¿Crece la tensión en el golfo Pérsico?

Irán: ¿solo ante el peligro?

Un análisis de la actualidad internacional a través de artículos publicados en medios globales seleccionados y comentados por la revista CTXT

11.05.2019. El País. REVISTA DE PRENSA | CTXT, por ÁLVARO GUZMÁN

Estados Unidos vs Irán: ¿Por qué Washington está enviando bombarderos B-52 y un acorazado con sistema antimisiles a Medio Oriente?

11.05.2019. BBC News Mundo

11.05.2019. RT en Español. Tensiones con Irán: EE.UU. desplegará su sistema Patriot y el USS Arlington en Oriente Medio

10.05.2019. PBS NewsHour Video

09.05.2019. NBC News. Video

 

 

Corrupción y conflicto: van de la mano (Artículo de la NATO Review)

La corrupción ha sido un elemento básico de los debates sobre el desarrollo desde mediados de los años noventa. Sus efectos corrosivos están bien documentados: la corrupción arraigada impide el crecimiento económico inclusivo, desvía la ayuda y subvierte la ayuda internacional para el desarrollo. Pero una consecuencia igualmente importante de la corrupción generalizada es mucho menos reconocida y mucho menos estudiada: su impacto en la seguridad nacional e internacional. Por eso la corrupción le importa a la OTAN.

Hombres iraquíes se manifiestan contra la corrupción y los servicios deficientes en la Plaza Tahrir, en el centro de Bagdad, Irak. Una investigación de ocho meses de duración realizada por el Comité Parlamentario Iraquí de Seguridad y Defensa, publicada en agosto de 2015, mostró que la corrupción financiera y administrativa alimentó el aumento de ISIS / Daesh y las milicias locales en Irak. © Reuters

La corrupción y la captura del estado contribuyeron al estallido de la primavera árabe y los conflictos subsiguientes. Fue un factor clave en la derrota de las fuerzas iraquíes durante la primera batalla de Mosul. Alimentó el auge de ISIS / Daesh y Boko Haram. Y ha sido utilizado como una herramienta de política exterior por algunos estados para minar activamente las instituciones en otros.

La corrupción también fue un factor clave que contribuyó a los fracasos de las intervenciones internacionales en Irak y Afganistán. La corrupción generalizada y la captura estatal por parte de redes criminales socavaron la legitimidad del gobierno afgano, redujeron su efectividad y crearon una fuente de resentimiento para su propia población. Ha impulsado el reclutamiento de talibanes, lo que hizo mucho más difícil para la Fuerza de Asistencia de Seguridad Internacional (ISAF) liderada por la OTAN (2003-2014) lograr sus objetivos de misión clave, desde la seguridad hasta la gobernanza efectiva. En las palabras de Ryan Crocker, ex embajador de los Estados Unidos en Afganistán: “ El último punto de fracaso de nuestros esfuerzos … no fue una insurgencia. Era el peso de la corrupción endémica. ”( 2016 )

En Irak, la corrupción en el reclutamiento y las promociones del ejército, la existencia de soldados fantasmas y el robo de armas y suministros hicieron que el ejército, superior sobre el papel, no estuviera armado, no tuviera personal y, en última instancia, no pudiera detener el aumento de ISIS / Daesh. Para detener a los combatientes yihadistas, las tropas internacionales tuvieron que regresar a Irak un par de años después de que concluyera la misión de entrenamiento anterior.

Y, sin embargo, los vínculos entre la corrupción y la inseguridad no se han convertido en una parte integral de los debates y planes clave relacionados con la seguridad. Incluso cuando se reconoce que la corrupción es un desafío estratégico, este reconocimiento rara vez se traduce en directrices y herramientas específicas que podrían proteger el compromiso internacional del riesgo de corrupción. Quizás aún más importante, tales medidas podrían ayudar a evitar situaciones en las que las intervenciones internacionales terminan inadvertidamente apoyando redes corruptas y viendo sus recursos desviados.

Estas consideraciones son clave para las operaciones militares que van desde la creación de capacidad de defensa hasta la estabilización, la gestión de crisis y las misiones de apoyo a la paz. Las operaciones aportan importantes cantidades de recursos, tanto tangibles (desde el mantenimiento local hasta la capacitación y el equipo) como intangibles, como el apoyo al gobierno de la nación anfitriona y las fuerzas armadas. Si los planificadores e implementadores no son cuidadosos, estos recursos pueden ser desviados y mal utilizados por redes corruptas y spoilers que se benefician del caos y la inestabilidad.

