el este de Asia. A lo largo de los últimos meses, Arabia Saudí y EAU han suscrito en la zona cuantiosos contratos, más allá de la mera compraventa de hidrocarburos. Su socio principal es China, que acumula cada vez mayor peso en la región, y en menor medida Japón. La mayoría consideran que se hace imperativo aprovechar el potencial de iniciativas como la Nueva Ruta de la Seda china, aunque se ha despertado recientemente el temor a una competición interna por inversiones extranjeras.

El terreno de juego de mayor actualidad, como consecuencia principalmente de la guerra en Yemen, es el Mar Rojo y el Cuerno de África. El protagonismo casi absoluto lo tiene EAU, que ha conseguido acercar a Eritrea y Etiopía y controlar varios puertos (gracias al gigante Dubai Ports), en un ejercicio no sólo comercial sino de énfasis cada vez más militar en Eritrea, Somalia y Djibouti. EAU se erige así como potencia marítima y militar, objetivo de otros países del Golfo. Pero tanto Irán como Catar, Turquía y en menor medida Egipto tienen cada vez más ambiciones fuera de Oriente Próximo, sobre todo en relación con Asía. También pueden en un futuro surgir choques con China, cuyos designios hacia el área se desconocen. La consecuencia inmediata sería alimentar diferencias internas o entre países extremadamente débiles, como Somalia. Otra consecuencia de acciones aisladas sin un marco estratégico definido.

Saudíes y emiratíes han logrado evitar los efectos de las primaveras árabes sin tener un plan claro sobre el futuro de la región. Sus proyecciones dependen en gran medida de una visión securitizada de la supervivencia autoritaria desde el punto de vista doméstico. Las revueltas de 2011 dejaron tras de si demandas no satisfechas: la mayoría de los problemas estructurales fermentan en un segundo plano. Las reformas propuestas por los aspirantes a dominar la región, incapaces de responder a estas demandas, podría generar una nueva ola de desequilibrio regional. La capacidad saudí para liderar y apropiarse de la reforma parece dudosa en el mejor de los casos. La represión de cualquier traza de islamismo político cierra las puertas a una “tercera vía” –entre democracia occidental y autoritarismo– futura, necesaria en vista de las demandas articuladas a lo largo de estos últimos años. La historia reciente demuestra que no hay mejor alimento para la inestabilidad en la región a medio y largo plazo.

13.09.2018. Siete Días en Política Exterior

GEOPOLÍTICO. 15.09.2018.

Paz en Siria ¿Solo un Sueño?

Posted on: Wednesday 12 September 2018 — 13:47

La cumbre de Teherán ha sido por mucho tiempo, al igual que el problema en Siria, de los temas mas frecuentes entre diferentes comentaristas, expertos y analistas militares.

Seyed Rasul Musavi, el asesor del ministro de Relaciones Exteriores de Irán:

“Creo que la cumbre de Teherán fue un éxito. Se celebró en el momento oportuno, y sus participantes (Irán, Rusia y Turquía) pudieron acordar acciones conjuntas en base al análisis de la situación que contribuirán a la seguridad en la región y al est… Sigue leyendo

Se levanta el Toque de queda en Irak

Posted on: Tuesday 11 September 2018 — 13:47

Las autoridades Iraquíes han levantado la noche de este sábado el toque de queda que se había declarado en Basora, ha comunicado una fuente policial a los medios de información.

El toque de queda en la ciudad de Basora, sumida en protestas, fue declarado a partir de las 16.00 hora local (13.00 GMT) del sábado 8.

“La decisión de levantar el toque de queda se tomó después de que las fuerzas de seguridad, que llegaron desde Bagdad, se desplegaran en las calles de Basora y se normalizara la situaci… Sigue leyendo

Oriente Medio después de la derrota militar del califato, una aproximación global

CUADERNO DE ESTRATEGIA Nº 196, Coordinado por Josep Piqué

INTRODUCCIÓN (Josep Piqué)

Empiezo con una justificación: aunque el uso correcto en nuestra lengua, desde nuestra perspectiva geográfica, nos debería llevar a hablar de Oriente Próximo, utilizaremos, por influencia anglosajona (y particularmente nortea- mericana), la traducción literal de Middle East, dado que tal expresión se ha generalizado también en nuestro idioma.

