La gestión de las incertidumbres

Por Francisco J. Carrillo, exembajador de la UNESCO, vicepresidente de la Academia Europea y miembro colaborador del Foro para la Paz en el Mediterráneo.

El contexto es de nueva Guerra Fría entre las tres grandes superpotencias del mundo. En esas coordenadas juegan un papel fundamental la demografía y su reparto regional

Nuevo hecho sorprendente: el presidente Trump ha manifestado estar dispuesto a encontrar a los dirigentes de Irán «sin condiciones previas». Misma metodología que la seguida con Corea del Norte, sin por ello bajar el nivel de las sanciones sino todo lo contrario, con la oposición de la Unión Europea. Más sorprendente aún tras haber denunciado el «Acuerdo nuclear» liderado por la UE y haber reiterado sus acusaciones a Irán como «Estado terrorista». Cabe deducir que la mano de Rusia está moviendo muchos hilos desde su nuevo papel de actor con el que hay que contar en el Próximo y Medio Oriente, añadido a ello el mercado mundial de hidrocarburos y sus derivados económicos y comerciales.

El conocimiento de los pueblos y naciones que habitan el planeta Tierra parece seguir siendo asignatura pendiente que se intenta paliar con el efímero turismo cultural. En clave interna, la evolución de los pobladores prenacionales que han ido configurando a España, muy condicionada por poderes reales y fácticos allende nuestras fronteras, forma parte de esa desinformación o deseducación ciudadana, lo que da paso a las mas fantasiosas interpretaciones de nuestra propia historia compartida como un puzzle cambiante.

De enemigos a punto de una guerra total, Trump y Kim Jong-un pasan una luna de miel en la isla de Sentosa (Singapur) y todo queda resuelto con un acuerdo verbal de desnuclearización de Corea del Norte. Hipótesis: China se impuso en su área de influencia con la inquietud de Japón. La gestión de las incertidumbres, hoy, es resultado del nuevo reparto de poder a nivel mundial. Se gestionan y se crean nuevas incertidumbres propias de la relación de fuerzas a nivel internacional. Se evita el conflicto pero no se sientan bases multilaterales para la paz. En Asia (y en África también) se juega el futuro incierto del planeta con una lucha sin cuartel en la esfera de los intercambios comerciales y de las grandes inversiones económicas.

El contexto es de nueva Guerra Fría entre las tres grandes superpotencias del mundo (EE UU, China y Rusia). En esas coordenadas juegan un papel fundamental la demografía y su reparto regional. África, en pocas décadas, abrigará casi la mitad de la población mundial; China e India serán habitadas por un tercio. Y Europa, con estagnación demográfica… ¿Cómo gestionar las incertidumbres demográficas y el peso del desempleo y de la pobreza en los países pobres, sobre todo africanos? La acogida de inmigrantes, hoy, en países europeos es una solución estrictamente humanitaria de corto plazo. El problema de las migraciones será de tal intensidad a medio y largo plazo que urge una solución desde ahora. Es la única alternativa. Es preciso elaborar un renovado ‘Plan África’ con incentivos públicos (Keynes dixit) que interese a las grandes inversiones privadas. Una regla fundamental será la de la lucha contra la corrupción y la condena penal de las comisiones ocultas. Esta acción internacional se vería diezmada si no se acompaña de una considerable mejora de los estándares de rigurosa gobernanza y del respeto a la riqueza plural de las culturas africanas. Los modelos constitucionales y políticos serán los que surjan de las tradiciones culturales africanas en conformidad con los derechos humanos universales. La gestión de las incertidumbres de las migraciones o se basa en un plan intensivo de desarrollo humano, con la generalización de la educación como ariete, o cualquier paliativo como solución llevará a un fracaso irremediable. Toda tentación de retornar a viejas fórmulas de ‘protectorado’ es inviable en nuestra época cambiante. La presencia de China en África (y no sólo en este continente) es un importante elemento a tener en cuenta.

