Una defensa y seguridad para la Unión Europea (XIII Jornadas de Seguridad, Defensa y Cooperación)

 

09.09.2019 El Mundo. Las rutas de la seda, por FRANCISCO SOSA WAGNER

31.08.2019. Diario Sur. La UE, ante el reto de ser una potencia no alineada a Estados Unidos y China, por Javier Calero

16.07.2019. ABC. El Ejército europeo de Schrödinger, por F.J. Calero

«Hay una voluntad política de autonomía estratégica, pero sobre su desarrollo genera incógnitas», dijo el pasado marzo el exeurodiputado socialista Ramón Jáuregui.

26.06.2019. Parlamento Europeo. Defensa: ¿está la UE creando un ejército europeo?

Sin embargo, construir la defensa de la UE no solo consiste en gastar más, sino en gastar de manera eficiente. Los Estados miembros de la UE colectivamente son el segundo actor mundial que más gasta en defensa tras EEUU.

Pero se calcula que se pierden 26.400 millones de euros cada año debido a la duplicación, el exceso de capacidad y las barreras para la adquisición. Como resultado, se utilizan por encima de seis veces más sistemas de defensa en Europa que en los Estados Unidos. Aquí es donde la UE puede proporcionar marcos e incentivos para que los países colaboren.

18.05.2019. Público. ¿Necesita Europa un ejército propio? Pros y contras de la propuesta del eje franco-alemán, por Diego Herranz

Sin embargo, las reticencias estadounidenses contrastan con una cierta unanimidad de criterios entre los miembros del Consejo Europeo. Como si el Ejército común fuera el bálsamo que calma las discrepancias entre dirigentes nacional-populistas y euroescépticos y los grandes defensores de una mayor integración europea a todos los niveles. Pierre Haroche, analista del Instituto para la Investigación Estratégica (IRSEM), think tank con sede en París, recuerda que, a pesar de las reticencias de EEUU y, de forma más soterrada, de Rusia, la idea de culminar con el proyecto del ejército común la Directiva de Defensa Europea, que data de 1954, ha concitado el respaldo del Grupo de Visegrado.

Presente y futuro de la Política de Seguridad y Defensa de la Unión Europea (DIEEET01-2018). Coordinador Coronel D. Ignacio Fuente Cobo Investigador principal Dña. Verónica Domínguez Donaire

 

XIII Jornadas de Seguridad, Defensa y Cooperación: ¿Por una defensa europea?

Los días 14 y 15 de noviembre, en las jornadas organizadas por el Foro para la Paz en el Mediterráneo, se analizará y debatirá el tema de la necesidad o no de una defensa europea. No como hasta la fecha mediante la conjunción de los ejércitos nacionales de los estados miembros, sino autónoma, con una política de defensa y unas fuerzas armadas europeas, las cuales podrían convivir o no con la de los estados miembros.

En principio el «Ejército europeo» debería ser exclusivamente de proyección hacia el exterior, reducido, flexible y dotado de las capacidades estratégicas necesarias para su traslado a grandes distancias, donde los intereses de la Unión Europea estén en juego. En caso de una mayor implicación se activarían las fuerzas armadas de los países de la Unión.

¿Es una tarea irrealizable? Para muchos es imposible llegar a ese extremo, dadas las diferencias geopolíticas y geoestratégicas de los Estados como Francia y Alemania, pero que puede empezar a ser creíble tras la posible salida del Reino Unido de la Unión Europea.

En esta página se irán insertando todo lo relacionado con este tema:

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Un paso adelante en la defensa de la Unión Europea: el Cuartel General de Rota

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Defence Expenditure of NATO Countries (2012-2019)

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France signs a Letter of Intent with Belgium, Germany, Luxembourg, the Netherlands and Norway for cooperation on strategic airlift, air refuelling

NATO UPDATE. Today, (18 June 2019) six NATO Allies took a critical step towards making the future Multi Role Tanker and Transport Capability (MRTT-C) more affordable. A Letter of Intent on cooperation around the MRTT-C was signed between France and the five current MRTT-C participants: Belgium, Germany, Luxembourg, the Netherlands and Norway.