OTAN y anticorrupción

Hasta la Cumbre de Varsovia de 2016, la OTAN estaba activo en el ámbito de lucha contra la corrupción, principalmente a través de su construcción Integridad (BI) del programa , que se centra en el análisis de riesgos de corrupción en los sectores de defensa y ayuda de diseño de los programas nacionales de lucha contra la corrupción. Se produjo un cambio en Varsovia con la adopción de una política de BI , que va más allá del alcance inicial del programa. La política deja claro que la prevención y la lucha contra la corrupción deben incorporarse a las tareas clave de la Alianza: desde la defensa colectiva hasta la respuesta a la crisis y la seguridad cooperativa. Un plan de acción de BI con el objetivo de integrar las consideraciones anticorrupción en las actividades de la OTAN, seguido poco después.

La importancia de la política y el plan de acción es difícil de exagerar. En Afganistán, la misión de la ISAF no comenzó a abordar los problemas de corrupción hasta el 2007. Llevó nueve años, hasta el 2012, mitigar el impacto de la corrupción para convertirse en una línea de participación en el Plan de Operaciones de la ISAF.

Hacer caso omiso de los problemas de corrupción en la planificación y asignación de tareas dificultó el reconocimiento de sus manifestaciones y consecuencias, en particular el impacto que tuvieron los problemas de corrupción en la capacidad de la misión para cumplir sus objetivos. Esto significaba que la inyección de recursos que excedía con creces la capacidad de absorción de Afganistán no se consideraba un riesgo clave. Los contratos locales de mantenimiento, como el Contrato de Transporte de la Nación Anfitriona que alimentó a los señores de la guerra y los funcionarios corruptos, no fueron analizados por su beneficio potencial para las redes corruptas. En efecto, ISAF exacerbó los riesgos de corrupción contra los que más tarde luchó.

Durante los primeros años de su misión, la Fuerza de Asistencia de Seguridad Internacional liderada por la OTAN descuidó el impacto que los contratos locales, como la contratación de camiones locales para el transporte de suministros, tuvieron sobre la corrupción. © Reuters

Una razón para la respuesta lenta es que las fuerzas desplegadas no se utilizaron para tratar el problema de la corrupción. Era demasiado fácil considerarlo como una cuestión de desarrollo que podía esperar hasta que se estableciera la seguridad. Sin orientación como los procedimientos operativos estándar y con poca experiencia disponible, es difícil abordar un problema como la corrupción, incluso si se nota, especialmente en un entorno inseguro: cuando las balas comienzan a volar, hay poco tiempo o capacidad para pensar e implementar Mitigaciones para un riesgo desconocido.

Aquí es donde la política de BI de la OTAN puede ayudar. Si se considera un establecedor de normas y es implementado por los Aliados de la OTAN, la política puede ayudar a garantizar que se tome en cuenta la corrupción en la OTAN y en la planificación nacional para las operaciones militares. Esto, a su vez, aumentará la preparación para enfrentarlo en el teatro, identificar entornos de alto riesgo, implementar medidas de mitigación antes de desplegar tropas, monitorear el impacto de la corrupción en la misión y anotar las actividades de la misión que podrían exacerbar el impacto. Gravedad y alcance de las prácticas corruptas. También debería ayudar a los Aliados a establecer relaciones con organizaciones que puedan ayudarlos en el teatro e identificar fuentes de experiencia técnica que puedan ser de ayuda.

La importancia de la gobernanza de la defensa.

Si bien la corrupción en cualquier sector puede ser perjudicial, la corrupción en las fuerzas de defensa y seguridad, encargadas de proteger a la población y responder a la inseguridad, es particularmente perniciosa. En algunos casos, los efectos de la corrupción son visibles de inmediato, y las fuerzas de seguridad depredadoras abusan de las poblaciones para las que fueron creadas. En otros casos, el secreto y la confidencialidad que a menudo acompaña a este sector pueden ocultar los efectos de la corrupción, hasta una crisis y un fracaso a gran escala.

Cuando un militar falla, falla espectacularmente: las fuerzas ineficaces y vacías crean el espacio para que prosperen Boko Haram, ISIS / Daesh y grupos del crimen organizado. Las consecuencias son demasiado grandes para ser ignoradas por la seguridad o la comunidad de desarrollo: para que la paz y la seguridad se consoliden y creen las condiciones para el desarrollo, es necesario abordar la corrupción de la defensa y la seguridad, especialmente en los estados frágiles y afectados por conflictos. para ambos.

Una combinación de secreto, necesidades de seguridad percibidas y prestigio nacional a menudo dificulta la reforma de las instituciones de defensa y seguridad. Sin embargo, sin reformarlos, la estabilidad y la seguridad no pueden echar raíces.

En los primeros años después de la independencia en Sudán del Sur , por ejemplo, la elite gobernante desvió los ingresos del petróleo para financiar redes de patrocinio a través de los gastos del sector de defensa. Se usó un presupuesto militar inflado para pagar los salarios de 230,000 soldados y miembros de las milicias pertenecientes a varias redes de patrocinio. Mientras tanto, se incursionaron en los presupuestos de otros departamentos y se redirigieron los recursos al sector de defensa: en 2012, cuando los gastos de defensa y seguridad representaron el 35% del presupuesto de Sudán del Sur, los donantes financiaron el 75% del sector de salud de Sudán del Sur.