¿Cómo gestionar las incertidumbres en el Medio y Próximo Oriente que es Mediterráneo? Desde la muerte de los dictadores laicos Sadam Hussein y Gadafi, la región árabe incitó a actores regionales e internacionales de diverso orden en esta zona cultural, política y de guerra intrarreligiosa, con el ingrediente de un terrorismo con vocación mundial que evoluciona con renovadas modalidades operativas de muerte y destrucción. Las soluciones son muy complejas. Se tiene la impresión que el presidente Trump está sosteniendo un frágil equilibro apoyado en socios como Israel, Arabia Saudita, Egipto, incluso Turquía hasta ahora miembro de la OTAN, por una parte y, por otra, en Rusia con sus aliados chiítas de Siria, Irán, Irak y el hizbolá libanés. Trump necesita volver a este escenario, ya que la presencia en Irak le es poco rentable y desea retirar tropas. Un acuerdo ‘bilateral’ con Irán (‘bilateral’ lo fue con Corea del Norte), puede que responda a uno de los acuerdos secretos del encuentro con Putin en Helsinki. Este frágil equilibrio garantiza superpoder así como un importante mercado, incluido el negro y blanco, de armamento. En este marco de la actual gestión de las incertidumbres, los grandes perdedores mediorientales siguen siendo los palestinos.

¿Qué puede hacer la Unión Europea desunida para encontrar salidas a estas y otras incertidumbres de la nueva Guerra Fría? Podría hacer mucho como es el caso en Seguridad y Defensa.

16.09.2018. Diario Sur. Tribuna

En la UE, recuperar la convergencia

Por ANDRÉS ORTEGA Y FEDERICO STEINBERG, investigadores del Real Instituto Elcano, para Estudios de Política Exterior. 13.09.2018.

La desigualdad aqueja a la UE. Urge promover una verdadera convergencia económica, social y tecnológica, relegada en los últimos años en aras de la estabilidad macroeconómica.

En la Unión Europea España tiene la obligación y la oportunidad de recuperar dos discursos (y políticas) que han quedado en segundo plano desde que comenzó la crisis hace ya una década, pero que resultan esenciales en estos tiempos: la lucha contra la desigualdad y la recuperación de la idea de convergencia económica y social, a la que hay que sumar otra esencial, la tecnológica. La oportunidad viene de que tanto Angela Merkel como, sobre todo, Emmanuel Macron, están hablando en estos términos. En su encuentro del 19 de junio, del que salió la declaración de Meseberg se habla explícitamente de “reforzar la convergencia económica, social y fiscal” a través del vínculo entre los fondos estructurales y la coordinación en política económica.

Se trata de convergencia, pero no solo macroeconómica, también social, y las propuestas presupuestarias de la Comisión Europea para el periodo 2021-27 van en esa dirección. Aunque en el Consejo Europeo de finales de junio de 2018, en el que se estrenó Pedro Sánchez como presidente del gobierno español, la inmigración acaparó el debate, quedó también claro que el asunto de la convergencia en la UE volverá a estar en el centro de la agenda.

Los problemas de creciente desigualdad entre ciudadanos, bajo crecimiento y divergencia entre países y regiones de la UE vienen de lejos, pero se han acentuado en los últimos años, a pesar de la recuperación económica general. Los rápidos y profundos cambios tecnológicos, la globalización, la gran recesión y las políticas económicas aplicadas por la mayoría de los países de la UE (sobre todo, por los miembros de la unión monetaria) a partir de 2010, han llevado al estancamiento de los salarios, a la concentración del ingreso entre los más ricos, a un aumento del desempleo juvenil y de larga duración, a un creciente empobrecimiento de las clases medias tradicionales y a nuevas formas de pobreza y exclusión social en toda la Unión, particularmente en los países mediterráneos. Una vez superado lo peor de la crisis financiera, está siendo difícil poner en marcha un proceso de convergencia real entre las distintas economías como el que se dio en otros momentos de la integración, y que tanto contribuyó a legitimar la UE ante los ciudadanos.