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2017. Ministerio de Defensa.La Nueva Economía de la Defensa en un Nuevo Orden Mundial – Reflexiones desde el Ámbito Aeroespacial

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Los gobiernos europeos han defendido este lunes el refuerzo de la defensa en la Unión Europea pero han prometido mantener una cooperación «transparente» con la OTAN después de las duras críticas de la Administración estadounidense a las iniciativas del bloque.

Los ministros de Asuntos Exteriores y de Defensa de los Veintiocho han revisado este lunes la estrategia global de la UE lanzada en junio de 2016 con el objetivo de reforzar su autonomía estratégica de acción en un contexto geopolítico marcado por la llegada de Donald Trump en la Casa Blanca y el Brexit.

«Respondiendo a las necesidades actuales y futuras de seguridad y defensa de Europa, la UE está reforzando su capacidad de actuar como un proveedor de seguridad, su autonomía estratégica y su capacidad de cooperar con socios», reza el texto de conclusiones sobre seguridad y defensa aprobado por los Veintiocho.

17.06.2019. Europa Press. La UE defiende sus iniciativas en defensa pese a críticas de EEUU

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Teresa de Fortuny y Xavier Bohigas – artículo publicado en el blog Paz en Construcción de El País – 22/01/2019

La Unión Europea quiere conseguir la aprobación de un plan de financiación multimillonario que tendrá como principal beneficiaria la industria militar.

Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, en su declaración sobre el Estado de la Unión del 14 de noviembre de 2016, hizo pública la intención de la UE de promover y financiar la investigación militar. La Comisión, sin embargo, ya trabajaba en ello desde tiempo atrás. En 2015 la Comisaria europea de Mercado Interno e Industria, Elżbieta Bieńkowska, creó un Grupo de Personalidades (GOP) sobre investigación en defensa. De los dieciséis miembros, nueve representaban empresas de armamento y centros que realizan investigación militar. Por mencionar alguna de las empresas: BAE Systems, INDRA, Airbus Group (antes EADS), Leonardo (antes Finmeccanica). Dicho GOP presentó un informe en 2016 y la Comisión asumió una buena parte de sus recomendaciones en aspectos como el nivel de financiación, la propiedad intelectual, un mercado garantizado y, desde 2021, un programa de financiación muy bien dotado.

Dinero público europeo para la industria militar

Centre Delàs de Estudis per la Pau. Observatorio sobre desarme, comercio de armas, conflictos armados y cultura de paz

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MATEO, L. “Relaciones de causalidad entre economía y defensa nacional en España. Análisis de dependencias y vulnerabilidades económicas. En Dependencias y Vulnerabilidades de la Economía Española: Su Relación con la
Defensa Nacional. Cuadernos de Estrategia. Instituto Español de Estudios Estratégicos. Segunda Sección: Medios para la Defensa. CESEDEN (España). Nº 80, pp. 57-78. Ministerio de Defensa, 1996.

Por Luis Mateo Canalejo

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La Unión Europea hacia su futuro (Política Exterior 14.06.2019)

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Análisis del enfrentamiento tecnológico y económico entre EE.UU. y Rusia (La trampa de Tucídides)

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Reglamento del Fondo Europeo de Defensa

EE UU ha dejado de ser un aliado incondicional y previsible y China ha emergido como un rival sistémico. Europa ha comprobado en el último lustro que su dependencia militar y tecnológica de EE UU le impide resolver por sí sola conflictos tan cercanos como los de Siria o Libia

11.06.2019. El País. Europa reforzará su política exterior e industrial para recuperar influencia frente al duopolio de EE UU y China Las nuevas consignas figuran en el borrador de la Agenda Estratégica de la UE para 2019-2024

DEFENSA DEL MULTILATERALISMO

El borrador de la Agenda Estratégica de la UE describe un inquietante panorama mundial, «cada vez más inestable, complejo y sujeto a cambios rápidos». Un escenario en el que los parámetros políticos, legales y tecnológicos del siglo XX sobre los que se conformó la Unión Europea parecen tambalearse o son olímpicamente ignorados por algunas de las potencias con las que compite Europa.

«En un mundo en el que las normas comunes y los estándares son cada vez más cuestionados, es vital promover la igualdad de condiciones, incluido el área comercial», plantea el documento que se espera aprobar en la cumbre europea del 20 y 21 de junio.  «La UE debe continuar defendiendo el multilateralismo y un orden internacional basado en normas mundiales», añade el documento.