Durante algunos años, el sistema de patrocinio funcionó en Sudán del Sur; La lealtad fue comprada y la violencia mantenida bajo control. Pero en 2012, el aumento de los precios de la lealtad, una disputa con el gobierno sudanés por el uso de la infraestructura petrolera y una disminución global de los precios del petróleo llevaron a una disminución de la producción y menores ingresos. Esto disminuyó la capacidad del gobierno del presidente Salva Kiir para comprar la lealtad de sus oponentes, por lo que Kiir recurrió a despedir a sus oponentes. Dentro de un año, la guerra civil y la crisis humanitaria asolaron al país.

Una gobernanza de defensa robusta es especialmente importante cuando el gasto en defensa aumenta, o cuando los países amplían sus fuerzas armadas y el alcance de su política de seguridad y defensa. Actualmente, el gasto en defensa está aumentando más rápidamente en los países donde los estándares de gobernanza de defensa son más débiles. En 2016, 22 estados africanos pasaronmás del cinco por ciento de sus presupuestos en defensa, mientras que siete países gastaron más del diez por ciento. Esta es una inversión importante, que puede desviar recursos de otros servicios públicos, incluidos la salud y la educación. Pero en muchos de los países donde el gasto está aumentando, el desarrollo de mecanismos efectivos de supervisión está fallando en mantener el ritmo. Los presupuestos de defensa son en su mayoría opacos y están exentos de escrutinio externo, y las armas y equipos adquiridos rara vez están bien planificados ni contribuyen a la efectividad de las fuerzas armadas.

El presidente de Sudán del Sur, Salva Kiir (El presidente de Sudán del Sur, Salva Kiir (centro), desvió los ingresos del petróleo para financiar redes de patrocinio a través de un presupuesto militar inflado, que pagó los salarios de 230,000 soldados y milicianos. © Reuters

La OTAN no es un recién llegado a la difusión de altos estándares de gobierno de defensa: su aceptación de nuevos estados miembros ha estado condicionada a su adhesión al buen gobierno de sus fuerzas de defensa, incluida la supervisión democrática y civil. La Alianza, que sigue siendo una fuente importante de normas y estándares en defensa, está bien situada para ayudar a otros países a mejorar su gobierno de defensa. La nueva misión de capacitación y desarrollo de capacidades de la Alianza en Irak, por ejemplo, debe incorporar medidas para combatir la corrupción y fortalecer la gobernanza del sector de defensa de Irak. Como lo sugieren la batalla de Mosul y el surgimiento de ISIS / Daesh, limitar el impacto de la corrupción debe ser una prioridad para que las fuerzas iraquíes puedan aprovechar los avances logrados en los últimos años.

Misiones de gestión de crisis y estabilización.

En reconocimiento de que la Alianza estaba mal preparada para mitigar los riesgos de corrupción en las operaciones, la política de BI requiere que se tengan en cuenta las preocupaciones de buen gobierno y anticorrupción en todas las etapas de la planificación y ejecución operativas. Este es un desafío clave para los aliados. La investigación realizada por Transparency International (TI) ha identificado la capacidad de reconocer y mitigar los riesgos de corrupción como un vínculo débil entre los aliados de la OTAN y sus socios. Solo en tres países encontramos evidencia de doctrina que aborda la corrupción, orientación sobre adquisiciones operativas o capacitación anticorrupción para las tropas.

El rol de la OTAN como establecedor de normas podría ayudar a aumentar la preparación nacional, tanto a través de proporcionar una guía de buenas prácticas como de exponer a los oficiales a la cuestión, mientras giran a través de los sistemas de la OTAN. El Centro de Guerra Conjunta de la Alianza, por ejemplo, ha estado incorporando temas relacionados con la corrupción en los ejercicios que realizan (en los que TI – Defensa y Seguridad ha participado). Recopilado por la Guía anual sobre ejercicios del Comandante Supremo Aliado de Europa, que incluye mitigar la corrupción entre los resultados del ejercicio, e impulsado por las necesidades del cuartel general de la Estructura de la Fuerza de la OTAN, muchos de los cuales han reconocido la corrupción como un desafío, los ejercicios han sido el aspecto más visible de los intentos de la OTAN para mitigar los riesgos de corrupción. La inversión en ejercicios ya ha dado lugar a cambios en los procedimientos operativos estándar,

Los ejercicios son particularmente útiles para darse cuenta de que contrarrestar la corrupción es un problema tanto técnico como político. Sin la presión del liderazgo, es poco probable que las soluciones técnicas obtengan tracción. Sin la experiencia técnica de los funcionarios, el compromiso de alto nivel no se puede realizar, simplemente porque nadie sabrá cómo traducirlo en soluciones técnicas. En entornos donde la corrupción es un riesgo importante, tiene sentido reforzar el personal militar con expertos de otras instituciones, desde la aplicación de la ley hasta el gobierno. Sin embargo, cada sede necesita una base de conocimientos especializados, aunque solo sea para poder reconocer y definir una amenaza cuando aparezca, y saber dónde buscar ayuda.