Tal denominación comprende una extensa área geográfica —el mundo árabe más Israel o los kurdos— que se extiende desde el golfo pérsico hasta Egip- to, aunque cabría incorporar, a efectos analíticos: en el este, por supuesto, a Irán, pero también a Afganistán y a su frontera con Paquistán; en el oeste a buena parte del norte de África y el Sahel, y por el norte al Cáucaso y, por supuesto, a Turquía. Son zonas y países no árabes (excepto en el norte de África) aunque con importante presencia de bereberes, tuaregs y otros, todos ellos con un protagonismo indiscutible en la región. Además, es im- posible referirse a Oriente Medio sin introducir en el análisis a potencias extrarregionales con profundos intereses en la zona, como Rusia, Estados Unidos o la Unión Europea, incluyendo específicamente a Francia o el Reino Unido. Sin entender esa enorme complejidad enraizada en la geografía, la historia, la cultura o la religión, cualquier análisis rápido o superficial lleva a importantes (y a menudo trágicos) errores.

Los actuales acontecimientos en la región (incluyendo el norte de África —lo que los anglosajones llaman MENA (Oriente Medio y norte de África)—) están llenos de aparentes contradicciones, alianzas de geometría variable y cambios de aliados o enemigos; es un lugar en el que el aforismo de que el

enemigo de tu amigo es tu enemigo, y el amigo de tu enemigo es tu amigo, no tiene por qué cumplirse. Y, en cambio, sí que se cumple otro: los conflictos producen extraños compañeros de cama.

Máxime cuando es una obviedad que lo que sucede en la región (en su sen- tido amplio) sobrepasa ampliamente el alcance de sus fronteras, y que ma- nejar sus conflictos internos requiere de análisis profundos sobre las raíces históricas, étnicas o religiosas de los mismos y, por supuesto, del papel de los diferentes actores, ya sean protagonistas, principales o secundarios.

Además, cabe decir que Occidente ha incurrido demasiado a menudo en pro- fundos y dramáticos errores por esa ausencia de profundidad y de rigor y por una tendencia irrefrenable a la simplificación, aplicando criterios west falianos, una lógica «occidental» y la tentación, muchas veces materializada, de la utilización de la fuerza militar. Por ello, hemos aprendido (con un coste altísimo en términos humanos) que los conflictos complejos requieren ac- tuaciones complejas y que no basta con ganar guerras convencionales: lo importante es prevenir las guerras y manejar las posguerras, teniendo en cuenta todos los intereses en presencia, con el fin de conseguir estabilidad y paz y, a ser posible, justicia en el trato de todos los actores del escenario, lo que incluye ciertas dosis de equilibrio entre los diferentes valores y obje- tivos. Lamentablemente, en los últimos años (y una vez superada definitiva- mente la lógica de la guerra Fría y la división bipolar) no ha sido así, y hoy la región (a pesar de la derrota sobre el terreno —en Irak y Siria— del Dáesh) está devastada en gran medida, con una enorme inestabilidad e incertidum- bre, y es el terreno de juego de todo tipo de intereses de potencias externas, que juegan muy a menudo al margen de cualquier escrúpulo convencional.

Por ello, cualquier aproximación intelectual requiere de análisis específi os de confl concretos, pero, sin duda, de un planteamiento global sin el cual es imposible e inútil aislarlos de su contexto. Y esa es la aproximación metodológi- ca del presente documento: analizar los confl más candentes (Siria —inclu- yendo el Líbano—, Irak, Israel-Palestina, Yemen, la guerra subsidiaria entre Irán y Arabia Saudí o el terrorismo yihadista más allá del Califato y la resiliencia de Al Qaeda), pero incardinarlos todos ellos en una perspectiva global que les apor- te comprensión intelectual y una mayor capacidad de análisis para la correcta toma de decisiones por parte del conjunto de la comunidad internacional.

En las próximas líneas intentaremos profundizar en ese contexto global para enmarcar las diferentes aproximaciones a los conflictos concretos que, de manera brillante, han efectuado cinco grandes especialistas y profundos conocedores de la región.

Para ello, es inevitable remitirnos a la situación creada por el colapso del Imperio otomano (potencia dominante durante siglos en la región) al final de la i Guerra Mundial, cuando desaparecieron, además, otros tres grandes Imperios: el zarista, el austro-húngaro y el alemán.

Cuaderno de Estrategia nº 196 del IEEE. Completo para descargar

GRUPO DE TRABAJO:

Coordinador:             D. Josep Piqué Camps

Exministro de Asuntos Exteriores del Gobierno del Reino de España

Vocal y Secretario:    D. Ignacio Fuente Cobo

Coronel de Artillería (DEM)

Analista Principal del Instituto Español de Estudios Estratégicos

Vocales:Dª. Pilar Requena del Río

Periodista de TVE

D. Juan José Escobar Stemmann

Diplomático. Miembro del Consejo Científico del Real Instituto Elcano

D. David Poza Cano

Ingeniero Industrial del ICAI

Máster en Análisis y Prevención del Terrorismo

 Amable Sarto Ferreruela

Coronel de Artillería (DEM) EMAD-Cuartel  General-JRRHH