Bruselas incluso se postula como ejemplo a seguir por el resto del planeta. «La UE debe promover su modelo único de cooperación como inspiración para otros», sugiere la Agenda. Pero también parece blandir el palo cuando la zanahoria no dé resultado. El texto aboga por hacer «más activas» las políticas europeas de defensa e intervención en el exterior.

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11.06.2019. Diario Sur de Málaga. China quiere seguir reforzando sus vínculos con Rusia para hacer frente mejor a EE UU

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03.06.2019. El Español. La visita más polémica de Trump a Londres: pide un ‘brexit’ sin acuerdo y un veto a Huawei El presidente de Estados Unidos llega a Reino Unido este lunes en una visita de estado cargada de peligros diplomáticos.

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Estados Unidos ha pasado de la presión al ultimátum para que Europa cambie el rumbo de su incipiente política de defensa y la mantenga estrechamente vinculada a los intereses de Washington, que exige participar en los proyectos de armamento, lo que rechaza Bruselas por temor a quedar atrapada en la normativa estadounidense de exportación de material militar. La tensión ha alcanzado tal nivel que la Administración de Donald Trump ha advertido a la UE de que se expone a quedarse sola ante amenazas como Rusia si sigue adelante con su plan, según documentación a la que ha tenido acceso este periódico.

02.06.2019. El País. Bernardo de Miguel. EE UU da un ultimátum a Europa para que rectifique su plan de defensa Washington exige que sus empresas participen en el desarrollo de armamento de la UE

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¿Cuáles son los retos internacionales a los que Europa debe hacer frente? ¿Está preparada para afrontarlos?

Hoy se celebra el Día de Europa, con unas elecciones decisivas a la vuelta de la esquina. Tras los peores años de la crisis económica, en los que la Unión Europea concentró sus energías en problemas internos, parece el momento idóneo de ocuparse también de lo que ocurre fuera, en un mundo que no detiene su marcga. Preguntamos a un grupo de expertos cuáles son los retos internacionales a los que debe hacer frente la UE y si está preparada para ello.

24.05.2019 APTIE Tecnologías e Industrias Estratégicas. La Europa de la Defensa, España y el Ejército europeo, Juan Pons

Las reiteradas llamadas para establecer unas Fuerzas Armadas integradas bajo la potestad de las autoridades de Bruselas es una especie de serpiente de verano que, al igual que el rio Guadiana, aparece y desaparece con cierta frecuencia en diferentes foros y medios de comunicación de España y del conjunto de los países de la Unión Europea. Leer más

 

EEUU, China, Europa y el orden mundial (Siete Días en Política Exterior)

10.05.2019. Agenda de Política Exterior. Política exterior de la UE

¿De verdad es necesaria en la UE una Política Común de Seguridad y Defensa?

Ana Belén Perianes

La gravedad de los desafíos que encara la UE es significativa y requiere que su resolución sea abordada de forma conjunta. Así lo evidencian los conflictos en el vecindario próximo y la creciente inestabilidad en los flancos sur y este; la amenaza del terrorismo yihadista y los ataques que venimos sufriendo en territorio europeo; Rusia como factor desestabilizador; la anexión de parte de Ucrania por Rusia; los retos en materia de ciberseguridad, o los riesgos y amenazas que plantean vulnerabilidades estratégicas como la seguridad energética, entre otros retos.

Agenda Pública El País. Ana Belén Perianes: Doctora en Paz y Seguridad Internacional por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado.

 