Resiliencia aliada

El impacto de la corrupción en la seguridad nacional, la soberanía y la independencia ha sido bien ilustrado por los desarrollos en Ucrania. El ex vicepresidente de los EE. UU., Joe Biden, declaró en 2009 que “ en la última década, Rusia ha utilizado otra arma de la política exterior. Utiliza la corrupción como herramienta de coerción para mantener a Ucrania vulnerable y dependiente. Entonces prosigan esas reformas para erradicar la corrupción. No se trata solo del buen gobierno. Se trata de la autoconservación. Es sobre tu propia seguridad nacional. 

Con frecuencia, se considera que la corrupción es un cáncer, una fuerza maliciosa pero amorfa que socava el desarrollo y la seguridad. Esta interpretación, sin embargo, ignora las formas cruciales en que las prácticas corruptas pueden ser utilizadas intencionalmente, conscientemente, por un estado para socavar las elecciones y la libertad de maniobra de otro. Las vulnerabilidades de la corrupción, especialmente en los sectores clave de defensa y energía, deben verse como habilitadores para la guerra no convencional que amenaza a los aliados y socios de la OTAN.

La Residencia Mezhyhirya, la propiedad donde vivía Viktor Yanukovych cuando era Primer Ministro y luego Presidente de Ucrania, ahora es un museo que muestra el lujoso estilo de vida de Yanukovych. Huyó a Rusia después de la revolución ucraniana de 2014, que fue provocada por protestas masivas contra la corrupción. © Wikipedia

La amenaza que la corrupción puede suponer para la soberanía y la seguridad nacionales debe incorporarse en la respuesta de la OTAN a las amenazas híbridas , que actualmente parece centrarse principalmente en la desinformación y los ataques cibernéticos. Si bien estos temas no deben pasarse por alto, un enfoque en mantener instituciones de defensa resilientes que estén bien conectadas con sus poblaciones sería una contribución deseable para contrarrestar las posibles amenazas híbridas.

Muy por delante

Gracias a la política de BI y su trabajo de creación de capacidad, la OTAN se encuentra actualmente en la vanguardia de los establecimientos de seguridad y defensa con el objetivo de mitigar los riesgos de corrupción. Pero es importante no descansar en los laureles de uno; Todavía queda mucho por hacer. El progreso en los ejercicios no parece haber sido acompañado por el desarrollo de orientación estratégica y operacional, o por la actualización de las doctrinas clave para guiar a los planificadores.

La OTAN tampoco ha facilitado que las organizaciones independientes, incluida la sociedad civil, monitoreen y contribuyan a la implementación de la política. El hecho de que el plan de acción de BI no se haya hecho público significa que hay oportunidades limitadas para que las organizaciones externas contribuyan. Si bien es comprensible que algunos aspectos del plan de acción y su implementación deban permanecer clasificados, es poco probable que esto se aplique a la totalidad de los planes y acciones de la OTAN. La corrupción en la defensa y la seguridad es una preocupación compartida, una que se beneficiaría de una coalición de actores comprometidos a su alrededor, una coalición que también podría beneficiar a la Alianza en una crisis.

Como las estructuras de la OTAN incorporan preocupaciones anticorrupción en sus procedimientos, el próximo desafío es garantizar que estas normas y prácticas adoptadas a lo largo de la Alianza se reflejen en los establecimientos de defensa nacional. La política de BI hace que cualquier acción de los Aliados sea voluntaria, y aún así, mantener un alto nivel de gobierno de defensa es crucial: entre otros beneficios, ayudará a asegurar que los aumentos planificados en los presupuestos de defensa de los Aliados hasta el dos por ciento del PIB se gasten bien. Las consultas entre iguales y la experiencia entre iguales es una forma clave de mantener y mejorar la capacidad institucional.

Los ejercicios también podrían convertirse en un vehículo para difundir normas y prácticas anticorrupción entre los aliados. Sin embargo, para eso, la anticorrupción podría convertirse en un elemento de los requisitos formales de certificación de la OTAN. La Alianza también tendría que desarrollar una variedad de escenarios anticorrupción y capacitar a evaluadores que puedan identificar los desafíos y asesorar sobre las mejores prácticas.