El crecimiento ha vuelto, pero es menos inclusivo y está dejando cada vez a más europeos (tanto del norte como del sur) en la cuneta. La calidad de los empleos disponibles ha disminuido, incluso en los países con mercados laborales eficientes y bajo nivel de desocupación, y los “trabajadores pobres” han aparecido como una categoría social nueva en la Europa poscrisis. Como consecuencia, aunque existen diferencias entre países, cada vez más europeos sienten que sus hijos vivirán peor que ellos, que tendrán menos oportunidades y que contarán con menores niveles de protección social.

En este contexto, muchos europeos consideran que la UE, lejos de protegerlos contra estas tendencias globales, contribuye a exacerbarlas, amplificando sus efectos adversos en vez de atenuarlos. La Unión, señala la propia Comisión Europea en su documento de reflexión sobre la globalización, es percibida como parte del problema y no de la solución. La movilidad social se ha reducido y amplios sectores de la población ven la movilidad geográfica dentro de la UE como una amenaza y no como una oportunidad.

En suma, existe una creciente sensación de que ni la Unión ni sus Estados miembros están haciendo lo suficiente para proteger y compensar a los perdedores de la globalización y la digitalización, por lo que cada vez más ciudadanos se sienten incapaces de hacer frente a los retos del siglo XXI. Esto lo ha reconocido Macron al hablar de la necesidad de una “Europa que proteja”.

Es necesario un “reacoplamiento” dentro de las sociedades y entre sociedades en Europa. Si no se toman medidas urgentes para proteger a las clases medias y bajas de las sociedades europeas, recuperar la convergencia económica (y aumentar la tecnológica) así como reconducir el relato sobre el devastador impacto de la globalización y la tecnología en los ciudadanos, el aumento de los movimientos antisistema, antieuropeos y antidemocráticos seguirá creciendo…

13.09.2018. Estudios de Política Exterior

España-Portugal, ¿’eje ibérico’ en Europa?

“Agenda de Política Exterior”, iniciativa conjunta de Política Exterior y Agenda Pública, analiza cada semana asuntos internacionales clave. Nuestro objetivo es fomentar el debate público y una mirada informada hacia el mundo.

Pregunta-respuesta: ¿Sobre qué temas podría estructurarse un ‘eje ibérico’ en la UE? ¿Qué pueden aprender la socialdemocracia española y europea de de la actual coalición de izquierdas lusa?

España y Portugal vuelven a mirarse a la cara, gracias a la afinidad de dos ejecutivos socialistas en el poder, en un Europa escorada, por lo general, hacia la derecha. Preguntamos a cuatro expertos sobre si esta nueva sintonía hispano-lusa se traducirá en un “eje ibérico” en la Unión Europea, y sobre lo que puede aprender España de la experiencia portuguesa. Leer más

Aprender de Portugal para transformar Europa

Jorge Tamames

Eterno vecino discreto, Portugal es un socio clave para España, al que infelizmente prestamos poca atención. Desde finales de 2015, los logros del ejecutivo portugués muestran la necesidad de abandonar este desconocimiento secular. El nuevo gobierno español haría bien atendiendo a su vecino ibérico para aprender de su agenda doméstica y coordinar posiciones en la Unión Europea. Leer más

“Europa está bloqueada por el consenso entre centro-izquierda y centro-derecha”

Entrevista con Pedro Nuno, secretario de Asuntos Parlamentarios del gobierno portugués

En esta entrevista, Nuno reflexiona sobre el contexto político que hizo posible, por primera vez, un acuerdo entre los partidos de la izquierda portuguesa para gobernar, al tiempo que aborda la situación de la socialdemocracia en el contexto europeo, donde apuesta por recuperar el antagonismo ideológico y político frente al centro-derecha. Leer más

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