Por una Política Exterior y de Seguridad Común en la UE

Mayoría cualificada o la solución para el problema equivocado, por ENRIQUE MORA

Un viejo proverbio, no creo que sea chino, dice que la decisión es un cuchillo afilado, de corte limpio y preciso, pero la indecisión es uno embotado que hace trizas y desgarra. La Unión Europea es un ente tan especial que, en ocasiones, y no pocas, no eres capaz de discernir cómo de afilado está el cuchillo. Hacer política exterior es tomar decisiones. Casi continuamente. La mayoría son reactivas, respuesta a hechos, actos o decisiones de otros actores. Otras activas, para hacer avanzar nuestras posiciones. De la calidad y oportunidad de las decisiones depende la excelencia de la política, o lo contrario.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, en su discurso sobre el estado de la Unión, reintrodujo un debate que lleva años sobre la mesa: pasar, en política exterior, de la toma de decisiones por unanimidad a la mayoría cualificada. Aunque casi desde los inicios de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) se ha planteado esta posibilidad, el debate ha ido ganando fuerza a medida que la PESC se convertía en excepción. En efecto, otras políticas, algunas muy relevantes y, en principio, ligadas al núcleo duro de la soberanía como el antiguo pilar de justicia e interior, han adoptado la mayoría cualificada como norma. La pregunta es muy sencilla: si lo que hace la Guardia Civil puede someterse a una votación en la que España quede en minoría, ¿por qué no la acción exterior?

Me temo que es la pregunta equivocada. Los que apuestan por la mayoría cualificada creen que los problemas de la acción exterior de la UE tienen mucho que ver con la forma en que se toman las decisiones. No es así. La cuestión es otra, y de mucho más calado. Es demasiado enrevesada para ventilarla en 1.300 palabras. Pero voy a intentar al menos plantearla en términos debatibles. Para ello, dos cuestiones previas:

1/ La política exterior de la Unión no es la de un Estado al uso. Es diferente, hasta el punto de poder ser calificada como sui generis –en el sentido original, escolástico del término: un género o especie muy singular y excepcional–.

2/ Olvidémonos del europeísmo acrítico, casi infantil, que nos ha caracterizado durante lustros y planteemos la cuestión en términos de eficacia, utilidad e interés, nacional y europeo.

Sobre la primera cuestión, veamos si lo que hace a la política exterior de la Unión tan especial se modifica, se ve afectado o moderado por la mayoría cualificada. Al menos cuatro factores, de naturaleza diversa, hacen esta política “singular y excepcional”.

En primer lugar, la UE y sus Estados miembros coexisten como actores –se yuxtaponen, sería una descripción más precisa– y actúan en el mismo medio: la comunidad internacional. Es imposible que una convivencia de este tipo se desarrolle sin que la Unión, representada por sus instituciones, sea percibida como el “Estado número 29”, lo que resta coherencia y fuerza representativa.

En segundo lugar, la UE está formada por Estados muy diferentes en historia, tamaño, capacidad, percepción de riesgos e intereses; en definitiva, en la forma de entender la política exterior. Alguna potencia nuclear de 65 millones de habitantes y con una identidad exterior tan antigua como la propia comunidad internacional, convive con Estados que han alcanzado su independencia en las últimas décadas, y alguno más pequeño que el término municipal de Tarifa, provincia de Cádiz. Decir que semejante diversidad afecta a las percepciones es quedarse muy corto. Y estas son la base de la política.

En tercer lugar, hacer política exterior no es solo promover valores y defender intereses. Es también proyectar identidades. No hay una identidad europea definida, no hay un demos europeo.

Y en cuarto lugar, la UE tiene un sistema institucional extremadamente complejo, fruto de una mezcla única de lógicas intergubernamentales y supranacionales. En este sistema, el proceso que conduce a una decisión está lleno de obstáculos y trampas institucionales. En una síntesis muy europea, la política exterior es sui generis como consecuencia de la complejidad institucional, y no puede ser de otra manera precisamente porque refleja lo que la Unión es.

Tomar decisiones por mayoría cualificada afectaría al segundo y al tercer factor. Sería un elemento corrector de la diversidad, y atemperaría, sin duda, la proyección de identidades. Es más, resaltaría el comportamiento de los que ya solo parecen tener identidad y carecen de cualquier otro proyecto político común o de futuro, y que se han convertido en un auténtico cáncer para la pretensión de hablar con una voz única.

Pero ni el factor de yuxtaponerse en la comunidad internacional, ni la complejidad institucional de la UE se verán afectados, y ambos constituyen elementos de peso en la dificultad de definir una política exterior ambiciosa. En otras palabras, la mayoría cualificada puede elevar la eficacia algunos grados. ¿Merece la pena el esfuerzo? Creo que sí, el objetivo es deseable. Pero el problema de fondo es otro, y mucho más profundo.