El desafío final para el trabajo anticorrupción de la OTAN es la cooperación con otras instituciones, especialmente con la Unión Europea. La Dirección General de Negociaciones de Vecindad y Ampliación (DG NEAR) de la Comisión Europea patrocina actualmente el programa BI de la OTAN, reconociendo que la gobernanza de la defensa es un factor clave para la seguridad y estabilidad sostenibles. Sin embargo, se podría hacer más, incluido el trabajo conjunto sobre la incorporación de medidas anticorrupción en los procedimientos operativos estándar y los procesos de planificación operativa para implementaciones internacionales; cooperación en vulnerabilidades de corrupción como parte de la guerra híbrida; y fortalecimiento de la capacidad de defensa en los países socios. Con ambas organizaciones enfrentando desafíos similares, ciertamente tiene sentido buscar sinergias.

La Dra. Karolina MacLachlan es Directora Regional de Programas para Europa para la Transparencia Internacional, Defensa y Seguridad. El artículo se basa en su extenso trabajo con organismos de la OTAN y establecimientos de defensa nacional, incluida la participación en ejercicios.

Las publicaciones publicadas por TI-Defence and Security (disponibles aquí ) ofrecen un análisis más profundo de los vínculos entre corrupción e inseguridad ( La quinta columna ), los vínculos entre corrupción y extremismo violento ( The Big Spin ), que promueven la responsabilidad en la industria de la defensa. , y temas relacionados. TI-Defence and Security ha lanzado una iniciativa para promover estándares de gobernanza de defensa responsable ; en enero de 2019, publicará un conjunto de herramientas para ayudar a mitigar los riesgos de corrupción en las operaciones y el desarrollo de capacidades de defensa.

Lo que se publica en la Revista de la OTAN no representa necesariamente la posición oficial o la política de los gobiernos miembros o de la OTAN.

Corruption and conflict: hand in glove Dr Karolina MacLachlan The corrosive effects of corruption are well documented: deep-rooted corruption prevents inclusive economic growth, diverts aid and subverts international development aid. But an equally important consequence of widespread corruption is far less recognised and far less studied: its impact on national and international security. Karolina MacLachlan of Transparency International looks at the issues.

Finalización de la reunión de ministro de Defensa de la OTAN en Bruselas

NATO Secretary General’s press conference following Defence Ministers’ meeting

NATO Defence Ministers concluded two days of talks in Brussels on Thursday (4 October 2018), focused on further adapting and strengthening the Alliance in response to an increasingly assertive Russia and continued instability in the South.

General view of the meeting

Burden-sharing was a topic of discussion at the Ministerial meeting. Secretary General Jens Stoltenberg said the Alliance is “making progress”, adding “this will be the fourth consecutive year of rising defence spending”. Now that all Allies have committed to national plans, the Secretary General said he expects the national plans “to show real increases in defence spending year on year, and a realistic path to 2% of GDP on defence.”

In their discussion on NATO’s strengthened deterrence and defence, Ministers addressed concerns about Russia’s pattern of behaviour and the future of the Intermediate-Range Nuclear Forces Treaty. Mr. Stoltenberg said that Russia’s new missile system “is destabilising” and poses “a serious risk to our security”. “We call on Russia to address our serious concerns”, he added.

Ministers were briefed about a foiled Russian military intelligence service cyber operation against the Organisation for the Prohibition of Chemical Weapons in the Hague (the Netherlands). The Secretary General referred to “Russia’s indiscriminate campaign of cyber-attacks around the world” and said that “in response, NATO will continue to strengthen its defence and deterrence in the cyber domain”. Mr. Stoltenberg thanked several Allies for offering their cyber capabilities to NATO. These will make NATO “as strong in cyberspace as we are on land, at sea and in the air”, he said.

The discussion on deterrence and defence also touched on NATO’s response to instability on its southern borders, in particular the new training mission in Iraq and NATO’s continued support to partner countries to improve their defence and security capabilities.

Ministers were joined by EU High Representative Federica Mogherini and representatives from Finland and Sweden for a discussion on NATO-EU cooperation in the areas of cyber defence, military mobility, countering hybrid threats, and capacity building in the Middle East and North Africa.

05.10.2018 NATO Update. Leer más

Statement by NATO Secretary General Jens Stoltenberg on Russian cyber attacks

Four Allies sign agreement to create a Multinational Special Aviation Program with a training facility in Zadar, Croatia

NATO Defence Ministers take forward decisions from the NATO Summit in July

NATO Defence Ministers meet with Georgia

Joint statement by the NATO Secretary General and the President of the European Council on the consultative referendum in the former Yugoslav Republic of Macedonia¹

How NATO utilises intelligence

El nuevo Golfo: ¿preludio de un (des)orden regional?

Por ITXASO DOMÍNGUEZ DE OLAZÁBAL, para Estudios de Política Exterior de 13.09.2018. Coordinadora de Oriente Próximo y Norte de África para la Fundación Alternativas.