Es interesante fijarse en el principal argumento que utilizan los que están incondicionalmente a favor, sin matices, de la mayoría cualificada. Fijándose en experiencias anteriores, política comercial, justica e interior, concluyen que cuando los Estados miembros quieren elevar el nivel de ambición en una política determinada, pronto llegan a la conclusión de que la unanimidad ralentiza el avance, e incluso impide poder adaptarse a circunstancias cambiantes. Para la Comisión, esa es la disyuntiva en la que estaríamos ahora en política exterior.

Me temo que no estamos ahí. Y, lo que es peor, que nunca hemos estado más lejos. Tomar decisiones por unanimidad se suele asimilar a consenso. En algunos casos, y es la situación ahora de la Unión, está asimilación es engañosa. La unanimidad es una técnica de toma de decisiones, aconsejable cuando se quiere la máxima inclusividad aún a riesgo de sacrificar ambición. El consenso no es una técnica, es mucho más que eso. Como nos ha recordado el 40 aniversario de nuestra Constitución, es un Estado social que se traduce, políticamente, en reglas.

En la política exterior de la Unión, el consenso ha funcionado como inspirador del método de toma de decisiones por unanimidad cuando los Estados miembros tenían un objetivo común, una visión compartida de adónde se dirigían colectivamente. Se puede tener –se tienen– diferentes ideas, diferentes intereses, pero todos están convencidos de que la mejor forma de servirlos es que la empresa común progrese. Pero el consenso no existe, es una falsa hipótesis de trabajo, y por tanto la unanimidad se convierte en barrera insalvable, cuando los participantes tienen visiones y objetivos divergentes, y la empresa común es solo un instrumento para lograr el interés particular. Utilizan entonces la unanimidad, no ya para evitar legítimamente lo que no quieren, sino para impedir que la empresa común avance. Aquí la quiebra es muy seria. Es probablemente esta percepción, cada día más aguda, la que ha hecho pensar en la mayoría cualificada como panacea para resolver el dilema, para superar el gigantesco obstáculo que confrontamos. La percepción es correcta pero el diagnóstico no lo es ni tampoco, por tanto, la prescripción.

La gran ampliación cambió la esencia de la Unión. La idea era que los recién ingresados participarían pronto del proyecto común –la aceptación del acervo era probablemente lo único innegociable y por una razón de peso–. Pero la gran recesión les ha cambiado a ellos y a nosotros. Tenemos que repensar los fundamentos, no tratar de solucionar problemas que ni siquiera concebíamos con recetas antiguas. Dicho esto; sí, apoyemos la propuesta de pasar a la mayoría cualificada, aunque solo sea porque si renunciamos a la táctica nos quedaremos sin estrategia.

21.12.2018. Siete Días en Política Exterior

A world without NATO?

Michael Rühle heads the Energy Security Section of NATO’s Emerging Security Challenges Division. Previously, he served as a speechwriter for six NATO Secretaries General. The views expressed are his own.

What is published in NATO Review does not necessarily represent the official position or policy of member governments, or of NATO.

Fifteen years ago, when the Iraq war divided the NATO Allies and some even talked of the end of the Atlantic Alliance, veteran journalist Jim Hoagland remained calm. Predictions about the imminent demise of NATO had been around for ages, he said during a brainstorm with NATO ambassadors. And, with a wink, he even put some of the blame on fellow journalists: “Whenever we at the Washington Post have a slow news day, we publish a ‘Whither NATO?’ piece.”

Hoagland’s serenity proved justified: the transatlantic relationship quickly recovered.

But times change. Today, the European Union struggles with numerous crises, from “Brexit” to burgeoning nationalism. Formats like the G-7 no longer seem to generate the common leadership on global issues that Western nations have sought to exert for so long. The narrative about the “demise of the West” appears to be gaining more and more traction. And the notion that even the venerable NATO may well be dispensable is no longer confined to the “usual suspects” from the academic ivory tower or the wilder shores of isolationism.

What would a world without NATO look like?

It is a useful question to ask, because such a counterfactual experiment helps to sharpen the focus on what would be at stake. After all, the end of NATO would mean much more than just the disappearance of a bureaucracy in Brussels. It would mean nothing less than the end of an institutionalised political and military link between Europe and North America.

The political and military consequences of such a development would be manifold – and dangerous.

The end of collective defence

The dissolution of the Atlantic Alliance would mean the end of transatlantic collective defence. Europe would have to provide for its security without the United States. For some Euro-enthusiasts, who have long sought Europe’s “emancipation” from the United States, such a prospect might seem like a dream come true. For those, by contrast, who still view the transatlantic community as a unique and indispensable achievement, it would look like a nightmare.

Building a purely European defence would overwhelm the Europeans politically, financially and militarily. Attempting to compensate even partially for the departure of the United States would mean dramatic increases in defence spending and a radical overhaul of European arms development and procurement procedures. Even more, it would ultimately require a genuine European security policy, including a consensus on a European nuclear deterrent, which is nowhere in sight.

In other words, the disappearance of NATO would call for a further deepening of European integration in the very field where integration is most difficult. And all this would come at a time when many nation states want less Europe, not more.

An increase in Russia’s power in Europe

By contrast, the end of NATO would dramatically increase Russia’s position in European security. With the United States effectively ceding its status as a “European power”, the temptation and the opportunities for Russia to divide or intimidate its European neighbours would grow.

It has been said that NATO’s continued existence creates a problem for Russia. That may well be true, but the disappearance of the Alliance would create a problem for Europe: without the NATO protective umbrella, Europe would lack the self-confidence required for a coherent and constructive engagement with the Eurasian power. Some European countries would seek their own deals with Moscow.

Moreover, for many countries in the post-Soviet space, which want to demonstrate their independence from Russia through their relations with NATO, the end of an American security role in Europe would be a strategic disaster. The new “post-American” power balance in Eurasia would condemn them to remain permanently in Russia’s sphere of influence.

Diminishing military interoperability

And there is more. The end of NATO would also deprive Europeans and North Americans of an important framework of legitimacy for the use of military power.

Without the broader NATO framework, the political and military stamina required for dangerous and long-term stabilisation missions, such as Afghanistan, could not be generated. Ad hoc military operations among the United States, Canada and European countries would still be possible – but the disappearance of NATO’s common defence planning and exercise practice would result in ever-diminishing military interoperability among them. Without the United States as the military centre of gravity, European military standards would most likely regress towards the lowest common denominator.

Sooner rather than later, the United States and most of its former allies would lose their ability to cooperate militarily. Without the tried and tested NATO procedures and standards, even the United States’ role as a military enabler (“leading from behind”) would become far more difficult.

The regionalisation of security

If NATO ceased to exist, it would inevitably encourage the regionalisation of security. Without the Alliance as a strategic bracket for bridging different regional security interests, southern European countries would tend to focus on the Maghreb and the Middle East, while eastern European countries would focus more on Russia. However, without the United States as their security backbone, none of these groupings would have enough political cohesion and military strength to exert a lasting influence on their respective regions of interest. The result would be a further weakening of Europe as a strategic actor.

NATO’s unique network of partnerships with dozens of countries from all over the globe would disappear as well, forcing Europe and North America to fall back on a host of complicated bilateral relationships.

Wider implications for Allies and partners

The end of the Alliance would also be an enormous challenge for Allies such as Canada or Turkey, as they do not have the opportunity to organise their ties to Europe through membership of the European Union.

It would even pose a major dilemma for non-NATO countries such as Finland and Sweden. Since their pragmatic policy of military non-alignment is made feasible by a continuing American role in European security, an end of this unique role would significantly change these countries’ strategic environment and could reduce their latitude as engines of regional cooperation.

Finally, without the prospect of NATO accession, the West would also lose much of its influence on the reform processes in the candidate countries from southeast Europe to the Caucasus.

A bad deal

And what about transatlantic burden-sharing? Would the end of NATO not at least ensure that the United States were finally relieved of an “unfair” financial and military burden?

Hardly. The United States defence budget reflects the military expenditures of a global power. It therefore goes well beyond NATO, which at the highest estimate represents no more than 15 per cent of total United States defence spending. Consequently, the dissolution of NATO would translate into relatively small savings for the United States, yet Washington would lose allies, military bases and the political predictability established through daily multilateral consultations in the Alliance framework.

The geopolitical winners would be China, Russia and all those who, by using the clarion call of the need to build a “multipolar world”, seek to weaken the United States’ role in upholding international order.

In sum, for all these reasons, a world without NATO would be a bad deal for the United States, for its Allies, and for partners in Europe and beyond.

NATO Review. 29.08.2018

YouTube. Michael Rühle comments on the role of NATO and energy security