El Golfo se perfila progresivamente como nuevo centro de gravedad de Oriente Próximo, consecuencia de una tormenta perfecta que tiene como detonantes interrelacionados las primaveras árabes, la creciente influencia del eje Teherán-Bagdad-Damasco-Beirut, vacíos de poder de actores tradicionales y una predominante narrativa –que no realidad– sectaria. Gracias a sus envidiables recursos naturales, los Estados del Golfo han dado forma a una renovada Doctrina Monroe de no intervención en asuntos de la subregión, junto a una mayor responsabilidad y asertividad. Estos Estados ya no se limitan a acompañar ni son “gorrones” (como los tildó Donald Trump en campaña), sino que han tomado las riendas de escenarios clave como la estabilidad en Egipto y Jordania, el desenlace en Siria y Yemen o la reconstrucción de Irak.

A pesar de haberse convertido en “dueño de su propio destino”, en el Golfo sigue predominando una suerte de diplomacia transaccional y apresurada –a imagen y semejanza de Trump–, que pide a gritos ser remplazada por un diálogo estratégico y de seguridad más maduro, transparente y sostenible. Se habla incluso de un patrón común de extralimitación (overstretch).

El fin del consenso en el Golfo

El Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) nació con el objetivo de defender al conjunto de sus miembros de la Revolución Islámica de 1979 y la subsiguiente guerra Irán-Irak. Hasta ahora mantuvo una cierta unidad frente al resto del mundo, a pesar de conflictos puntuales (algunos, sobre todo territoriales, más duraderos) y desacuerdos sobre el proceso de integración. La organización estaba basada en principios de soberanía y no injerencia y aspiraba a alcanzar la estabilidad de una región inestable ‘por naturaleza’. Dominaba la idea de consenso en torno a una percepción compartida de amenazas externas.

No es el caso hoy en día, en vista de cómo evolucionan la naturaleza e intensidad de las amenazas –tanto exteriores como domésticas– y su percepción. Así, la política exterior de los Estados individuales dentro y fuera de la subregión es menos predecible. Nadie parece tener claro cuál es el objetivo final, o si hay plan B frente al telón de fondo de actitudes maximalistas. Tradicionalmente, la política exterior del Golfo era más reactiva que proactiva, pero también criticada por su insuficiente concreción. Hoy las decisiones se toman más rápido, pero aún sin guía fija ni consenso entre élites (cada vez más centralizadas), más allá de pilares comunes como el rechazo absoluto a Irán y a tanto la secularización como el radicalismo religioso.

En el seno del CCG imperaban el respeto a la diversidad de posturas y soberanas, pilares de la estrategia del Jeque Zayed como padre fundador de los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Los procesos de sucesión en diferentes Estados del Golfo se perfilaron como puntos de inflexión clave. Fue el caso de EAU y Catar, aunque fueron los acontecimientos de 2015 en Arabia Saudí, y muy particularmente el estallido de la guerra en Yemen, los que consiguieron que el mundo dirigiera de nuevo su atención al Golfo. Procesos de sucesión similares se avecinan en Kuwait y Omán, que han intentado mantener una posición neutral y además han ejercido importantes labores de mediación a lo largo de estos últimos años. La presión intra-Golfo sobre Catar se intensificó cuando Tamim bin Hamad Al Thani accedió al poder en junio de 2013, y no pocos comentaristas temen la posibilidad de que aumente en un futuro cercano.

El aislamiento de Catar arrojó luz sobre las grietas en la alianza de Estados árabes invocada por Trump en su visita de mayo de 2017. Las fisuras en el CCG se extienden sin embargo más allá de una simple fractura entre el trío saudí-emiratí-bahreiní (denominados GCC-3), por una parte y Catar por otra, con Omán y Kuwait en medio. El bloqueo a Catar fue principalmente consecuencia del miedo al cambio –o, más bien, al cambio no pilotado–. Las relaciones del emirato con Irán reflejaban si objetivo de mantener relaciones de distinta intensidad con los principales actores políticos de la región, cultivando contactos políticos útiles cuando fuera posible. Esto contrasta con la preferencia de Arabia Saudí y EAU de imponer un modelo notoriamente paternalista, anclado en la ausencia de disenso.

A ello se une la necesidad de alimentar la dicotomía amigos-enemigos en un mundo polarizado. Los países del Golfo (y otros en la región) se ven con cada vez menor margen de maniobra, obligados a dejar clara su postura en un amplio abanico de materias. Nunca antes la región había atraído tanta atención. Esto ha derivado en una utilización cada vez más sofisticada de la propaganda y el impulso de nuevos ámbitos de acción exterior, como la diplomacia financiera o pública.

Nuevos ejes de poder y bilateralismo

Los príncipes herederos Mohamed bin Zayed (MbZ) y Mohamed bin Salman (MbS) parecen detentar hoy las riendas de la península arábiga. El ejemplo paradigmático de la influencia de este dúo lo representa Yemen: todos los miembros del CCG (salvo Omán, y ahora Catar) participan en la coalición, pero se está dividiendo el país en dos esferas de influencia: la emiratí y la saudí. Esta alianza está también marcada por desacuerdos y prioridades no perfectamente alineadas, disimuladas gracias al esfuerzo de presentarse como un frente unido. Uno de los desarrollos más notables en el Golfo es la cooperación bilateral institucionalizada en el Consejo de Coordinación Saudí-Emiratí. No por casualidad, la visión de los dos príncipes fue bautizada ‘Estrategia de Determinación’.

Antes de alzarse en el trono, ambos príncipes necesitan reforzar y centralizar su poder. Se ven acuciados por problemas domésticos no desdeñables, que exigen una política exterior e interior aún más vigorosa, como ha demostrado la confrontación entre Arabia Saudí y Canadá. Este y otros acontecimientos han logrado impulsar un sentimiento patriótico sin precedentes en países de origen tribal, a pesar de problemas crecientes en torno a sus respectivos pactos sociales. MbS y MbZ van a necesitar unas poblaciones completamente comprometidas con sus reformas, imbuidos de un nuevo tipo de nacionalismo, con un importante componente de militarización, que también es alimentado en Catar. Es éste un ámbito en el que la crisis del Golfo tampoco encuentra precedentes: ha trazado fronteras entre Estado-nación y tribus en un contexto en el que ambas dimensiones se han entremezclado continuamente durante décadas, así como a los vínculos sociales, comerciales y económicos. La limitación de la libertad de movimiento representa el desgaste de uno de los principales éxitos del CCG.

El CCG se erigía hasta hace poco en bastión de estabilidad y símbolo de unidad frente al resto de la comunidad internacional, que prefería tratar con un único interlocutor. Jugaba un rol fundamental, hoy superado: el de evitar diferencias entre sus miembros. Nunca pretendió ser una unión política, siguiendo un modelo de integración funcional. Ni siquiera consiguió definirse realmente como organización de seguridad colectiva. En diciembre de 2017, la Cumbre del CCG acabó antes de lo previsto y pasó sin pena ni gloria, sobre todo como consecuencia del anuncio de la nueva alianza institucional entre Arabia Saudí y EAU.

La organización sigue, sin embargo, funcionando a baja intensidad para mantener vivos algunos de sus logros: una unión aduanera, un principio de red eléctrica común, o las bases de un sistema impositivo regional. Sus lideres no darán por muerta por muerta o irrelevante la organización, ya que significaría reconocer su fracaso, lo que todavía no ha ocurrido con otros “organismos fantasma” como la Liga Árabe, la Organización para la Cooperación Islámica, o incluso la Alianza Islámica para luchar contra Daesh, que arrojó luz sobre la incapacidad de Arabia Saudí para profundizar en la integración regional.

La reconciliación del Golfo se ha visto retrasada una y otra vez. Los interesados han alcanzado un status quo relativamente equilibrado que les permite salvar los muebles sin reconocerse vencedores o vencidos. Riad y Abu Dhabi han hecho énfasis en que debe tratarse como una cuestión interna. La retórica displicente de Washington, empeñado en organizar una cumbre regional en Camp David, e incluso una nueva estructura de seguridad, la Alianza Estratégica de Oriente Medio (una “OTAN Árabe”), resulta en ocasiones contraproducente, ya que no asegura a las partes que Estados Unidos comprende sus preocupaciones.

Mientras que antes la integración se veía frenada por los recelos de otros miembros frente a un excesivo control saudí, hoy es la renuencia de MbZ y MbS a impulsar el multilateralismo regional lo que impide una mayor integración. Se favorece una integración a varías velocidades –o más bien, a diferentes niveles de fidelidad– y geometría variable. Ambos príncipes necesitan controlar el proceso, para lo que el bilateralismo resulta perfecto. Lo demuestra el Consejo saudí-emiratí y un consejo de coordinación entre Arabia Saudí y Kuwait al que todavía no se ha dotado de contenido sustantivo. Al bilateralismo se ha visto también avocado Catar, cimentando alianzas con países hoy clave para el futuro de Oriente Próximo, como Turquía. Destaca aquí el rol de Rusia, que ha conseguido llegar a alianzas con casi todos los actores manteniendo intacta su influencia.

El bilateralismo hoy se ve impulsado por un cierto distanciamiento de Estados Unidos, la inestabilidad regional y las necesidades estratégicas, principalmente en el ámbito económico, pero también en relación con las prioridades ideológicas ­(en particular el frente abierto contra los Hermanos Musulmanes). Las reservas energéticas hacen el resto. Todo ello lleva a la búsqueda de nuevos aliados más allá del Golfo y la región, que sin embargo podrían aumentar la inestabilidad si no se diseña una estrategia equilibrada. Mientras que la crisis del Golfo comenzó como un choque limitado a la península arábiga, ahora se desarrolla en varios países, abarcando conflictos simples y otros de niveles múltiples.

Más allá del Golfo

El norte de África ha sido testigo de tensiones consecuencia de las fisuras en el Golfo. En el pasado, a pesar de la identidad árabe común, reinaba la independencia de prioridades entre ambas regiones. Hoy la situación ha cambiado como consecuencia de nuevas oportunidades de diversificación económica y cooperación triangular en África. El punto de partida lo representó Libia, donde Catar apoya al gobierno internacionalmente reconocido en Trípoli mientras que los EAU apoyan al gobierno con sede en Tobruk y al general anti-islamista Jalifa HaftarTúnez también se ha perfilado como campo de enfrentamiento, al empeñarse en conservar lazos amistosos con Catar. Sus relaciones con EAU –segundo mayor socio comercial, después de Libia– empeoraron por el intento de éstos de interferir en la política interna para frenar la influencia del partido islamista Ennahda. El Sahel representa sin duda el siguiente paso, con Argel y Rabat buscando capitalizar las ambiciones de sus socios del Golfo en el norte de África para promover sus propios intereses.

Otra subregión en la que se han privilegiado las relaciones bilaterales es el este de Asia. A lo largo de los últimos meses, Arabia Saudí y EAU han suscrito en la zona cuantiosos contratos, más allá de la mera compraventa de hidrocarburos. Su socio principal es China, que acumula cada vez mayor peso en la región, y en menor medida Japón. La mayoría consideran que se hace imperativo aprovechar el potencial de iniciativas como la Nueva Ruta de la Seda china, aunque se ha despertado recientemente el temor a una competición interna por inversiones extranjeras.

El terreno de juego de mayor actualidad, como consecuencia principalmente de la guerra en Yemen, es el Mar Rojo y el Cuerno de África. El protagonismo casi absoluto lo tiene EAU, que ha conseguido acercar a Eritrea y Etiopía y controlar varios puertos (gracias al gigante Dubai Ports), en un ejercicio no sólo comercial sino de énfasis cada vez más militar en Eritrea, Somalia y Djibouti. EAU se erige así como potencia marítima y militar, objetivo de otros países del Golfo. Pero tanto Irán como Catar, Turquía y en menor medida Egipto tienen cada vez más ambiciones fuera de Oriente Próximo, sobre todo en relación con Asía. También pueden en un futuro surgir choques con China, cuyos designios hacia el área se desconocen. La consecuencia inmediata sería alimentar diferencias internas o entre países extremadamente débiles, como Somalia. Otra consecuencia de acciones aisladas sin un marco estratégico definido.

Saudíes y emiratíes han logrado evitar los efectos de las primaveras árabes sin tener un plan claro sobre el futuro de la región. Sus proyecciones dependen en gran medida de una visión securitizada de la supervivencia autoritaria desde el punto de vista doméstico. Las revueltas de 2011 dejaron tras de si demandas no satisfechas: la mayoría de los problemas estructurales fermentan en un segundo plano. Las reformas propuestas por los aspirantes a dominar la región, incapaces de responder a estas demandas, podría generar una nueva ola de desequilibrio regional. La capacidad saudí para liderar y apropiarse de la reforma parece dudosa en el mejor de los casos. La represión de cualquier traza de islamismo político cierra las puertas a una “tercera vía” –entre democracia occidental y autoritarismo– futura, necesaria en vista de las demandas articuladas a lo largo de estos últimos años. La historia reciente demuestra que no hay mejor alimento para la inestabilidad en la región a medio y largo plazo.

13.09.2018. Siete Días en Política Exterior

GEOPOLÍTICO. 15.09.2018.

Paz en Siria ¿Solo un Sueño?

Posted on: Wednesday 12 September 2018 — 13:47

La cumbre de Teherán ha sido por mucho tiempo, al igual que el problema en Siria, de los temas mas frecuentes entre diferentes comentaristas, expertos y analistas militares.

Seyed Rasul Musavi, el asesor del ministro de Relaciones Exteriores de Irán:

“Creo que la cumbre de Teherán fue un éxito. Se celebró en el momento oportuno, y sus participantes (Irán, Rusia y Turquía) pudieron acordar acciones conjuntas en base al análisis de la situación que contribuirán a la seguridad en la región y al est… Sigue leyendo

Se levanta el Toque de queda en Irak

Posted on: Tuesday 11 September 2018 — 13:47

Las autoridades Iraquíes han levantado la noche de este sábado el toque de queda que se había declarado en Basora, ha comunicado una fuente policial a los medios de información.

El toque de queda en la ciudad de Basora, sumida en protestas, fue declarado a partir de las 16.00 hora local (13.00 GMT) del sábado 8.

“La decisión de levantar el toque de queda se tomó después de que las fuerzas de seguridad, que llegaron desde Bagdad, se desplegaran en las calles de Basora y se normalizara la situaci… Sigue leyendo